"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

viernes, 31 de enero de 2014

El lado oscuro



Que la tinta con la que escribo un simple borrador sea negra, no debería tener mayor o menor importancia. Lo que sí resulta más preocupante, es que aquello que plasmo, transmita sólo pensamientos de ese mismo color.

Quizás me giré bruscamente para dar la espalda al mundo que hasta hace poco pintaba en tonos más claros.

Puede que hubiera sido más inteligente capear temporales, defenderme de infundios y expresar opiniones, mirando de reojo en posición de perfil y dejando pasar asuntos por chicuelinas, verónicas y pases de pecho.

Pero si así lo hiciera, no sería yo y perdería mi identidad que será buena o mala, pero es mía.

No obstante, no se puede pelear contra el mundo, porque te acaba engullendo, amargando y hastiando y si tuviera enemigos, no debo darles la satisfacción de verme con la botella medio vacía.

Por todo ello, he decidido ponerme el traje y corbata de siempre, acicalarme hasta las cejas e insuflarme de aires positivos aunque el viento sople en contra. Si lo logro o no, sólo el tiempo lo dirá.

Que la fuerza me acompañe.




martes, 21 de enero de 2014

La noria

Siempre he pensado que esta vida es como una gran feria o un enorme conjunto de otras muchas por las que coexistimos todos.

Dentro de la feria que por proximidad me ha tocado vivir existe, como en todas, una noria gigante que gira y gira repleta de cabinas y personas al ritmo de sus vidas.

En esa cabina que me asignaron al subir, suben conmigo los míos; los de casa y los que viven un poco más allá siendo familia o aquellos que sin serlo, los siento como si lo fueran.
 
También suben conmigo todos aquellos verdaderos amigos o que sin haberlos abrazado nunca, en la distancia me han demostrado serlo.

Alguien podría preguntarme qué entiendo yo por amistad.

Me resulta fácil y a la vez muy complejo definirla desde un punto de vista práctico.

Amistad es echar de menos, amistad es reír y llorar juntos; es estar cerca en un brindis y aún más cerca en una pena; recordar con alegría una charla o unas copas; sentir que ese amigo me aporta todas aquellas cosas que a mí me faltan o sentir que sirvo de utilidad a aquel que está al otro lado.

Pero una amistad se tambalea cuando sus cimientos no se sustentan en algo primordial en cualquier relación: EL RESPETO.

Considero que no es respeto catalogar a las personas por sus ideologías, creencias o vestimentas de color rojo, azul, verde o negro y generalizar por ello positiva o negativamente.

No es respeto el ataque sistemático y herir sensibilidades de aquellos que tenemos la suerte por ejemplo, de conservar una fe, escudándose y amparándose en la libertad de expresión en un lugar particular de la red, “abierto al público en general”.

Porque una cosa es compartir, opinar, debatir y confrontar ideas y otra muy diferente, generalizar atacando siempre a los mismos y dando pie a comentarios verdaderamente salvajes, hirientes y faltos de toda lógica o sentido.

Nunca me gustó la confrontación; nunca me atrajo la discusión; nunca quise polémicas, ni divertirme con ellas y siempre he tendido la mano a cualquiera que no comulgara con mis ideas. Todo desde el respeto y el cariño que he querido conservar, cuando no, aumentar.

También, desde la crítica constructiva y hablando abiertamente o en particular con cada uno de esos amigos que con sus comentarios, publicaciones o ideas compartidas, herían mi sensibilidad como persona.

Pero llega un punto en el que ya me canso de poner mejillas; me canso de enfados, rabietas y pensamientos negativos. Me canso de insomnios, de dudas y negros augurios y de tener que defender lo que con respeto no necesitaría ser defendido.

Lástima que las palabras y las ideas me lleven a pensar que no puedo ser amigo de quien con sus acciones me demuestra que no quiere serlo e invitarle amablemente a que abandone su lugar en esa noria.


Lástima.




sábado, 18 de enero de 2014

Nubes y claros


No, no he decidido jugar a meteorólogo por mucho que me guste mirar cielos, escuchar vientos o empaparme de lluvias.

Mi ánimo, quizás no esté ahora en su mejor momento o altivez de miras. Es un comienzo de año realmente difícil, continuación de un año para olvidar.

Malos augurios parece que se colaron por debajo de la puerta sin ser invitados.

A la partida realmente anunciada de esa amiga mía, nuestra, de todos, se ha unido ahora una escena de película vestida de drama y final incierto.

Se hace duro ver como un martes cualquiera, una niña abraza a una madre trabajadora consolándola por ese empleo que un empresario ha decidido finiquitar sin miramientos, antigüedades, contrato indefinido, ni situación personal o familiar.

¿De qué sirvieron tantos años de esfuerzos, preocupaciones, malestares, insatisfacciones y presiones por un miserable sueldo? Quizás de nada, pero para mí, de mucho.

Porque ese empresario, ha podido despedir a una persona, ha podido echar por tierra años y años de duro trabajo, pero se olvidó que nunca puede enterrar el orgullo de todo aquel trabajador que saliendo por la puerta del trabajo, puede hacerlo con la cabeza muy alta por la satisfacción del deber cumplido.

Me siento orgulloso de esa trabajadora, me siento orgulloso de su lucha, de esas noches sin dormir, de sus éxitos, de sus frustraciones, de no arrojar nunca la toalla, de su aguante ante el paso de carros y carretas, de su compañerismo, de su bondad.

En definitiva, me siento orgulloso de esa mujer; mi mujer.

Y sólo puedo decirle que si hoy vemos nubes, seguro que pronto volveremos a ver claros, porque nada ni nadie puede borrarnos una sonrisa, ni dejará de escucharse una hermosa canción.

   

sábado, 11 de enero de 2014

Lloverán sonrisas


No sabía qué escribir; no sabía qué expresar. Se amontonan las ideas, los recuerdos, las palabras.

Muchos borradores, tirados a la papelera del olvido. Y no me he dado cuenta hasta ahora, que bastaba con mirar una fotografía para que los sentimientos fluyeran como un enorme torrente de aguas cristalinas.

Se ha marchado en silencio, se ha marchado en paz. Se ha ido de puntillas casi sin despedirse. Pero, mejor así.

Han sido años de lucha, de dolor, de sufrimientos indecibles con una vaga esperanza de vencer al invencible. 

Y siempre con una sonrisa para disimular ese mal que le comía las entrañas.

Hasta el último momento, su ruego era que nadie pensara que fue cobarde en el último asalto del combate.

¿Cobarde?

Daría media vida por tener su valentía, su arrojo ante la adversidad, su lucha ante lo imposible.

Hace escasos minutos que me han comunicado su marcha hacia ese viaje que todos algún día deberemos iniciar y no por esperada, la noticia ha dejado de entristecerme en lo más hondo, provocándome un sinfín de sentimientos contrapuestos, porque muy en el fondo, sé que la muerte sin proponérselo, ha borrado de un plumazo todos sus sufrimientos.

Pero por otro lado, me siento huérfano de sonrisas, huérfano de confidencias de hospital, huérfano de su entereza ante un futuro negativamente cierto y huérfano de esa paz, convicción y claridad de ideas ante aquello que a la mayoría de los mortales aterroriza.

Nunca creyó en dioses, religiones, ni creencias. Pero nunca tampoco la escuché maldecir la fe que le faltaba, ni culpar a nada ni nadie por su adversidad.

Creyó en sí misma y en todo aquel que supiera y quisiera ser su amigo.

Yo hoy, más que nunca, puedo enorgullecerme de haberlo sido. Ha sido un honor, compartir con ella, charlas, cerveza y alma.

Y aunque ahora ya no esté entre nosotros, sé positivamente que si miro al cielo, otro ángel brindará conmigo por un futuro mejor y lloverán sonrisas.

Con todo el cariño que un amigo puede dar, te deseo lo mejor en ese hermoso viaje que ahora inicias y en el que no estarás sola, porque llevas contigo el mayor de los abrazos de esta humilde familia que siempre te ha querido y nunca te olvidará.  
  

Hasta siempre, Coral.

D.E.P.






* En memoria de Coral y homenaje a los suyos, con todo el cariño y respeto de la familia Zarco-Bellón.






Cuatro años y una pluma






Un once de enero de 2010, abrí de par en par las puertas de este Café, con más miedo que ilusión; con más vergüenza que atrevimiento y sin tener muy claro el verdadero sentido que quería darle a este local.

Las intenciones, invenciones y ocurrencias, pronto se fueron marcando letra a letra, café a café, comentario a comentario.

Poco a poco y casi sin querer, este pequeño rincón se fue convirtiendo en un lugar de reunión de gentes, de culturas, de ideas, de paisajes.

Humores, tristezas, soledades, vivencias y pedacitos de alma, han ido marcando muescas de guerra y paz en su viejo mostrador.

He pretendido siempre mostrarme tal cual soy. Tan buenamente malo, o tan malamente bueno, pero con total sinceridad en uno u otro sentido.

Por esta puerta, han pasado clientes de todo tipo. Desde aquellos que asoman la cabeza y distraídamente se marchan casi sin dejar rastro, hasta aquellos otros habituales que siempre encuentran unos minutos de sus vidas para perderlos entre sorbo y sorbo de un aromático café.

Incluso por aquí han pasado clientes vestidos de amistad, de buenas intenciones, de grandes palabras de ánimo y complicidad con este humilde escribiente, que no escritor y que repentinamente dejaron de tomar una copa entre abrazos, risas y comprensiones sin más excusa que un extraño y para mí, incomprensible silencio, pero de los que aprendí también que la vida muchas veces sólo es un gran teatro.

A todos sin excepción, sólo puedo dar las gracias porque de una u otra forma, me han enriquecido como persona, siendo éste uno de los motivos principales por los que me animo a escribir.

También, pedir perdón a los que haya podido decepcionar, que seguramente también los hubo. Nunca fue mi intención.

Debo confesar que al cumplirse estos cuatro años, se me ha planteado la disyuntiva de elegir entre cerrar este “negocio” definitivamente y conservarlo sólo para uso o desuso particular, o por el contrario, continuar en la línea que inicié un día como hoy y que tanto cariño, alegrías y también decepciones, me han tatuado la piel.

Y ha tenido que ser un Rey Mago de esos que dicen que no existen, el que me despejara dudas y bajo un hermoso papel de regalo, mostrarme que el mundo, sus vivencias, sus alegrías, sus tristezas y su día a día, podían seguir siendo escritas, sentidas y expresadas, con la tinta de una hermosa pluma estilográfica.

A ese maravilloso Rey Mago al que le debo tantos y tantos besos, a los míos y a todos los que fuisteis, sois y seréis parte de este Café del Swing, gracias.