"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

viernes, 15 de enero de 2016

El botellín

Foto internet
Los tiempos cambian, lo sé; el mundo avanza, aunque aquí soy de los que piensan que no sé exactamente hacia dónde.

Lo que antes era de un color, sabor o utilidad, ahora puede tener unos matices o connotaciones muy diferentes y no por ello, ser mejor o peor.

La jerga o modo de hablar que durante años y generaciones se utilizaba, evoluciona también con los tiempos, aunque me gusta siempre rescatar o conservar aquello que por tradición, recuerdos o simplemente costumbre, al salir de mi boca, me suena bien en los oídos.

Visitar bares, restaurantes, o simples tascas buscando rubias cervezas que refresquen gaznates sedientos, es uno de los deportes nacionales que mayores satisfacciones ha dado a este país y entre cuyos practicantes, me incluyo.

Por eso, de un tiempo a esta parte, de unos años a hoy, me llama mucho la atención cómo se va extendiendo una moda más de esas que quieren llamar de forma en muchos casos estrambótica a lo que era sencillo, rítmico e incluso simpático.

Particularmente y por tocar mi fibra sensible, me resulta ciertamente curioso que se extienda como la gripe la moda o costumbre de nombrar ahora como “un quinto”, lo que toda la vida desde que yo nadaba en los huevecillos de mi padre e incluso antes, era un hermoso, maravilloso, reluciente y simpatiquísimo “botellín” o “botijo”.

Porque seamos claros y vengámonos a razones:

¿Qué es un quinto?

Un quinto, toda la vida, ha sido el nombre asignado a cada uno de esos mozos que sorteaban para cumplir el servicio militar o lo que vulgarmente, hemos llamado “mili”.

Ese mismo quinto, se levantaba y tiraba de la manta.

Un quinto, también era aquello que se vendía sin ascensor a valientes compradores.

Un quinto es simplemente un cinco con un cerito subrayado en la parte superior derecha.

Aquello que va por delante del cuarto y detrás del sexto y que multiplicado por dos tercios, nos da como resultado…

Bueno, a lo que iba; ¿para qué tanta complejidad matemática cuando nos enfrentamos al barman o “barmana” y lo que queremos es que nos sirva un refrescante y maravilloso botellín?

Que no se pierda un nombre tan biensonante. Un nombre que dudo mucho que no resulte simpático a cualquier ser humano al que le guste la rubia, negra o tostada bebida espumosa.

Aquellos tiempos en los que cuatro tipos agarrando mangos (no pensemos mal) se jugaban a golpes de bolas y jugadores, la honra de no tener que pagar un cajón de ¿quintos?; no, ¡botellines y mil veces botellines!.

Pero claro, alguien me puede preguntar ¿y qué hacemos con los tercios?

Pues, yo los tercios, los dejaría como están. Y si me apuran aún a riesgo de que me tomaran por lo que no soy, les seguiría llamando con ese otro nombre sin connotaciones de ningún típico y que mis colegas, yo y muchos como yo, llamábamos “gorda” para referirnos a ese botellín que iba y va más allá de su estatura y anchura normal.

Sea botellín, botijo, tercio o gorda, brindo con ustedes cerveza en mano por una vida mejor.


¡Salud!


2 comentarios:

Airblue dijo...

No tenía ni idea del "quinto" cuando todo el mundo lo conoce por botellín.
Te dejo un enlace.
http://suenosdeaireazul.blogspot.com.es/2010/02/el-agua-dorada.html

Quizá te guste.
El abrazo de turno.

luismi dijo...

Claro que me ha gustado ese enlace. Como que a pesar de ser temprano, ya está apeteciendo un buen y refrescante botellín. Excelente información. Gracias.

Un abrazo.