"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

viernes, 19 de mayo de 2017

Oda

Diría que siempre te conocí; desde que mi memoria dejó de serlo, creo que te amé.

Al principio, mi recato fue mayor que tus insinuaciones; pero tuve que claudicar y caer rendido a tus pies.

Lo confieso; soy hombre fácil. Me pierde un buen cuerpo y en ti siempre lo veo.
Dibujo en mi mente lo que esconden tus entrañas.

Tu cuello, la redondez de tus caderas y lo esbelto de tu talle, no cejan en su empeño de hacer de mí un juguete en tus brazos.
Acercar tu boca a la mía, es un instante detenido en el tiempo.

Esas gotas cual rocío que cubren tu piel apartándose al roce de mis dedos, es un éxtasis de sensual locura.
Quisiera morderte, más no puedo; quisiera adorarte, más es pecado; quisiera sentirte, más bien te siento.

Desnudar tu blanco manto y llegar al sumun del placer escondido en tus adentros.
Y poseerte, y dejarme poseer.

¡Que nos miren si quieren! ¡Que la gente nos critique! ¡Que corran ríos de envidia!
Yo contigo y tú en mí.

No me dejes nunca; no me dejes de querer;
Sé mi amiga, mi amante, mi sueño cumplido.

Porque prefiero el pecado de tenerte a un cielo por perderte.

Y si el destino quiere teñir tu pelo de rubio, castaño o negro, que mi mano no te aparte, que mi boca no te cierre y mis sentidos no se duerman.
Porque allá donde me encuentres, sabré amarte.









P.D. ¿Y qué le voy a hacer si yo… nací para beber y amar la cerveza?

martes, 9 de mayo de 2017

Castillo de naipes



Desde pequeñito me atraían las construcciones aunque los años sólo me sirvieran para añorar un Exin Castillos que nunca llegó.

Ninguna inquietud profesional o afición me ha llevado jamás a pretender entender cómo o cuándo se construyó un edificio.

Pero sí que he intentado con el paso de los años cimentar o al menos intentar construir a mi alrededor una fortaleza o castillo entre los míos, que sirviera como resguardo físico, moral, o cultural en el que cobijarse ante un mundo y una sociedad tan escasos en valores, inquietudes, o sanas costumbres.

Ni lo he sido, ni pretendo ser el mejor arquitecto de ese entorno, como tampoco sé si con los medios de que dispongo se podría hacer algo más o al menos, mejor.

Respondiéndome a mí mismo, estoy seguro de que sí; pero como todo humano, yo también lo soy. Y como tal, un ser totalmente imperfecto con sus imperfecciones.

He intentado e intento ser el mejor esposo, padre y amigo y moriría en el intento.

No tengo otra razón mejor para ser o para estar aunque lo olvide más a menudo de lo que yo quisiera.

Como mejor arma para reforzar todo eso, creo que no existe otra que la del diálogo con muchos cargadores de paciencia y comprensión.

Si esa arma falta o está en mal estado de revista, no hay defensa posible de la fortaleza que intentemos construir ante los continuos enemigos que la pudieran derribar.

Y cuando hablo de diálogo, hablo de ese de toda la vida; del diálogo o puesta en común entre dos o más personas que partiendo de una idea de bien para todos, siempre encuentran momento y lugar para hacerlo.

No hay mejor red social que la que unos seres humanos crean alrededor de una mesa tomando un buen café.

Malo será el día en el que sin diálogo previo, salten chispas y personas desbocadas, dejando atrás unas letras sin voz porque ese día, al menos yo, quedaré con la moral al mismo nivel que los cimientos de una fortaleza que siendo fuerte o pensando que lo era, no dejaría de ser un hermoso castillo, pero de naipes.



viernes, 5 de mayo de 2017

Un nuevo inquilino

Alguien llamó a mi puerta, abrí y al verlo supe que venía para quedarse.

De lejanas tierras se presentó inesperadamente sabiendo que al otro lado de esa puerta lo recibirían con los brazos tan abiertos como él.

Primero se abrió paso la perplejidad, luego vinieron el asombro, la esperanza, la admiración y el sentimiento de que quien vino era algo más que un simple amigo.

Porque esa amistad se forjó con voluntad de hierro; se forjó en las manos artesanas de quien deja volar imaginación, arte y una chispa de fe.

Y no hay palabras que puedan expresar tanto agradecimiento al artista y amigo, ni tanto amor, fe y confianza en un Inquilino que vino a mí para no marcharse jamás.






P.D. Con mi mayor agradecimiento a Marcos Pérez Díaz, amigo y artista, por hacer de mi casa una familia con Uno más.