"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Con "r" de reflexión




Mes de noviembre con vaivenes constantes; al estilo de la más sofisticada de las montañas rusas, vivo sus días a golpe de sobresaltos, noticias, cápsulas, pastillas prescritas y contrastes continuos de humor; días de más humor y días de menos, pero siempre intentando llevar a la práctica tan corta y significativa palabra.

Días convulsos, de miedos quizás infundados y de armas tristemente desenfundadas. De películas de terror hechas realidad en cualquier programa informativo de mil televisiones, radios y prensa.

Días en los que todos a excepción seguramente de la inocencia infantil, nos hemos convertido en máquinas de sapiencia infinita en temas tan complejos y dispares como la política internacional, el terrorismo de estado o el estado continuo de terrorismo. Todos ahora sabemos de operaciones militares, de paz ante el odio más salvaje, de manos unidas pero mirando de soslayo, de solidaridad pero con deseos de que la inicie el de al lado. Todos conocemos en profundidad las religiones y sus consecuencias. En resumen, personas que nos vestimos de verdad en la creencia de que conocemos todas las mentiras.

Estos días me han servido para reflexionar en la quietud de un descanso obligado. Me han servido para darme verdadera cuenta de que no soy para nada dueño de mi destino. Que la muerte, la vida, la suerte o la maldición, pueden esperarme sin hora concertada a la vuelta de cualquier esquina.

Puede que mi actitud ante todo esto que sucede, pudiera parecer en cierto modo cobarde, pero he llegado a la conclusión de que lo más inteligente para mi persona y lo que pueda transmitir a los que decidieron rodearme de cariño, comprensión o amistad, sea la de mantenerme en la medida de lo posible, al margen. Involucrarme lo justo y necesario en la actualidad de lo que suceda o esté por suceder.

Bastante complicado es ya el mundo, bastante enrevesada es la vida como para seguir rompiéndome cabezas en soluciones que nunca estarán en mis manos.

Continuaré buscando paz, pero antes, dejaré que ella me busque a mí. Porque quien busca el bien, aunque camine más lento por una imaginaria línea recta, alcanzará su meta antes que aquel que por mucho atajar, pierda rumbos y nortes.

Intentaré vestir con colores de respeto, aunque las modas actuales de vestir la vida sean totalmente contrarias a mis gustos.

Beberé y brindaré siempre con quien me quiera acompañar, pero también, aún sin dar espaldas, me inscribiré en esa academia en la que enseñan a desconfiar de quien no transmite o no quiere demostrar confianza.

Me mantendré o intentaré mantenerme alejado de disputas, desavenencias o cruces de opiniones que con malicia o sin ella, no conducen nunca a nada que no sea un enfado, rabia o malestar general.

Un mes suele tener treinta días. De mí dependerá que esos días transcurran a velocidad moderada, viviendo al límite o con el peso de una losa cada vez más difícil de llevar.

Seguiré siendo amigo del verdadero idem e indiferente, que no contrario, de quien con acciones u omisiones, no lo quiera merecer.

Conservaré estima, orgullo, educación y espíritu colaborador de todo aquello, aquel o quien a mi entender, me aporte un ingrediente necesario en la cocción del buen guiso del día a día que me ha tocado y quiero vivir.

Faltan pocos días para acabar noviembre; vendrán otros días y meses que espero y deseo mejoren lo dejado atrás; trabajaré por ello, pediré por ello y buscaré la compañía necesaria aunque sólo sumemos dos para convertir lo venidero en una sonrisa de lado a lado del mundo que me he querido crear aunque seguramente, no merezca.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Batalla desigual



No te pude ayudar; atado de pies, sujeto por manos, quise defenderte, pero no pude; mis piernas no respondían, el frío me atería y mis miedos pudieron más que tus súplicas.

A ti, al que debo tu amistad, estar siempre a mi lado y que tantas y tantas veces me has sacado de las situaciones más apretadas, hoy no te pude ayudar ni socorrer entre tanto extraño.

Me dejé llevar por los acontecimientos; tú y yo sabíamos de antemano que la lucha era desigual. El enemigo era muy poderoso; sus armas, insuperables.

Hoy te escribo a ti querido amigo; agradeciéndote que aún en los peores momentos, cuando nos han llovido flechas por todos lados, aún sin poderte ayudar, sigas muy cerquita de mí.

Que esta mala racha nos sirva a los dos para hacernos más fuertes. Para gritar al mundo que a quien esto escribe y a su inseparable amigó, podrán tocarles los huevos, pero nunca la dignidad y el orgullo de haber sido y ser como son aunque tropezaran con la misma piedra mil veces más.

A ti, mi querido amigo, mi querido miembro, con todo mi respeto, cariño y oculta admiración, hoy rindo pleitesía.



P.D. Desvaríos mentales de quien recientemente fue intervenido mediante ureteroscopia para extraerle lo que era más un meteorito que una piedra de riñón.

Aprovecho también para agradecer a todo el personal del Hospital de Getafe que con sus manos y sus cuidados hicieron de esta batalla algo que contar y que a ninguno de los dos nos dejó cicatriz. Desde la patata, gracias.