"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

lunes, 21 de noviembre de 2016

Sabor a dulce

Siempre es aconsejable y altamente necesario poner nuestra vida en paréntesis a modo de una detención del tiempo. No creo que me equivoque si digo que quien más quien menos necesita un momento de receso para respirar hondo y continuar la marcha de esta travesía que nos toca vivir.

Lástima que la vorágine de estos tiempos no nos permita encerrar esos recesos en un paréntesis prolongado. Por ello, siempre procuro disfrutar de los buenos momentos aunque sean ráfagas a discreción perdidas en escasos segundos.

Un hipermercado no es para mí el sitio ideal para disfrutar de algo que no vaya más allá de una compra que en pocos casos se convierte en relajada. Desde los pasillos atestados de productos y transeúntes ocasionales, hasta esas cajeras que casi pierden la vida en una loca carrera por acabar de leer códigos de barras antes de que un servidor tenga tiempo siquiera de respirar, hacen de este lugar algo muy alejado de la tranquilidad que por naturaleza busca el ser humano o al menos, un ser humano como yo.

Procuro emplear en estos lugares el tiempo justo y necesario para volver a respirar un poco de aire menos viciado de prisas, marketing e impersonalidad y con esa intención abandonaba hace unos días uno de estos locales, cuando un señor viejecito, bastón en mano y andar dificultoso, al sacar una mano del bolsillo de su chaqueta, perdió por el camino uno de esos tesoros de colores que guardaba.

Un pequeño caramelo cayó al suelo envuelto en transparente papel.

Él lo miró, yo lo miré y acabamos mirándonos los dos.

Rápidamente me incliné, lo recogí del suelo y me dispuse a entregárselo cuando con una mirada serena y entrañable acompañando una voz dulce me sorprendió diciéndome:

“Muchas gracias, muy amable; se lo regalo; tengo más que me han dado en la farmacia”

Y extrajo varios caramelos multicolores que guardaba como un tesoro en el bolsillo derecho de su chaqueta.

Fue una conversación muy corta, pero que tras desearnos ambos una buena tarde acabó con un tipo como yo regresando a casa bajo una lluvia que me limpió el rostro y un sentimiento que me llenó el cuerpo y el alma de sabor a dulce.




2 comentarios:

Airblue dijo...

Qué bonito Luismi! sabes sacar jugo a las cosas que muchos no damos importancia. Son como niños con los dulces, felices compartiendo. Cuando sea mayor me gustaría ser así y si en el súper encuentro a alguien que como yo se agobia, sacaré mi bolsita de gominolas y me acordaré de tus letras.
Un abrazo de colores.

luismi dijo...

Y seguro que cuando hagas eso, la persona que reciba tu regalo, sonreirá.

Un abrazo muy dulce.