"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

jueves, 13 de noviembre de 2014

Tiempo al tiempo


Dos horas, dan el suficiente tiempo para reflexionar; interiorizar en uno mismo y buscar respuestas a muchos interrogantes.
Interrogantes que parten de certezas, de errores, de convicciones y de hechos que por sorpresivos, dejan la mente fría y el corazón caliente y en ocasiones como ésta, en mi caso y ahora, justo al contrario.

De un tiempo a esta parte, vivo en un mar de dudas; primero, conmigo mismo. Tempestades, nubarrones, vientos racheados, desconfianzas, desidias, conjeturas, aburrimiento, rutina, malestar físico y un largo etcétera, están imprimiendo en mí un carácter peleado a doce asaltos con lo que siempre he intentado ser.
Y ese combate, después de mucho meditarlo, he pensado que es hora de acabarlo y ganarlo por k.o.

No puedo dejar pasar horas, días o devenir de acontecimientos. No debo esperar reacciones, cambios, o situaciones diferentes para buscar ese mar en calma, esa vuelta a la normalidad que todos necesitamos encontrar de vez en cuando.
¿Cómo puedo buscar, pedir o reclamar la paz del mundo si no puedo pacificar mis propios pensamientos o ideas?

Esa persona actual, no soy yo; es otro parecido que ha llamado la atención y extrañeza de gente cercana e incluso de algunas otras que en la lejanía se preguntan por mi cambio de actitud, cuando antes nunca lo habían hecho.
Todos sufrimos altibajos, decepciones, malas rachas, sinsabores y en general, golpes morales que influyen en nuestra forma de ser y actuar.

Pero nunca debieran servirme de excusa para apartar de un plumazo historias de bondades, reconocimientos, compañerismos, risas, reuniones o brindis, por mucho que alguien o las circunstancias, merezcan ser marcados con el sello de la indiferencia a ojos de la mayoría, incluido yo.
No puedo hacerlo, porque sería traicionarme a mí mismo y mis creencias. Sería hipócrita por mi parte traicionar aquello en lo que siempre he querido creer aunque la realidad de la vida misma se empeñe en demostrarme que no es así.

 Me debo obligar a creer en la bondad natural del hombre. No creo que nadie haya nacido con la perspectiva de ser o comportarse como una persona necia, falsa, con harapos de cordero o traición en la mirada. Pienso que nadie nace con ansias de confrontación o de causar daño a los demás.
Debo pensar que nadie está libre de ofuscarse, de equivocarse, de contradecirse asimismo. Porque en esta vida, que tire la primera piedra quien nunca haya cometido un gran error.

El tiempo, debería ser el único juez que nos pusiera a cada uno en nuestro lugar.
Por eso, hoy quiero volver a abrir los brazos, estrechar manos y volver a mirar a los ojos de las personas que están sembrando en mí mares de dudas. Pasar en cierto modo página de esas pequeñas historias negras que sólo emponzoñan la buena voluntad y el sentir bondadoso de los que intentamos en mayor o menor medida ser recordados algún día como tipos que en el fondo no éramos tan malos.

Que esa digamos “reconciliación” pudiera llegar a plasmarse en amistad, será una tarea más difícil considerando que la amistad es un sentimiento para mí quizás incluso más fuerte que el amor; porque uno se puede enamorar repentinamente de alguien, pero la verdadera amistad, no surge de inmediato. La amistad hay que trabajarla, la amistad hay que conquistarla y sobre todo y más difícil, la amistad hay que conservarla.
Amistad es compartir; acudir sin ser esperado; llamar sin ser llamado; sorprender donde no cabían sorpresas e incluso perdonar donde no cabía el perdón. Lo demás, es otra cosa.

No quisiera con estas letras, defraudar a nadie o que alguien pudiera sentirse  engañado. Todo lo contrario. Lo único que busco es que más tarde o más temprano, regresen la concordia, la educación, los buenos recuerdos, lo positivo en lo vivido y los deseos mutuos de éxitos y felicidad que tanto nos hacen falta empezando por uno mismo.
El camino, será difícil, tortuoso y lleno de dificultades; pero pienso que usando la voluntad como buen principio, un buen final llegará.

Tiempo al tiempo.

4 comentarios:

Jorge Donato dijo...

Hay que dejar a un lado lo malo, lo negativo, pasar página e intentar que quienes por algún motivo fueron objeto de discusión, lleguen a comprender que todo quedó atrás, y aunque como dices no llegue nunca a ser la amistad de antes, poder llegar a una cordialidad sostenida. Todos pasamos por malos momentos, y es inevitable que nuestro carácter se torne áspero, pero de igual manera llega un buen día en le que necesitamos revertir esa situación. Un fuerte abrazo Luismi.

luismi dijo...

Sabios consejos de situaciones cotidianas que acumuladas nos saturan y debe llegar un momento de reflexión y pensar en tirar pa'lante de la forma que mejor sabemos hacer y que no es otra que seguir siendo nosotros mismos. Gracias por tu comentario Jorge.

Un fuerte abrazo.

Misivo dijo...

Interesante entrada la de hoy.
Has tocado dos temas interesantísimos: el tiempo y la amistad. ¡Cuánto de qué hablar!
Cada persona es un mundo. Y el mundo de cada uno es tan particular y complejo, que falta tiempo hasta para el sí mismo. Lo demás es acompañamiento musical o de baile.

¡A ver si algún día quedamos de discoteca!
Un fuerte abrazo.

luismi dijo...

Te tomo la palabra esa de quedar de discoteca, jejeje.

Abrazos.