"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

domingo, 22 de marzo de 2015

Creo

Testimonios, hay muchos. Confesiones íntimas o no, también. Pero vaciar el alma, fluyendo las palabras directamente del corazón de quien habla y que llegue como un misil a conmover a toda aquella persona que tenga un mínimo de sensibilidad moral, no es nada fácil.

Aún menos si se hace públicamente, ante decenas de personas familiares o no, amigas o completamente sumergidas en el anonimato.

Ante nosotros, simplemente una mujer que presentándose nos dio por nombre Patricia y por edad 38 años.

Todo lo que su corazón habló, fue la historia de su vida. Una vida que ha sido y sigue siendo un camino lleno de vicisitudes, de desgracias, de enfermedad, incluso de deseos e intento real de dejarse encontrar por una muerte adelantada. En definitiva, una vida repleta de suertes que todos buscamos y que a ella no le premian ni tan siquiera con un pequeño reintegro.

Con una historia así y relatada sin ocultar detalles que a cualquiera nos podrían dar reparo exponer, no pude por menos que emocionarme, porque a pesar de todo ello, esta mujer sigue vistiendo toda negatividad con el color de la más fuerte y mejor de las esperanzas.

Por eso, me quise unir a ella en pensamiento y voz cuando sujetando firmemente un hermoso crucifijo finalizó su exposición diciendo con total convicción:

“Creo en Dios Padre Todopoderoso…”








* Dedicado a Patricia a la que sólo puedo decir “gracias” por querer que la acompañáramos en un acto de reafirmación y valentía tan hermoso y sincero como el que nos ha regalado en nuestra hermosa Catedral. 



viernes, 20 de marzo de 2015

Sopa de letras

¿Cómo saben las palabras?

Quizás una pregunta que puede dejar extrañado a cualquiera, pero no en mi caso, porque tendré que aprender a degustarlas cuando para ser justo, es hora de que vaya tragándome más de una y de dos que últimamente he escrito.
Siempre se ha dicho que rectificar es de sabios. Yo más bien, diría que rectificar, es de justos.

Y haciendo justicia, debo pedir disculpas y reconocer mi equivocación a la hora de realizar una crítica feroz para mis costumbres hacia un músico admirado por muchos y reverenciado por mí desde hace casi cuarenta años.
A botepronto, basándome en una audición rutinaria a través de youtube de los temas del recién publicado Tracker de Mark Knopfler, me lancé cuesta abajo y sin frenos a menospreciar una música, un estilo y unas composiciones sin un mínimo de objetividad.

Me movió la pasión; en este caso, casi diría que el despecho hacia lo que se espera y nunca te llegan a servir en el modo y forma que piensas.
Tremendo error no aguardar a escuchar un disco en su forma original; a degustar pieza a pieza, tema a tema, canción a canción, todos sus acordes.

Sentarse café en mano, sin prisas y sin distracciones, debería figurar en el manual de instrucciones obligatorio para todo aficionado  que se precie a la música, a la hora de juzgar u opinar sobre lo que un artista nos ofrece.
Más vale tarde que nunca y aunque tarde, he seguido ese manual.

Y allí donde todo se pintaba de color fúnebre, comienzan a aparecer pinceladas y tonalidades que forman un maravilloso collage musical.
Desgranar canción a canción y dejarme atrapar por cada uno de los instrumentos empleados, no hace sino aumentar la sensación de que cualquier tiempo pasado, sólo fue anterior.

Sea muy bienvenido ese Tracker que a nivel personal aún a riesgo de equivocarme, me da la impresión de que no es otra cosa que un maravilloso recorrido por todos los estilos que este admirado escocés ha ido perfeccionando a lo largo de su dilatada carrera musical desde sus comienzos con Dire Straits, hasta sus incursiones en el folk o influencias de amigos como Dylan.
Sería muy largo opinar sobre cada uno de los temas que conforman este trabajo.

Yo sólo puedo recomendarlo como bálsamo en cualquier agitado día de nuestra azarosa vida.
Mis disculpas más sinceras Mr. Knopfler por lanzarme al ruedo musical como un espontáneo más.

La primavera está a las puertas por estos barrios, pero yo ahora, debo y quiero tomarme una calentita sopa de letras que nunca tuve que escribir.





jueves, 19 de marzo de 2015

Ser padre


¡Qué palabra más corta esa de padre! ¿Verdad?

Sin embargo, penetrando en su significado, la madeja de hilo que podríamos formar, sería inmensa.
Los años desde que uno es padre, pasan igual para todos. No pasan en balde jamás, pero también con el paso de los años uno va macerando recuerdos, vivencias y sentimientos que van llenando poco a poco una hermosa alforja de vida en familia.

Padres los hay a millones, no es nada difícil serlo, pero sentirse plenamente realizado con lo que ello conlleva, no es tarea tan sencilla.
Porque ¿qué es ser padre en lo más profundo de esa acepción?

Ser padre es jugar a ser niño mientras ellos no paran de jugar a ser mayores.

Ser padre, es desvelarse con sus desvelos. Acompañar sus risas, llorar por dentro las lágrimas que dejan resbalar por sus mejillas; sentir su dolor como propio, sus ilusiones como mías, sus fracasos como mis derrotas.

Es no perder nunca ese olor a piel rosada de recién nacido; seguir acurrucándolos y dejándonos acurrucar sin mirar años, canas ni arrugas.
Es seguir dando vueltas y vueltas en un corro repleto de patatas aunque las piernas no obedezcan como antaño.

Mirar con sus ojos, escuchar lo que ellos escuchan, anhelar lo que ellos sueñan y seguir jugando a un escondite en el que siempre nos dejaremos encontrar.
También significa guiar a quien camina solo; educar, perseverar en unos principios, enseñarles a ser justos, a perdonar, a pedir perdón, a amar la cultura, a desechar enemigos que se ven y aún más a los que no se ven; a tener abiertos los ojos y aún más abiertos los oídos; a discernir atendiendo a una conciencia que nunca debiera jugarles malas pasadas; a creer en amistades de verdad y a no arruinar vidas por miedo a soledades.

Ser padre, es todo eso y un millón de cosas más.
Yo soy padre; lo tuve y lo sigo teniendo fácil para serlo. No tengo más mérito que el de aquel que por suerte o por una bendición de mi buen Amigo, puede presumir orgulloso de tener unas hijas que en el mejor de los sueños, nunca pensé merecer.

Por eso hoy, ayer y pasando una eternidad, daré gracias a Dios por esos tres regalos que tengo en casa. Dos que me siguen llenando la cara de besos llamándome padre, papa, papi o papá y aquella que no pudo traer a mi mundo mejores regalos.
Intuyo hoy músicas, risas, brindis y besos.

 Y quisiera compartir felicitaciones con todos aquellos que fueron, son y serán padres, haciendo una mención especial a un señor que sin estar a mi lado siempre está conmigo y al que siempre con orgullo, seguiré llamando “papá”.

lunes, 16 de marzo de 2015

A bote pronto



En los tiempos actuales, con sus prisas, desorganización y estrés, pocos son los afortunados y mucho menos los elegidos que se puedan dar el gran gustazo de saborear tema a tema, letra a letra, cualquier nuevo trabajo discográfico en el que se tuvieran depositadas grandes esperanzas.

En ese preciso instante me encuentro yo. Con un disco recién salido del horno de la fábrica de sueños que para un servidor siempre ha sido un escocés de nombre Mark Knopfler.
Hace escasas horas que ha salido a la luz su nuevo trabajo “Tracker”.

El primer sencillo “Beryl”, desde hace semanas, me hizo soñar en un reencuentro de Knopfler con sus raíces “Straits”, pero tras escuchar uno a uno todos los temas que componen su nuevo trabajo, me rindo ante la evidencia de que aquel Knopfler, se marchó hace mucho para nunca más volver.
¡Qué empeño el de este hombre en seguir componiendo e interpretando obras que en la más absoluta intimidad pueden resultar delicias para paladares exquisitos, pero somnolientos platos en la mayoría de los comensales que pueblan los miles de seguidores que aún conserva en todo el mundo!

Siento muchísimo tener que hacer una crónica tan poco entusiasta de un trabajo que esperaba como agua de “marzo” y que al final me ha dejado en cierto modo cariacontecido y francamente defraudado.
El hecho de seguir desde hace más de treinta y cinco años las andanzas musicales de este gran artista, no lleva implícito que ese presunto fanatismo me llevara a declarar como blanco, aquello que desde mi perspectiva tiene tonalidades realmente grises.

No me bastan cuatro geniales punteos, que sobresalgan sobre esa voz que nunca tuvo ni que las letras que no entiendo por no saber inglés, sean extraordinarias.

Simplemente, esperaba algún guiño más de un hombre que se empeña paso a paso en dejar de ser Sultán del Swing, para convertirse en artista de mesa camilla y brasero.

No es excusa la edad, porque grandes entre los grandes a pesar de los años, siguen enardeciendo las expectativas de la gran mayoría de legiones que los siguen.

Mi querido Knopfler, quizás el paso del tiempo y más horas de audición me hagan volver a rendirme a sus pies, pero de momento y a bote pronto, debo sincerarme y mostrarme realmente defraudado con ese “Tracker” del que creo que poco podrá mostrarnos en vivo si no quiere que los que asistamos a sus conciertos, bostecemos de pie.
Un último consejo de amigo: "Menos flautas y más Stratocaster"
Como siempre, sinceramente suyo…

Un fan.



P.D. Hasta ahí, pude escribir. Lo que piense a partir de la décima o quincuagésima audición de este disco, seguramente poco tendrá que ver con ese " a bote pronto", porque la fidelidad a unos acordes, siempre la tendré presente.






martes, 3 de marzo de 2015

Una pequeña maleta

En una pequeña maleta, aparentemente, poco es lo que puede caber. Cuatro ropas, un par de zapatos, quizás un neceser y utensilios de aseo personal básico.

Pero en una pequeña maleta, también caben años de ilusiones, de devaneos, de alegrías y también de tristezas. De muchas mesas y manteles compartidos; de años de palomitas frente a un televisor; de noches en vela; de sueños, amores de los que se sienten y se hacen; de ilusiones, frustraciones, sorpresas, carcajadas, llantos, recuerdos, familias, ausencias, enfermedades, músicas, bailes y un sinfín de sensaciones y vivencias que forman ese gran libro histórico de la vida en pareja cuyo denominador común no puede ser otro que el amor.

Y ese amor me sorprendió en una vieja y atestada estación de tren un viernes cualquiera.
Una persona que en silencio se me acercó y me susurró:

¿Estás esperando a alguien?

Por supuesto que estaba buscando y esperando a alguien, pero jamás podía imaginar que ante mí tenía a una mujer, esa mujer, mi mujer, con una sonrisa cargada de bendita picardía y complicidad con ese tipo que teniéndolo delante, era el fiel reflejo de la perplejidad, sorpresa e incomprensión hecha persona. 
Recuerdo que enseñándome unos billetes de tren y una reserva de hotel me dijo:

“Éste es el regalo que faltaba por tu cumpleaños”.
Aún hoy, me cuesta cierto trabajo asimilar aquella escena y lo que vivimos en unas horas, pero pasado el tiempo, me reafirmo más que nunca, que con esa mujer y esa pequeña maleta, viajaría al fin del mundo.










* Mi agradecimiento a todas esas estrategas del engaño que intervinieron en esta hermosa historia, muy especialmente, a esa sobrina a la que debo unas cervezas que íbamos a tomarnos en una vieja estación de tren y a cuya cita, la muy "perra", no acudió...


GRACIAS