"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

martes, 7 de febrero de 2017

Una de pipas



Qué lejanos aquellos tiempos en los que un niño con ansias por crecer era feliz sólo con una bolsa de pipas en las manos.
Una bolsa de a duro; de esas de a cinco pesetas.
Era el pretexto ideal para sentarse donde más calentaba un sol de invierno o refrescaba una sombra de verano para elevar los ánimos de chicos y grandes en cualquier pueblo o ciudad.
Pipas compartidas entre amigos que en muchas ocasiones no sumaban más de dos. Conversaciones de esquina con sabor a sal.
Cambiar cromos, bolas de cristal o simplemente impresiones de chavales rabiosos de inocencia sin adulterar.
Chavales y chavalas que fueron creciendo y pasaron de los cromos y las pegatinas de sus ídolos a las chicas y chicos que gustaban o dejaban de gustar.
La esquina, era la misma; el sol, seguía calentando y saliendo siempre por el este, pero nunca faltaban esas pipas aunque ya no fueran en bolsas de a duro.
Las charlas se hicieron más serias; los problemas crecían al ritmo del tamaño de los calcetines; pero eran benditos problemas porque eran compartidos, comprendidos, masticados y muchas veces solucionados por quien teníamos al lado.

Bastaba una compañía, un silencio cómplice y una escucha sincera para dejar el rascacielos de una contrariedad a la altura de un segundo piso.

Pasaron los años y llegaron pubertades, acnés, colonias y bailes imposibles. Los juegos de quienes creyéndose adultos, no dejaban de ser simples mocosos sin pañuelo.
La legión de amigos dejó de serlo para desperdigarse en terrenos y personas por explorar.

Pasaron los años, llegaron anillos, kilos y niños y donde dije amigo, digo recuerdo.
Y llegó un día con fecha de hoy.

Un día en el que por desgracia hablan más los dedos deslizándose por un cristal de colores artificiales llenos de ceros y unos; un día en el que un mensaje llega a la otra persona sin tinta, café, o palabras directas de boca a oído.
Ese día en el que asusta más la individualidad y el aislamiento personal que mil bombas caídas desde el odio.

Estoy viviendo momentos contradictorios pero a mi entender, maravillosamente propicios para un regreso al futuro de las relaciones humanas que nunca debieron perderse en cambios generacionales y años de avances tecnológicos.
Percibo y me reconozco también a mí mismo como uno de esos caballos anclados en un tiovivo de la noria de una sociedad que te hace girar al ritmo de una falta de diálogo verdadero cara a cara, corazón a corazón.

Es hora de gritar ¡basta!
Mi cerebro piensa que el mundo habla sin hacerlo; que los sentimientos, el estrés, la pena, la soledad, la incomprensión están enmascarados en capas y capas de modernidad mal entendida y empleada.


Y por otro lado, la patata que afortunadamente no deja de latir, me dice que sigue existiendo un tipo de apariencia ruda que se emociona pañuelo en mano con palabras y abrazos amigos cuando doña enfermedad decide ser compañera de viaje; que existe una cría con trenzas que deja escapar lágrimas en algún banco, mostrando sin tapujos la realidad de una bondad celosamente escondida en el cuerpo de una mujer; o que existen dos mujeres que cara a cara ahogan nervios en refrescos de charlas de amistad acrecentada día a día, cariño a cariño;  o aquella otra que poco a poco va encontrando la compañía que una soledad traidora le arrebató y que se atreve a decirme que me quiere.
Mi instinto, mi naturaleza, mi forma de ser y pensar me obligan a silenciar cerebro y tender manos a personas así.

Una mano la tenderé a quien quiera dejar a un lado miedos al silencio. A quien quiera buscar la compañía de una risa o una lágrima sincera. A quien necesite agarrar el cuello de una botella y brindar en compañía. A quien pida un pañuelo de papel, una oración o simplemente dos oídos que escuchen.

En definitiva, a quien no le importe querer seguir siendo niño.

¿Y la otra mano?

La otra mano, siempre tendrá una de pipas.



6 comentarios:

Yolanda vega dijo...

Que afortunadas son algunas personas!!
El poder de la imaginación, nos lleva a oler a café, cada vez que leemos tu blog.
El poder del Amor a Dios nos lleva a olvidar todos los "dolores".
El poder de la amistad nos lleva a la esperanza y deja crecer en el interior un anhelado reencuentro.
Tu eres el más afortunado, tu lo estas haciendo.

Airblue dijo...

Precioso escrito que hace alusión a la frase que tienes en el sidebar "Soy lo que quise siempre ser de grande, un niño".
El contacto entre las personas se ha perdido o se está perdiendo,lo que antes era una reunión de amigos en un parque o una plaza para comentar los sucesos de la semana, se ha convertido en un grupo de gente conectada a través de un servidor, de una pantalla y un teclado.
Así esa bolsa de pipas no se puede compartir y es una verdadera pena.
Un abrazo mi buen amigo.

luismi dijo...

Sí que me considero afortunado. Pero no es mío el mérito. Es de Él por guiarme o poner en mi camino los instrumentos y las personas que me puedan ayudar a ser feliz.

En una semana que particularmente se debate entre la nostalgia y la esperanza,gracias por esas palabras y amistad.

Un abrazo fuerte y un café largo de charla

luismi dijo...

Comparto contigo esa bolsa de pipas, por acompañarme siempre en esta esquina soleada.

Muchas gracias amiga y un fuerte abrazo.

Matías dijo...

Interesantes reflexiones, creo que a todos los adultos nos queda algo de esa niñez, en muchas ocasiones nos vienen aquellos recuerdos de nuestra infancia, con aquellos amigos que fueron desapareciendo con los años, quizás fueran tiempos mas difíciles y nos conformábamos con muy poco para ser felices.
Saludos.

luismi dijo...

Creo que precisamente el problema ahora existe porque los niños no saben, no aprenden,no quieren o no les enseñamos a conformarse con poco. ¿No crees?

Gracias por el comentario Matías.