"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

martes, 31 de enero de 2017

Desde las alturas



Desde las alturas, las cosas se ven y perciben distintas; la perspectiva todo lo da y la apertura del campo de visión, magnifica lo que antes era un espacio reducido.

Pero más allá de lo que uno ve, también está lo que uno siente o deja sentir.

Aclarar gargantas, estirar músculos, afinar voces en un ambiente distendido, ya es un logro para una persona como yo que un día fui tentado a cantar en un pequeño coro entre caras conocidas de un entorno parroquial al que me une amistad, creencia y oración.

Acompañar a viva voz lo que antes se interiorizaba quizás por miedo, quizás vergüenza o simplemente falta de costumbre, que no interés, es una experiencia realmente plena en sensaciones.

El pasado sábado, resultó ser un día repleto de buenas vibraciones.

Mentiría si digo que esperaba que así lo fuera en lo que a corcheas, tonos o semitonos mi vista y voz deberían seguir para el bien común y particular de la empresa a realizar.

Andaba mi mente taciturna, mi ánimo musical desgastado y la ilusión habitual por hacer al menos el intento de cantar con cierto acierto, ciertamente desacertado. Y permitidme que valgan todas las redundantes redundancias.

Mismo lugar, mismas personas, mismas letras y notas a ensayar, me llegaron a hacer sentir como a esa marmota que tiene su día señalado en el calendario y que no espera nada nuevo al salir al mundo.

Sin embargo, el evento era y se convirtió en especial. No todos los días sesenta y tres jóvenes se confirman como amigos del Amigo.

Familias, colegas, vecinos, todos de tiros largos dirigidos y ayudados por esos otros amigos de largas vestimentas con olor a incienso.

El marco, ideal; el aforo, lleno a rebosar.

Así nos dirigimos carpeta en mano y elevándonos hasta el segundo piso sin ascensor, al emplazamiento inhabitual para nosotros del coro principal de nuestra querida Catedral.

Pocas notas me bastaron, pocos acordes se acompasaron para saber, percibir y sentir que allí nada era igual a lo que unos minutos antes y dos pisos más abajo podía pensar.

El pesimismo dio paso a la esperanza; el orgullo se vistió de humildad y las personas dejaron de ser caras con nombres para ser voces amigas.

Me vi envuelto en sones con sabor a gloria; de palabras con profundo sentido y de hermanos compañeros de pentagramas, abrazos y cariños.

Fue una inyección de moral; una ventana abierta que ventiló aires viciados; un cierto éxtasis en gotas de perfume músico-espiritual.

Sentirse uno a la vez nada y todo; vivir con intensidad un momento de fuera adentro y de dentro afuera.

Sentir que un compás habla, te habla y le hablas. Y que siendo veinte somos uno cantando a Otro.

Que dos horas parezcan minutos y que importe poco si se cantó mejor o peor cuando la unión y la fe hicieron música.

Dibujar sonrisas, degustar cervezas, familia, abrazos y algún beso inesperado, fue la guinda a una jornada que comenzando en bajas tierras y sentimientos, alcanzó la gloria en las alturas.



P.D. Dedicado a mis compañer@s y sin embargo amig@s de la Capilla Musical de la Catedral de Getafe; desde su Director a cualquiera de las buenas voces y personas que se sumaron al evento.  

A los sesenta y tres confirmados (especialmente a Iván por querer que subiera y bajara dos pisos para poner mi mano en su hombro).

A los sacerdotes, catequistas, padres y padrinos.

A los míos (los que son de sangre y los que no).


Y cómo no, a Aquel sin cuya presencia, nada de esto hubiera sido.


jueves, 26 de enero de 2017

Héroes y villanos



Cinco minutos, segundo más segundo menos, es lo que separó el reloj de mi vida de poder asistir, contemplar, padecer o intervenir en un hecho dramático que no infrecuente.

Cinco minutos después de sobrepasar las puertas de entrada del Metro de mi barrio, en la superficie, se estaba construyendo a golpe de puño, insulto y desvergüenza una tragedia más que será olvidada como tantas y tantas otras que se perdieron en la cotidianidad de una sociedad dormida.

Un hombre mayor, estaba siendo robado, vilipendiado, vejado, insultado y menospreciado por un grupo de “valientes” en manada; porque hablando claro, estos miserables (chicos y chicas, hombres y mujeres) que pueblan nuestras calles, sólo se sienten importantes cuando son más de dos ya que individualmente, no son capaces de mirar a nadie por encima del codo que no del hombro.

Todos sabemos quiénes son; conocemos sus caras, sus lugares frecuentes; sus compañías habituales y su total falta de educación, madurez, o civismo con calles, plazas, o personas.

Tipos y tipas que escudados en esa falta de mayoría de edad y consentidos por unas leyes, unos jueces y unos gobernantes que en este cada vez más irreconocible país, son protegidos en mayor y mejor medida que las personas que intentamos ser honrados y buenos ciudadanos, campan a sus anchas arrasando con todo aquello que huela a convivencia pacífica.

Me da lo mismo su color, origen, situación o lengua; simplemente, son hijos e hijas de la maldad por no utilizar el común adjetivo en estos casos.

A lo que iba; a esa misma hora y paseando con su mujer, un señor de 69 años contemplando esa escena, tuvo la “osadía”, valentía y bondad de intentar ayudar a ese pobre hombre que cometió el pecado de coincidir con hienas de dos patas, recriminándoles su actitud e invitándoles a dejarlo en paz.

Un hombre de 69 años al parecer, delicado del corazón, pero sólo físicamente, porque con su acto de ayuda al prójimo demostró su grandeza más y mejor que muchos incluyéndome yo.

Un hombre que con su intervención pasó a ser el punto de mira sobre el que esos malnacidos menores de edad dispararon sus palabras y manos abiertas.

Recibió golpes e insultos que acabaron con su cuerpo en el suelo y un corazón roto que dejó de latir.

Vanos fueron los esfuerzos por recuperarlo mientras los “valientes” huyeron de la escena como diablos sin alma que llevarse a la espalda.

Quedó en el suelo un hombre; a su lado, una viuda y en mí al enterarme de este hecho, quedaron muchas dudas:

¿Cuál hubiera sido mi reacción si ese hombre fuera yo?

¿Actuaría de igual modo?

¿Me lavaría las manos, miraría a otro lado y si te he visto no me acuerdo para no meterme en líos?

¿Avisaría a la policía sin intervenir dejándolo a expensas de lo que tardaran en llegar?

Para mí ese es un verdadero héroe sin capa, disfraz ni poderes extraordinarios.

Uno de esos hombres que arriesgó y perdió su vida por defender lo justamente defendible.

Un héroe que por desgracia no ha merecido un reconocimiento público por su acto de generosidad y del que además diré que trabajaba como voluntario en Banco de Alimentos y Mensajeros de la Paz (ironías de la vida y de la muerte).

Desde aquí mi pequeño homenaje y mis oraciones para que ese hombre de nombre Mariano y apellidos “Buena Persona”, reciba el verdadero reconocimiento en un lugar llamado Cielo. 


miércoles, 18 de enero de 2017

Fríos a mí



Ola de frío, alerta en tropecientas comunidades autónomas, media hora de explicaciones meteorológicas en tv con idas y venidas constantes de un lado a otro de la pantalla de un tipo que paradójicamente se apellida “Brasero”, para encontrarte con alguien e intercambiar el típico saludo español de “¿hace rasca eh?”.

Yo no sé si esto es un mal endémico, los tiempos cambian o sencillamente es que nos hemos vuelto giliatontaos.

El caso es que entre ciclogénesis explosivas, fríos siberianos (pero de la parte norte de Siberia) y calores insufribles “extrañamente” cuando llega el verano, uno ya sale con miedo a la calle.

Basta una alerta por Comunidades de fríos polares y las cebollas se ríen de nosotros por las capas que nos echamos encima protegiéndonos de rigores imposibles de soportar.

Porque una cosa es salir como legionario sin cabra y a pecho descubierto y otra muy distinta, hacerlo como si fuéramos desactivadores de explosivos o astronautas de paseos lunares sin Houston ni problemas que informar.

¡Que todos hemos tenido unos padres, unos abuelos o unos vecinos que nos han hablado de metros de nieve, de pueblos incomunicados, de torrentes de aguas o de gaznates resecos! Y en esos tiempos, como mucho, un tipo bajito, de gafas, rechonchete y de nombre tan complejo como Mariano (no confundir), sólo con un mapa acartonao, nos decía lo mismo que ahora, pero sin acojonar al personal.

¿Qué hace frío? Pues sí; pero yo sigo sin ver mamuts por la calle por mucho que algunas personas se les asemejen por su apariencia y actos.

Quizás una buena bufanda, unos guantes, un abrigo y unas castañas pilongas de a docena por un euro y que vengan fríos.

O eso, o que alguien cierre la puerta de los pueblos y ciudades que hay corriente.


jueves, 12 de enero de 2017

Monigotes

Me cuenta el primo del vecino del hermano del quinto, que hace unos días un amigo suyo tuvo la oportunidad de charlar durante unos minutos con el mismísimo Rey Gaspar de Oriente que visitó su ciudad para encontrarse con todos los niños y no tan niños en las festividades que hace un suspiro hemos dado por finiquitadas.

Le habló de sonrisas, de caras felices, de asombros en rostros, de ilusión, de promesas; en definitiva, le habló de niñez.
Le habló de futuros que no alcanzaban en su mayoría un metro en palmos.
Me cuenta que ese Rey Mago, se sintió feliz. Feliz de recibir un regalo que supera con creces todos aquellos que él mismo repartiría horas más tarde.

El regalo de la inocencia, de la naturalidad, de la rabiosa dulzura, picardía, vergüenza e incluso miedos que cualquier niño es capaz de transmitir.

El regalo de niños que dedican una parte importante de su tiempo a escribir, pintar, garabatear o colorear sueños.
Niños que piden un mundo en un trozo de papel. Un mundo de juegos, de sonrisas, de entretenimiento, de salud para todos, de unión en desuniones, de palabras en silencios y de abrazos sinceros entre iguales que no se conocen.
No existe dinero ni poder en el mundo que abarque la gran sonrisa de una minusválida psíquica cuando un Rey de barba cana, turbante y traje pomposo se acercó para abrazarla y besarla.
No existe dinero ni poder en el mundo que supere el esfuerzo de una niña por vencer sus miedos a dormir sola porque ese mismo Rey le animara a hacerlo, o esa otra que ahora ya no regatea tanto los besos de quien busca su cariño.
No es posible superar las pupilas asombradas de una mujer que se atrevió a pedirle un pequeño regalo retrasado en años de pentagrama inacabado y que ya puede hacer sonar allá donde quiera repartir sus notas musicales.
No hay político, ni leyes, ni normas que cumplan y sepan cumplir las promesas como lo hace un niño. Porque la palabra de un niño, es y suena a verdad aunque esconda alguna mentirijilla.
Y es preferible siempre el garabato, las frases incomprensibles, los dibujos imposibles y los monigotes de un niño, a ser un monigote de adulto que por años cumplidos o por vergüenza, renuncie a volver a vivir la ilusión de ser niño al menos por un día.










miércoles, 11 de enero de 2017

Siete




Son siete los años que hoy se cumplen desde que parí este blog un once de enero de dos mil diez y hoy podría teclear las mismas letras de siempre, agradeciendo a unos sus visitas, a otros su compañía continua e incluso a algunos que desaparecieron por el camino; pero no, hoy, no lo haré.

Por el contrario, me voy a dirigir a ti querido blog; porque durante estos años, hablé de personas, animales y cosas pero realmente, nunca me dirigí a ti como tal que al fin y al cabo eres el principal protagonista en todo este tiempo.

Agradezco siempre tu fiel compañía; tu refugio en las tempestades; tus brindis siempre dispuestos; tus risas y también tus lágrimas sinceras.

En definitiva, tu amistad.

Ya sé que es fácil congeniar con un espejo; pero no siempre ese espejo llega a mostrar la verdadera realidad de quien se mira en él. Pude mirarme en ti y escribir algo que no era, sentía o sufría; pero en la mayor parte de las ocasiones, has sido un calco exacto de lo que una mente y su vecino del piso de abajo que afortunadamente no cesa de latir, deseaban guardar en la memoria llena de ceros y unos que conforman este inmenso mundo de las tecnologías sociales.

Así que hoy, querido amigo, brindo por ti; por las letras que compartimos y por las venideras que espero sigan fieles a sus citas.

Con todo mi afecto, querido blog,


¡¡¡Muchas felicidades!!!