"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Copiar y pegar



Hoy no es Nochebuena, ni mañana Navidad; pasaron como un soplo. Parecía que no llegaban y ya marcharon.

La cena, fue lo de menos. Nada faltó, nada sobró, nada que objetar a una puesta en escena de reunión corta en comensales.

Alejada de la fastuosidad de otros tiempos, se hizo más íntima.

A la mesa, los cuatro de siempre; la familia que hace diecinueve años acabó de formarse.

Unos padres, dos hijas, unas copas, viandas y descorche de vinos a enfriar.

No se hizo necesario vestir galas.

Viví esa cena en un silencio quizás mayor del habitual en mí a pesar de no ser nunca un gran conversador mientras el cuerpo se alimenta e hidrata.

No miré sillas vacías; no quise pensar en ausencias ni pretendí mortificarme con malos recuerdos pasados, presentes y quizás futuros.

Preferí recordar la sorpresa del reencuentro adelantado con aquella que marchó a tierras del norte; la alegría de esas lágrimas de hermana y madre que bañaron los abrazos de bienvenida; la complicidad de cuatro que parecían cuarenta y el aire puro con olor a concordia y cariño de verdadera unión familiar.

No necesitaba más. Lo que uno realmente quiere, estaba allí; lo que uno echa de menos, estaba presente.

¿Se puede pedir más? Quizás

¿Se puede pretender algo mejor? Lo dudo

Sólo un momento de cierto temor que pasó como una ráfaga, pero que fue rápidamente enmascarado por el devenir natural de la vida al que me quiero aferrar.

Pensar que no siempre será así. Pensar que puede llegar el momento en el que las reuniones sean aún más cortas por distancias, compromisos o simplemente porque sí.

Quizás acabemos sólo dos con canas por sombrero y brasero por calor; pero mientras eso llega si es que tiene que llegar, bailar no bailaremos, pero que nos quiten lo bailao de cuatro sentados a una mesa que brindan, que ríen risas y quieren no dejar de quererse.

Ahora vendrán uvas, confetis y serpentinas mientras un reloj haga sonar doce campanadas y lloverán regalos traídos de la imaginación de un Oriente muy cercano.

No pediré mucho; simplemente un deseo. Imaginar y que se cumpla que transcurrido un año, esto que escribo, lo pueda copiar y pegar en cualquier lugar, porque será señal nuevamente de vida hermosa y plena.


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Dos figuras

Es muy tarde y la ciudad duerme a pesar de unos adornos especiales en sus calles.

A esas horas, por compañeros, los habituales. Mis pensamientos y el Amigo fiel que siempre en tiempos de sueños me permite acompañarle.

Podría ser un día más; un día de reflexión, preguntas calladas y certezas encontradas en el silencio de un pequeño rincón solitario; pero no, sin querer o quizás queriendo sin saberlo, dos figuras ante mí hacen mella en un sentimiento que año a año me persigue para encontrarme sin apenas resistencia.

Esas dos figuras inmóviles, miran al vacío, a lo invisible, a lo esperado. Una espera que se repite desde hace siglos; una espera, que siendo pasada, está cargada de futuro y alegre esperanza.

Y yo ahora, aquí, en este momento, me quiero unir también a esa espera silenciosa.

Me mueve la nostalgia del recuerdo sin pesar de la madre que marchó a esperarme en mejor sitio.

Me mueven los abrazos y los besos que un día despidieron con tristeza a una hija para ser transformados ahora en la alegría suprema del retorno desde tierras lejanas.

Me mueven los míos; los que día a día hacen que merezca la pena vivir ésta y muchas vidas.

Aquellos otros que en poco tiempo han sabido, querido y demostrado ser parte también de mi historia familiar.

Los amigos que ya no están pero seguirán por siempre ahí.

Los que siguen ahí, pero no siento cercanos y aquellos otros que acertaron a serlo cuando más necesité una mano tendida y llena de consuelo.

Me mueven y me conmueven las lágrimas del amigo enfermo de rostro duro y corazón enorme con el que en breve espero brindar con una gran jarra de nuestra querida bebida de espuma blanca.

Me mueve una esperanza, una ilusión de un futuro mejor. Un futuro vacío de odios y lleno de comprensiones. Un futuro de reconciliación entre hermanos y brindis de perdones.

Un futuro de juegos sin jugar; de cantos sin cantar y de abrazos sin abrazar.

Todo eso y aún más me mueve ese espíritu que fiel a su cita me mostraron en la soledad de la noche y en su quietud dos simples pero significativas figuras a través de las cuales quiero desear a todos mis clientes, compañeros, amigos, familiares e incluso enemigos una


¡¡¡ FELIZ NAVIDAD !!!





miércoles, 14 de diciembre de 2016

No seré yo



No, no seré yo quien me esconda; no seré aquel que por ser lo que es, pensar lo que piensa o creer en lo que cree deba disimular por no ofender, por no molestar o no incomodar al familiar, al amigo, al conocido o al mismo mundo.

No; no seré yo quien se avergüence de una pandereta, de un buey, una mula o de un pastorcillo camino de Belén en un belén.

Si me quieren tachar de loco, que lo hagan; incluso si me quieren tachar de sus listas de conocidos o amigos, también, pero si tiene que haber peces bebiendo en un río o campanas sobre campanas, los habrá aunque para ello deba remendarme en cualquier noche de paz con mi viejo tambor ropo pom pom.

Me resulta en muchas ocasiones curioso y en algunas verdaderamente frustrante que en estos tiempos de persecución de creencias (normalmente de la misma), se abogue además en muchos casos por borrar del calendario, calles y lugares públicos todo sentimiento o muestra  de Navidad por si alguien se sintiera ofendido. ¿Ofensa?

Esconderse o liarse mantas en la cabeza esperando que pase el temporal de la nostalgia, de la esperanza, de los reencuentros, de las loterías con sones de cántico infantil o de cabalgatas de sueños muchas veces imposibles, buscando calendarios a los que borrar días, es sinónimo a mi entender y que quien esto lea me perdone si se siente ofendido, de una cierta cobardía e insolidaridad.

Porque intentar acallar, emborronar, criticar o simplemente no respetar la alegría, la esperanza o la celebración de millones y millones de personas que no olvidamos de dónde venimos y hacia Quien queremos ir desde tiempos inmemoriales, es actuar en contra de muchas de esas ideas que hoy en día se pregonan bajo el nombre pomposo de la comprensión y la solidaridad entre los hombres.

No, no seré yo quien se vista de tristeza o melancolía estos días por esa madre que marchó para no volver, el amigo que demostró o demuestra no serlo, o toda persona que se empeñe en tirar petardos de enemistad.

Sería muy fácil culpar a ese Niño que conmemoramos en estas fechas de todo lo malo que la vida y el mundo nos trae. Pero si así lo hiciéramos, lo que mi corta inteligencia me insinúa, es que también deberíamos dejar en el otro lado de la balanza todo lo bueno que la misma vida, ese mismo mundo o ese Niño nos han dado también. ¿No?

Voy a intentar reírme más de lo habitual, empezando por mí mismo y continuando por quien me quiera acompañar en esa locura de nombre esperanza que debería ser cómplice de cualquier celebración en estas fechas.

Dinero no habrá; grandes comilonas, salidas nocturnas o copas a precio de diamante, tampoco; pero lo que no va a faltar es una hogaza de pan, una copa de vino, un buen puchero a compartir en familia y amigos o un fuerte abrazo a quien quiera y se deje abrazar.

Sí, ya sé que todo el año debería ser así; pero la Navidad, para bien o para mal, es ahora y todos los años por estas fechas.

¿Un deseo para estos días? No; uno no. Son muchos…

Que una estrella, una flecha, o un camino nos dirijan hacia unos días cargados de comprensión, respeto, paciencia, brillo en los ojos, miradas al cielo, reconciliación, apretón de manos, un café caliente, una cerveza fría, una siesta a la de tres, una partida de cartas, un humilde regalo con papel de celofán, una oración, una canción, un pensamiento, una mano tendida… vivir en paz.

Sólo eso.







martes, 6 de diciembre de 2016

Una conciencia de carne y hueso

Todos hemos oído aquello de “lo que te dicte tu conciencia”. Ésta es una frase que en mi caso no es sólo una teoría a estudiar. Se trata de una práctica habitual en mi intención de pasar por esta vida.

Cuando las dudas me acorralan, los caminos se bifurcan o cuando la elección se hace compleja, siempre procuro acudir a ese foro interno en el que la gran mayoría de sus jueces hacen prevalecer aquello que seguramente deba ajustarse a mi persona.

Pero también en ocasiones, esa conciencia pudiera estar equivocada dentro de sus razonamientos. Y es entonces cuando situándonos al borde de un precipicio, un agente externo, una situación o lo que es mejor, una persona cercana, nos hace ver detalles que ese juez quizás omitió, olvidó o pasó por alto.

Ahí es cuando uno se da cuenta de que lo que férreamente y al pie de la letra era un “no” rotundo, se convierte en un ¿y si tal vez?

Para llevar a la práctica ese “no”, siempre habrá tiempo; pero peor, mucho peor, sería no intentarlo, para al final arrepentirme quizás de no haberlo hecho.

Y esa conciencia de carne y hueso, acertó; sin ella, me hubiera faltado la compañía de la amistad, de la buena gente, de unas horas de silencio y meditación; de risas compartidas, ojos claros y lluvia reparadora.

Mi camino es uno muy claro que en ciertos tramos se puede cubrir de niebla;

De mí depende disiparla y si no lo consigo, siempre agradeceré como ahora, esa voz amiga que me hizo ver lo que olvidé y me ayuda a continuar correctamente la marcha.

A esa persona, a esa conciencia, sólo una palabra:

G R A C I A S