"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

lunes, 4 de abril de 2016

Ebrio




Hay encuentros no premeditados que en ocasiones me dejan pensativo y ciertamente un poco descolocado por lo inhabitual.
Cierta noche como tantas otras, a la hora tardía de siempre, me pertreché de abrigo y salí a la calle como hago habitualmente, con una bolsa de desperdicios en una mano y una larga correa acabada en mi viejo amigo de cuatro patas.
El mismo trayecto de siempre, para hacer lo mismo de siempre; que este amigo realizara un equilibrio a tres patas y perdiera líquidos inservibles para todo cuerpo que se precie, sea humano o no.
Calles solitarias bajo un frío invernalmente primaveral.
A lo lejos, un hombre con pasos algo inseguros se dirige hacia nosotros.
En una situación así y a horas intempestivas y solitarias, nunca sabes a ciencia cierta lo que ocurrirá después. El caso es que este hombre al llegar a nuestra altura, frenó y mirando primero a mi amigo y después a mí, me habló diciendo:
“Disculpe, estoy un poco ebrio, pero le quería preguntar si ese perro lo compró o es adoptado”
“Lo rescaté de una perrera, hace ya casi quince años” le respondí yo.
“Entonces, que Dios se lo pague por salvarlo”
Y sin mediar más palabras, siguió su camino.
¿Ebrio?, pregunté a mis adentros. ¡Cuántos sobrios deberían existir como ese señor!




1 comentarios:

Airblue dijo...

Por algo se dice que los niños, los borrachos y los locos siempre dicen la verdad. En tu caso además el buen hombre alabó tu buena acción.
La gente sorprende a veces.
Un abrazo.