"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

viernes, 17 de octubre de 2014

Una rosa




En ocasiones, necesitamos una bofetada moral, un zarandeo mental o un empujón sentimental para darnos cuenta de lo que una vez fue y al perderlo, se echa de menos.
Ayer, una mujer lloró frente a un cristal. A los pies de ese cristal, depositó una simple y hermosa rosa; un pequeño detalle que encerraba recuerdos, cariños, enseñanzas y vivencias.

Al otro lado de ese cristal, el destinatario de su rosa, reposaba definitivamente vencido por ese enemigo implacable contra el que luchó sin cuartel durante años.
Es injusto morir joven; es injusto dejar sin consuelo a una mujer y unas hijas bañadas en lágrimas por mucho que ese enemigo te prepare para la derrota.

Pero incluso el dolor, enseña. Del dolor, se aprende.

Y en ese instante, frente a frente, aún siendo testigo la propia muerte, se volvieron a citar el profesor y la alumna; aquel que quiso y supo ser maestro, educador, compañero y amigo y una alumna que siempre lo llevará en su memoria.
Y es injusto ver cómo las lágrimas de esa mujer eran compartidas por tantos otros estudiantes que querían rendir una última visita, un último encuentro con ese profesor que quiso y supo ser maestro,  educador, compañero y amigo.

Yo no fui su alumno. Yo no fui su amigo, compañero o conocido; pero aunque quizás sea tarde, soy un hombre agradecido; agradecido porque parte de lo que hoy es esa mujer que lloraba frente a un cristal y que es mi hija, se lo debo a él. Parte de sus conocimientos, su educación, su saber estar ante el mundo y ante la vida, también se lo debo a él. Y parte de esas lágrimas, también las derramamos todas aquellas personas que queremos reconocer la extraordinaria labor que los profesores realizan en la formación de nuestros hijos.
Así que sólo puedo rendir mi humilde y sincero homenaje a un profesor cualquiera que con su muerte, me ha dado una enseñanza de vida.


Gracias Mariano, D.E.P.



* Dedicado a todos esas personas que más allá de una profesión, se convierten en educadores de mentes y conciencias. A tod@s, gracias de corazón.





4 comentarios:

Airblue dijo...

Sí, Luismi, del dolor se aprende y si la pérdida es de alguien joven, es tan profundo que tarda en cicatrizar y a veces ni eso, te deja una especie de queloide en el alma que permanece siempre.
Esa rosa estaba llena de agradecimiento. Estoy segura.
Un abrazo para tu niña y para ti.

luismi dijo...

Muchas gracias amiga. Un abrazo de ambos para tí.

Azzul. dijo...

Bien por esa rosa.
Un abrazo¡¡

luismi dijo...

Otro para tí.