"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

lunes, 24 de noviembre de 2014

Escondite



Los años pasan, pero las ganas de jugar creo que no terminan de dejarse atrás. Cualquiera que siga llevando en sus adentros parte de su niñez, siempre sentirá deseos de perderse en cualquier juego.
Últimamente, mi juego favorito, es el escondite.


La cuenta atrás no tiene que ser de diez, veinte o treinta. Depende el día y las circunstancias. Tampoco existen prisas reales por alcanzar objetivos, ganar partidas o superar contrarios.
Simple y sencillamente, el juego consiste en encontrar a quien se busca y a la vez, ser docto en el arte de saber esconderse.

Confieso que estoy perdiendo facultades o el rival es de primer orden, porque no termino de encontrarlo.
¡Qué difícil me lo ha puesto!. Los recovecos y camuflajes que ha usado esta vez, hacen de mi búsqueda una tarea mucho más complicada de lo que en un principio pensé.

Cavilar, pensar, intuir, o reflexionar, no dan el resultado esperado a la hora de encontrarle.
Quizás deba dejar fluir la imaginación, el discurrir del tiempo, o la misma vida y sus acontecimientos, para por fin poder alcanzar el premio del triunfo.

Creo que la mejor táctica será respirar hondo, despejar la mente y simplemente pensar que no es tan extraño que me cueste tanto trabajo encontrarlo cuando mi contrincante o mejor dicho, mi compañero de juegos, soy yo mismo.


Desconozco el tiempo que tardaré en encontrarlo y ni tan siquiera intuyo si lo que encuentre se parecerá al mismo que conocí o creí conocer. Puede incluso que encuentre a esa persona que siempre me asustó y rechazaba encontrar y tenga que saber o aprender a convivir con ella, aún a riesgo de que cambie por completo mi forma de ser o actuar con los demás.
Comienzo el juego en la esperanza de que llegue el día en el que vuelva a compartir juegos y risas para acabar triunfante al grito de:

" Por mí y por todos mis compañeros "



jueves, 13 de noviembre de 2014

Tiempo al tiempo


Dos horas, dan el suficiente tiempo para reflexionar; interiorizar en uno mismo y buscar respuestas a muchos interrogantes.
Interrogantes que parten de certezas, de errores, de convicciones y de hechos que por sorpresivos, dejan la mente fría y el corazón caliente y en ocasiones como ésta, en mi caso y ahora, justo al contrario.

De un tiempo a esta parte, vivo en un mar de dudas; primero, conmigo mismo. Tempestades, nubarrones, vientos racheados, desconfianzas, desidias, conjeturas, aburrimiento, rutina, malestar físico y un largo etcétera, están imprimiendo en mí un carácter peleado a doce asaltos con lo que siempre he intentado ser.
Y ese combate, después de mucho meditarlo, he pensado que es hora de acabarlo y ganarlo por k.o.

No puedo dejar pasar horas, días o devenir de acontecimientos. No debo esperar reacciones, cambios, o situaciones diferentes para buscar ese mar en calma, esa vuelta a la normalidad que todos necesitamos encontrar de vez en cuando.
¿Cómo puedo buscar, pedir o reclamar la paz del mundo si no puedo pacificar mis propios pensamientos o ideas?

Esa persona actual, no soy yo; es otro parecido que ha llamado la atención y extrañeza de gente cercana e incluso de algunas otras que en la lejanía se preguntan por mi cambio de actitud, cuando antes nunca lo habían hecho.
Todos sufrimos altibajos, decepciones, malas rachas, sinsabores y en general, golpes morales que influyen en nuestra forma de ser y actuar.

Pero nunca debieran servirme de excusa para apartar de un plumazo historias de bondades, reconocimientos, compañerismos, risas, reuniones o brindis, por mucho que alguien o las circunstancias, merezcan ser marcados con el sello de la indiferencia a ojos de la mayoría, incluido yo.
No puedo hacerlo, porque sería traicionarme a mí mismo y mis creencias. Sería hipócrita por mi parte traicionar aquello en lo que siempre he querido creer aunque la realidad de la vida misma se empeñe en demostrarme que no es así.

 Me debo obligar a creer en la bondad natural del hombre. No creo que nadie haya nacido con la perspectiva de ser o comportarse como una persona necia, falsa, con harapos de cordero o traición en la mirada. Pienso que nadie nace con ansias de confrontación o de causar daño a los demás.
Debo pensar que nadie está libre de ofuscarse, de equivocarse, de contradecirse asimismo. Porque en esta vida, que tire la primera piedra quien nunca haya cometido un gran error.

El tiempo, debería ser el único juez que nos pusiera a cada uno en nuestro lugar.
Por eso, hoy quiero volver a abrir los brazos, estrechar manos y volver a mirar a los ojos de las personas que están sembrando en mí mares de dudas. Pasar en cierto modo página de esas pequeñas historias negras que sólo emponzoñan la buena voluntad y el sentir bondadoso de los que intentamos en mayor o menor medida ser recordados algún día como tipos que en el fondo no éramos tan malos.

Que esa digamos “reconciliación” pudiera llegar a plasmarse en amistad, será una tarea más difícil considerando que la amistad es un sentimiento para mí quizás incluso más fuerte que el amor; porque uno se puede enamorar repentinamente de alguien, pero la verdadera amistad, no surge de inmediato. La amistad hay que trabajarla, la amistad hay que conquistarla y sobre todo y más difícil, la amistad hay que conservarla.
Amistad es compartir; acudir sin ser esperado; llamar sin ser llamado; sorprender donde no cabían sorpresas e incluso perdonar donde no cabía el perdón. Lo demás, es otra cosa.

No quisiera con estas letras, defraudar a nadie o que alguien pudiera sentirse  engañado. Todo lo contrario. Lo único que busco es que más tarde o más temprano, regresen la concordia, la educación, los buenos recuerdos, lo positivo en lo vivido y los deseos mutuos de éxitos y felicidad que tanto nos hacen falta empezando por uno mismo.
El camino, será difícil, tortuoso y lleno de dificultades; pero pienso que usando la voluntad como buen principio, un buen final llegará.

Tiempo al tiempo.

martes, 4 de noviembre de 2014

No hay distancias

Siempre se ha dicho que la distancia más corta entre dos puntos, es una línea recta. Si lo pensamos fríamente, es así. Pero ¿cómo mediríamos la distancia que separa cariños, amistades, o buenos sentimientos entre personas?

La cosa entonces, se torna mucho más compleja porque esa distancia, el tiempo transcurrido, las motivaciones, la propia vida y su devenir pueden ser inversamente proporcionales, a ese cariño, amistad o buenos sentimientos que se forjaron hacia esta o aquella persona.
Más de tres años han transcurrido ya desde aquella JMJ celebrada en Madrid y que sirvió como nexo de unión entre pueblos de todo el mundo que tenían como denominador común a ese Amigo que muchos llevamos dentro.

Aquello pudo ser un acto, una semana, un acontecimiento a nivel mundial, sin más.
Pero interiorizando, uno se da cuenta que fue mucho más.

Hemos tenido la suerte de reencontrarnos estos días con un hombre venido de muy lejos. Un hombre de bondad reflejada en el rostro. De sonrisa sincera, de sabias palabras y abrazos con sabor de amigo.
Su nombre es Patricio; su profesión, sacerdote; su procedencia, Islas Galápagos.

Y como no podía ser de otra forma, los buenos hombres se rodean siempre de buenas personas que lo acompañaron desde tan lejos.
El Padre Daniel, otra de esas personas que ni su barba puede esconder la bondad que lleva dentro. Recién ordenado como sacerdote, diría sin miedo a equivocarme, que dará mucho que hablar siempre para bien. Para mí ha sido un honor y un orgullo ser protagonista de su primera confesión. No fue necesario protocolo, templo, ni vestimentas. Dos sillas bastaron. De feligrés a sacerdote, de hombre a hombre, de amigo a amigo, gracias por un acto tan sencillo y hermoso que ha dejado en mí un recuerdo imborrable.

El padre Miguel, del que poco puedo hablar, por el poco tiempo que compartimos. Sólo diré que me transmitió sentimientos de humildad tan en desuso en los tiempos que corren y que yo valoro tanto en una persona.
Y por último, hablar de Génesis, es hablar de la más rabiosa juventud. De la sonrisa, la valentía, la educación y la dulzura de una mujer con ganas de conocer mundo, culturas y gentes. Los poquitos días que convivió con nosotros, los resumiría simplemente diciendo que ha sido como tener en casa una hija más. ¡No cambies nunca!.

No puedo olvidar tampoco una comida de despedida en un bar pequeñito engrandecido enormemente por una confraternización entre personas muy distintas. Personas de aquí y de allá que rieron, comieron y bebieron demostrando que la unión de las gentes y los pueblos, es posible. Que independientemente de lo que somos, valemos o aparentamos ser, si el fondo y la intención es buena, un mundo mejor siempre será posible.
A todos y cada uno de los que compartieron conmigo mesa y mantel, gracias por hacerme sentir como un hermano.

Las despedidas fueron entrañables; los abrazos, fuertes; los buenos deseos, compartidos.
Espero que todos estos días viajando por Europa y esas horas o días que han estado entre nosotros, hayan llenado sus equipajes de hermosos recuerdos.

Ahora, las distancias, vuelven a ser las mismas. Pero lo vivido y lo sentido, me han hecho ver que donde hay buena gente, no hay distancias por muchos océanos que nos separen.
















 ·        Dedicado al pueblo ecuatoriano representado en sus gentes de aquí y de allá, al que nos sentimos unidos por el cariño que siempre nos han demostrado a mí y a los míos.