"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

martes, 19 de julio de 2016

Esos locos que rezan

No es fácil en los tiempos actuales encontrar momentos para interiorizar pensamientos, ordenar ideas o simplemente provocar vacío de inquietudes que todos padecemos y seguramente muy pocos sabemos macerar para extraer lo positivo que también tienen.

Aún más difícil resulta cruzar los dedos de las manos rodilla en tierra y conversar sin abrir la boca con Alguien a quien no se ve pero cuya presencia no somos pocos los que la sentimos.

Casi imposible, si una parte de la sociedad nos señala con dedos acusadores y lenguas insultantes, cuando no con armas de fuego, amenazas e improperios, sin ningún titubeo a la hora de pensar en las terribles consecuencias que todo eso acarrea en cualquier persona con un mínimo exigible de sensibilidad y educación.

Surgen muchas preguntas que día a día se nos hacen desde diferentes ámbitos de esa sociedad enfrascada en el desarrollo desmedido en tecnologías y presuntos avances cuya finalidad dudo mucho que sea la del bienestar del ser humano.

¿Por qué? ¿Tiene sentido? ¿De veras lo crees?

Cuando a mí particularmente me preguntan, no suelo responder que “creo”; respondo más bien que “siento”.

La fe, no se aprende; no nos llega con un manual de instrucciones ni anexos con soluciones a posibles errores cometidos.

La fe, como el amor, se siente o no.

Nos podemos balancear o deshojar margaritas buscando un sí, pero quien realmente ama o cree, no necesita de titubeos o juegos de azar.

Hoy escribo esto desnudando parte de lo que yo también siento, aprovechando la ocasión de un acontecimiento que en pocos días reunirá a más de dos millones de jóvenes de todo el mundo en la Jornada Mundial de la Juventud a celebrar en Cracovia (Polonia).

Cuántas maletas, mochilas, e ilusiones se han puesto en marcha en nuestro planeta para reunirse en un lugar común con un común objetivo.

Les mueve la fe, les mueve un sentimiento, les mueve Dios.

Muchos de esos jóvenes habrán roto huchas llenas a golpe de monedillas sueltas o buscado con sonrisas, trabajo y esfuerzo lo necesario para emprender el viaje.

Todo lo hecho, aprendido y organizado, valdrá la pena y servirá para cincelar en sus mentes un recuerdo, una ilusión, una experiencia que bien aprovechada, les servirá seguramente para ser mejores personas de lo que ya son.

Ciñéndome a los conocidos, refiriéndome a aquellos jóvenes de mi entorno, sé positivamente que ese autobús que mañana parte hacia su objetivo, irá cargado de promesas con ansias de realidad; de plegarias y oraciones por un mundo mejor; de deseos, esfuerzos y como no, de la más rabiosa juventud con ganas de pasarlo bien en cuerpo, pero también en alma.

En tierra quedaremos padres, familiares y amigos inquietos ante la incertidumbre de un largo viaje y de noticias que hablan de amenazas por parte de aquellos cuyo fanatismo va aún más allá de las palabras y que no dudarían en reventar futuros.

Pero sin necesidad de encuestas, preguntas ni conjeturas, escribo y pienso con absoluta seguridad, que en ese autobús también vamos todos en pensamiento y corazón y que no existe nada ni nadie que pueda quitarnos el orgullo, la ilusión y la fe que nos une por mucho que en la actual partida de la vida, las cartas jueguen en nuestra contra.

Un único encargo hago a mis hijas y a todo aquel que viaje y quiera hacerme el favor en esa visita prevista a un lugar infame por historia, por hechos y vergüenza para la humanidad como es el campo de concentración de Auschwitz. Simplemente, les pido que olvidando lo que allí vean o sientan, cierren los ojos, respiren profundo y recen en mi nombre lo primero que les venga a la mente.

No conseguiré con ello el olvido de lo que allí pasó ni la vergüenza que me causa lo que el hombre hizo al hombre, pero sí que esa oración, esa plegaria, esa caricia al recuerdo, creo firmemente que servirá para iluminar los ojos o esbozar una sonrisa al menos a uno de los millones de seres que padecieron la irracionalidad del más perverso de los animales y que estoy seguro que desde el lugar privilegiado que ocupan, sabrán recibir y perdonar.

Y para terminar, un deseo para todos esos locos que rezan y nos dejan atrás. Que regresen con sus equipajes y corazones llenos de ilusión, alegría y paz.



¡F E L I Z  V I A J E!




3 comentarios:

Amapola Azzul dijo...

Bello dedeo. Un abrazo a todos ellos y a ti. :)

Amapola Azzul dijo...

Deseo quise decir.

luismi dijo...

Se agradecen tus deseos. Un abrazo.