"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

miércoles, 29 de octubre de 2014

Un hombre, una sonrisa

El pasado 25 de octubre, visité la Cadena Cope para asistir nuevamente al programa de Tiempo de Juego y a la vez disfrutar o padecer de un derby Madrid-Barça con toda la carga de adrenalina que ello conlleva.

Fue una tarde gloriosa en todos los sentidos. La compañía de los míos, un ambiente distendido, buen fútbol y triunfo de mi Madrid.

Añadamos a todo esto, la genialidad de esos monstruos de la radio que son Paco González, Pepe Domingo Castaño, Jorge Armenteros… etc. y sazonando aún más la tarde David Bustamante y Dani Martínez que nos provocaron más de una risa a todos los que allí nos habíamos congregado.

Pero hubo un detalle que me resultó enriquecedor como persona.
Un hombre de mediana edad llamó poderosamente mi atención, porque reflejaba en su rostro una felicidad que en aquel momento no llegué a comprender muy bien.

Un hombre sentado, de complexión fuerte, de mirada expresiva, se movía como un niño inquieto y ojos que no perdían detalle de todo lo que allí sucedía, se comentaba o se visualizaba.
Vi sonrisas en su cara, admiración, perplejidad y algún atisbo pasajero de decepción, tapado rápidamente por una nueva sonrisa.

Nada fuera de lo común, salvo porque este señor era aficionado del Barça y como compañera fiel tenía una silla de ruedas que suplía las dos piernas que le faltaban.
Toda una lección de superación, deportividad y ganas de vivir y disfrutar de “esas pequeñas cosas” que la vida nos ofrece.

Nos marchamos y dejamos atrás toda nuestra admiración hacia un hombre y su sonrisa.







miércoles, 22 de octubre de 2014

Fondo de ojos

Cuánto revuelo, paranoia y apocalípticas reacciones ha provocado un invisible y letal virus de nombre Ébola.
Cruce de acusaciones, bocas llenas con palabras que hablan de protocolos, dimisiones, procedimientos, riesgos, precauciones, pandemias que no llegaron ni a brote… y tantas y tantas cosas que hemos podido escuchar en todos los medios y formas de transmisión de la palabra y la imagen.

He dejado pasar unos días para posicionarme en una postura concreta alejado ya del lógico ímpetu o falta de objetividad que la inmediatez del caso me hubiera podido provocar.
Desde la tranquilidad actual que me inspira saber que la infectada por el virus se encuentra felizmente recuperada y la situación aparentemente está bajo control, sí que me apetece hacer una serie de consideraciones:

Lo principal para mí de todo este caso, es que la cifra o estadística de fallecidos por este virus, no se ha visto incrementada en una persona que ahora mismo se ve señalada por el dedo acusador de la insensatez seguramente de cualquier insensat@ que quiera desviar la raíz o responsabilidades de todo este asunto.
La vida humana, no tiene precio o no debería tenerlo y por ello, todos nos deberíamos congratular porque esta mujer pueda vivir para contarlo.

Todos sin excepción deberíamos de brindar por haber ganado esta batalla, que no la guerra, a este letal enemigo.
Porque hoy, no sólo debo y quiero acordarme de esta enfermera felizmente recuperada. Quiero acordarme también de los más de cuatro mil quinientos muertos que no pueden contar su experiencia; de los otros miles que aún luchan por su vida y como no, de todas las personas que de una u otra forma, ayudan o han ayudado a todos los afectados. Incluidos y muy especialmente, los dos misioneros españoles fallecidos cuya repatriación aún a día de hoy se critica y al personal facultativo y auxiliar que ha tratado y trata a Teresa..

España, siempre ha sido, es y seguramente será diferente.
Si hay algo que nos identifica a los españoles, es la improvisación. No actuamos con lógica, coordinación y criterio, hasta que ocurren las cosas. Tentamos demasiadas veces a la suerte y tienen que llegar catástrofes, accidentes o descuidos, para darnos cuenta que lo mismo que podemos prevenir el tiempo, podemos prevenir los hechos.

¿Cuántas veces hemos escuchado la mítica frase “…a partir de ahora…”?
Somos muy dados después a las críticas, exabruptos y reclamaciones desde todos los frentes. No importa quién o qué tiene razón; protestar y opinar, opinar y criticar, se dan la mano más allá de si el gobernante o responsable es de un color, orientación, capacidad o siglas de un partido.

Y luego está el asunto del perro, del famoso perro de nombre Excalibur, que más allá de ríos de tinta, formó mares de opiniones, contradicciones y sentimientos frustrados.
Independientemente de la opinión de los principales expertos sobre el tema de la infección por ébola que desaconsejaban su sacrificio sin un estudio previo de su estado, consecuencias y posible ayuda como instrumento de investigación en futuros casos, soy de la opinión de que aún estando en contra de su sacrificio, lo hecho, hecho está y no debemos darle más vueltas con nuevas manifestaciones callejeras en recuerdo y apoyo de su memoria, entre otras cosas, porque la concienciación sobre los animales en este país, se ha demostrado que es una batalla perdida.

Pero al mismo tiempo, hace poco, escuché a alguien decir con cierta indignación:

“Pero, por favor, si es sólo un animal”

Esto me hizo reflexionar al instante y aunque me sentí realmente en contra de esa afirmación, me alegro de haber dejado pasar el tiempo para reposadamente y transcurridos varios días, exponer también mi opinión con respecto a este tema.
Efectivamente, he llegado a la conclusión de que ese y todos los perros, no son más que animales. Afortunadamente, son animales. Gracias a Dios, son animales.

Porque si fueran personas, se verían expuestos a ser infectados por esos virus que sin ser mortales como el ébola, sí que son de una virulencia y agresividad extremas por su rápida propagación entre los que nos adjetivamos como “humanos”.
Virus como la hipocresía, el egocentrismo, la idiosincrasia, envidia, vanidad, soberbia, codicia y tantos otros, hacen del ser humano su huésped perfecto mientras que por el contrario, no tienen cabida en un animal como el perro.

Y para saber todo esto, nadie mejor que toda aquella persona que alguna vez tuviera uno como animal de compañía y lo tratara con dignidad.
Basta mirarle al fondo de los ojos para ver la pureza que encierra esa mirada.

Una mirada de agradecimiento, de respeto, de alegría en tus alegrías, de tristeza en tus lamentos, de compañía en tus soledades y de amistad verdadera simplemente por un poco de comida y una caricia perdida.
Y ahora, que levante la mano quien al mirarse en un espejo, encuentre todo eso en su propio fondo de ojos.

Yo, no.













viernes, 17 de octubre de 2014

Una rosa




En ocasiones, necesitamos una bofetada moral, un zarandeo mental o un empujón sentimental para darnos cuenta de lo que una vez fue y al perderlo, se echa de menos.
Ayer, una mujer lloró frente a un cristal. A los pies de ese cristal, depositó una simple y hermosa rosa; un pequeño detalle que encerraba recuerdos, cariños, enseñanzas y vivencias.

Al otro lado de ese cristal, el destinatario de su rosa, reposaba definitivamente vencido por ese enemigo implacable contra el que luchó sin cuartel durante años.
Es injusto morir joven; es injusto dejar sin consuelo a una mujer y unas hijas bañadas en lágrimas por mucho que ese enemigo te prepare para la derrota.

Pero incluso el dolor, enseña. Del dolor, se aprende.

Y en ese instante, frente a frente, aún siendo testigo la propia muerte, se volvieron a citar el profesor y la alumna; aquel que quiso y supo ser maestro, educador, compañero y amigo y una alumna que siempre lo llevará en su memoria.
Y es injusto ver cómo las lágrimas de esa mujer eran compartidas por tantos otros estudiantes que querían rendir una última visita, un último encuentro con ese profesor que quiso y supo ser maestro,  educador, compañero y amigo.

Yo no fui su alumno. Yo no fui su amigo, compañero o conocido; pero aunque quizás sea tarde, soy un hombre agradecido; agradecido porque parte de lo que hoy es esa mujer que lloraba frente a un cristal y que es mi hija, se lo debo a él. Parte de sus conocimientos, su educación, su saber estar ante el mundo y ante la vida, también se lo debo a él. Y parte de esas lágrimas, también las derramamos todas aquellas personas que queremos reconocer la extraordinaria labor que los profesores realizan en la formación de nuestros hijos.
Así que sólo puedo rendir mi humilde y sincero homenaje a un profesor cualquiera que con su muerte, me ha dado una enseñanza de vida.


Gracias Mariano, D.E.P.



* Dedicado a todos esas personas que más allá de una profesión, se convierten en educadores de mentes y conciencias. A tod@s, gracias de corazón.





miércoles, 8 de octubre de 2014

Pegado a ti

Del roce, pasamos al cariño; del cariño al amor; del amor, a una simbiosis entre admiración, complicidad y cierta dosis de dependencia.

Tanto tiempo juntos, tanto tiempo unidos, acarrea también desencuentros, frustraciones, nervios e incluso obsesiones.
Esa atracción inicial, esas sorpresas que siempre nos regala lo desconocido, ha dado paso a un modo costumbrista, a una rutina sin medida, a un sentimiento de querer y poder, para volver a querer, que se ha convertido en un círculo vicioso o espiral de un sinfín de idas y venidas que no conducen ya a ningún sitio.

Pensé que eras mi válvula de escape de toda olla a presión que nunca quiere explotar.
Pero he llegado a un punto, en el que quiero y debo reflexionar tranquilamente sobre el devenir de mi vida, de nuestra vida juntos.

Ese amor inicial que hemos compartido tantas y tantas veces, ha dado paso a una relación artificial, basada ya únicamente en nuestra vida en común, que sólo es eso ya, común.
Es hora de decir “basta”; basta ya de complejos, de miedos, de pensar en el qué dirán.

Por fin me siento con la valentía suficiente para proponerte un descanso; una separación temporal que pueda servir a ambos para ordenar ideas, restaurar conciencias, resetear costumbres y gozar de una cierta libertad que ambos habíamos perdido.
Por eso hoy, me atrevo a decirte que rozar tu piel con la yema de mis dedos, ya no me produce el mismo placer de antaño; que aunque te vistas con tus mejores galas, colores o provocaciones, mi hartazgo por ti, está comenzando a aflorar.

Creo que va siendo hora de no dormir a tu lado. De despegarme de esa rutina en la que se ha convertido nuestra convivencia. De dejar de escuchar conscientemente tus insinuaciones; de no acudir presto siempre a tus reclamos o llamadas.
En definitiva, me siento en la necesidad de volver a ser una persona normal sin adicción por tu Facebook, tu Whatsapp, tu email, tus fotos, Twitter o tantas posibilidades, como me ofreces en una simple caja de plástico con una pantalla abierta al mundo y con un nombre tan poco atractivo como el de Nokia.

La empresa no es fácil. Toda adicción, lleva implícita una dosis de dependencia tan grande, que es difícil cambiar hábitos. Pero si la voluntad es férrea, las intenciones claras y el objetivo nítido, creo que conseguiré más tarde o más temprano, no estar tan pegado a ti.