"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

miércoles, 22 de octubre de 2014

Fondo de ojos

Cuánto revuelo, paranoia y apocalípticas reacciones ha provocado un invisible y letal virus de nombre Ébola.
Cruce de acusaciones, bocas llenas con palabras que hablan de protocolos, dimisiones, procedimientos, riesgos, precauciones, pandemias que no llegaron ni a brote… y tantas y tantas cosas que hemos podido escuchar en todos los medios y formas de transmisión de la palabra y la imagen.

He dejado pasar unos días para posicionarme en una postura concreta alejado ya del lógico ímpetu o falta de objetividad que la inmediatez del caso me hubiera podido provocar.
Desde la tranquilidad actual que me inspira saber que la infectada por el virus se encuentra felizmente recuperada y la situación aparentemente está bajo control, sí que me apetece hacer una serie de consideraciones:

Lo principal para mí de todo este caso, es que la cifra o estadística de fallecidos por este virus, no se ha visto incrementada en una persona que ahora mismo se ve señalada por el dedo acusador de la insensatez seguramente de cualquier insensat@ que quiera desviar la raíz o responsabilidades de todo este asunto.
La vida humana, no tiene precio o no debería tenerlo y por ello, todos nos deberíamos congratular porque esta mujer pueda vivir para contarlo.

Todos sin excepción deberíamos de brindar por haber ganado esta batalla, que no la guerra, a este letal enemigo.
Porque hoy, no sólo debo y quiero acordarme de esta enfermera felizmente recuperada. Quiero acordarme también de los más de cuatro mil quinientos muertos que no pueden contar su experiencia; de los otros miles que aún luchan por su vida y como no, de todas las personas que de una u otra forma, ayudan o han ayudado a todos los afectados. Incluidos y muy especialmente, los dos misioneros españoles fallecidos cuya repatriación aún a día de hoy se critica y al personal facultativo y auxiliar que ha tratado y trata a Teresa..

España, siempre ha sido, es y seguramente será diferente.
Si hay algo que nos identifica a los españoles, es la improvisación. No actuamos con lógica, coordinación y criterio, hasta que ocurren las cosas. Tentamos demasiadas veces a la suerte y tienen que llegar catástrofes, accidentes o descuidos, para darnos cuenta que lo mismo que podemos prevenir el tiempo, podemos prevenir los hechos.

¿Cuántas veces hemos escuchado la mítica frase “…a partir de ahora…”?
Somos muy dados después a las críticas, exabruptos y reclamaciones desde todos los frentes. No importa quién o qué tiene razón; protestar y opinar, opinar y criticar, se dan la mano más allá de si el gobernante o responsable es de un color, orientación, capacidad o siglas de un partido.

Y luego está el asunto del perro, del famoso perro de nombre Excalibur, que más allá de ríos de tinta, formó mares de opiniones, contradicciones y sentimientos frustrados.
Independientemente de la opinión de los principales expertos sobre el tema de la infección por ébola que desaconsejaban su sacrificio sin un estudio previo de su estado, consecuencias y posible ayuda como instrumento de investigación en futuros casos, soy de la opinión de que aún estando en contra de su sacrificio, lo hecho, hecho está y no debemos darle más vueltas con nuevas manifestaciones callejeras en recuerdo y apoyo de su memoria, entre otras cosas, porque la concienciación sobre los animales en este país, se ha demostrado que es una batalla perdida.

Pero al mismo tiempo, hace poco, escuché a alguien decir con cierta indignación:

“Pero, por favor, si es sólo un animal”

Esto me hizo reflexionar al instante y aunque me sentí realmente en contra de esa afirmación, me alegro de haber dejado pasar el tiempo para reposadamente y transcurridos varios días, exponer también mi opinión con respecto a este tema.
Efectivamente, he llegado a la conclusión de que ese y todos los perros, no son más que animales. Afortunadamente, son animales. Gracias a Dios, son animales.

Porque si fueran personas, se verían expuestos a ser infectados por esos virus que sin ser mortales como el ébola, sí que son de una virulencia y agresividad extremas por su rápida propagación entre los que nos adjetivamos como “humanos”.
Virus como la hipocresía, el egocentrismo, la idiosincrasia, envidia, vanidad, soberbia, codicia y tantos otros, hacen del ser humano su huésped perfecto mientras que por el contrario, no tienen cabida en un animal como el perro.

Y para saber todo esto, nadie mejor que toda aquella persona que alguna vez tuviera uno como animal de compañía y lo tratara con dignidad.
Basta mirarle al fondo de los ojos para ver la pureza que encierra esa mirada.

Una mirada de agradecimiento, de respeto, de alegría en tus alegrías, de tristeza en tus lamentos, de compañía en tus soledades y de amistad verdadera simplemente por un poco de comida y una caricia perdida.
Y ahora, que levante la mano quien al mirarse en un espejo, encuentre todo eso en su propio fondo de ojos.

Yo, no.













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