"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

martes, 30 de septiembre de 2014

Un abrazo



Lo reconozco, soy hombre de abrazos. Sin connotaciones sexuales que pudieran dar lugar a dudas.

Porque a un abrazo sincero, precede una sonrisa. Porque un abrazo, une cuerpos de seres queridos; realza alegrías; acompaña y mitiga tristezas; rememora recuerdos, engrandece saludos y acaricia despedidas.

En un abrazo, sobran las palabras y los gestos. Hace sentir amistades, disipar engaños y silenciar frases consabidas.

Nunca rechazaré un abrazo amigo; mis brazos siempre estarán abiertos a buenas voluntades.

Llenaré con ellos alforjas de buenos sentimientos y no permitiré sacos rotos por donde dejar escapar lo que pudo haber sido y no supe hacer que fuera.

Me falta dinero a veces, no me sobran las riquezas, pero si contara por centavos la felicidad que cada abrazo me inspira, quiera Dios nunca cambie cada uno de esos gestos por viles monedas falsas.

Por hoy, me despido. Mi mente, no da para más. Si eres hombre, me aprecias y te encuentras en mi camino, no dudes en abrazarme, golpear fuerte mi espalda y decirme hola y adiós con promesas de mañanas.

Y si por fortuna eres uno de esos maravillosos seres con forma de mujer, tampoco dudes en hacerlo; acurrúcame entre tus brazos y como a un niño pequeño, acarícialo con dulzura y salúdalo sin rubor.

Nada más, un abrazo.


martes, 23 de septiembre de 2014

Repoker de amigos

Parece que fue ayer y va camino ya de cinco años que este Café del Swing abrió sus puertas con el miedo a lo desconocido de alguien como yo que más como un juego, divertimento o curiosidad, se inició en este mundillo bloguero al cual me honro pertenecer.

Ha llovido mucho desde entonces; muchas han sido las historias, vivencias, pensamientos y sentimientos que una pequeña parte de mi cerebro ha querido procesar y plasmar en cada entrada de este humilde blog.

Por él ha pasado gente de todo tipo, condición y opinión, que con sus comentarios públicos o no, han dejado un granito de arena que poco a poco han ido formando la razón de ser de que aún hoy, un servidor, se atreva a seguir contando lo que en su mente ocurre o discurre.

Diversa gente me pregunta si merece la pena abrirse al mundo de esta manera.

Desde mi punto de vista, sólo puedo dar un sí rotundo a esa pregunta.

Soy de la opinión de que quien escribe algo, es porque antes lo pensó. Si lo pensó es porque tuvo una iniciativa, intuición o vivencia y si tuvo todo eso, es porque pertenece a esa clase privilegiada de personas que se sienten y quieren sentirse vivas con algo más que el discurrir de los días.

Recuerdo que al principio, pensaba que yo no era nadie en esto de las letras y que más que un proyecto de escritor, era más un simple escribiente o “escribidor” como me gusta más definirme. Curiosamente, al cabo de estos años, sigo pensando exactamente igual.

Como dirían Les Luthiers, sólo soy un mero, un mero… un mero,  al compararme con verdaderos talentos que llevan su creatividad a límites que yo ni en sueños seguramente, llegue jamás a alcanzar.

He tenido la suerte de conocer a varios de estos últimos de una manera virtual. Leyendo o releyendo sus textos, poesías o relatos, he llegado a teletransportarme a otros mundos o sentimientos, por el módico precio de una simple lectura a través de una pantalla de ordenador.

Pero como la vida, aunque no quiera reconocerlo, me trata bien, he tenido y tengo la inmensa fortuna de haber conocido personalmente también a algunos de ellos.

No sé o no recuerdo bien si fue antes la casualidad, los contactos en común, o simplemente el destino con final feliz, los que durante estos años me han llevado a unirme especialmente a cuatro personas por las que siento un especial cariño, simpatía y admiración.

Pudiera deducirse que pensamos, sentimos, o creemos en lo mismo. Nada más alejado de la realidad. Ni por ideologías, creencias, proximidad en tiempo y espacio, seguramente se nos podría incluir dentro del mismo grupo.

Pero nunca mejor que en este caso, creo que los polos opuestos, se atraen. Y voy más allá. Creo que la riqueza de conocimientos, está en la conjunción y diversidad de opiniones que cada uno de nosotros pueda aportar a algo tan hermoso como lo que creo en mi modesta opinión que ha surgido en estos años:

Amistad

De una hipotética coctelera en la que pudiéramos mezclar las edades, experiencias, ideas, ideologías, creencias e inquietudes de cada uno de nosotros, me queda además de esa amistad, un enriquecimiento cultural que en los tiempos que corren, debo guardar como un tesoro.

Podría hacer una síntesis de cada uno de los blogueros de los que hablo, pero sería injusto y poco objetivo precisamente por esa amistad que me une a ellos.

Pero como también los que me conocen saben que si callo algunas cosas reviento, no me queda más remedio que resumir qué me dice cada uno de estos nombres:


Mónica Pérez (Mi niña grande): empezaré hablando por ella, por dos razones principales. Primero, porque sin ninguna duda, es la más guapa del grupo. Y segundo, porque a pesar de los años, me gusta seguir siendo un caballero aunque a veces eso me haga parecer que se me paró el reloj. Comenzamos nuestra andadura bloguera casi a la vez y rápidamente me cautivó su dulzura  (con una de sus primeras entradas en las que hablaba de unas maravillosas chuches) y su forma de escribir. Pero que nadie se equivoque, que también sabe ser férrea y dura a pesar de su juventud. Creo que es una gran escritora a descubrir aún por ella misma y como persona y mujer, sobran las palabras.

Jesús Pérez (Suso): hombre con una sensibilidad especial en sus letras y en sus actos. Si lo ves en fotografía, rápidamente piensas: “tiene cara de buena persona” y cuando lo tienes frente a frente… te das cuenta de que estabas completamente equivocado; es aún mejor. Recuerdo especialmente una llamada suya para darme su apoyo en momentos difíciles. Actos así, no se olvidan a pesar de mi memoria de pez globo. Gracias a él fue posible este encuentro. Si no se llega a casar… (no me cansaré de agradecérselo).

Alfonso Baró (Sombragris) : quizás sólo nos una sin ninguna duda, nuestra devoción por el maestro Knopfler. Por lo demás, los que me conocen, podrían pensar: ¿pero tú con quién te juntas?. Pues me junto con un gran señor, fiel a sus ideas o creencias. Un tipo con una creatividad sorprendente. Un caballero que habla y sabe escuchar. Una persona por la que siento un aprecio especial y me honro en tenerlo como amigo. Alguien que un día en un acto de valor incalculable, puso música y voz a unas letras que escribí y unos sentimientos que plasmé. Lo único que no le puedo perdonar a este hombre, por lo demás, es que tenga el pelo más largo que yo.

Miguel Vivas (El Vivas): lo conozco desde que hace ya unos cuantos años lo descubrí subido a un escenario junto a sus compañeros de El Desván del Duende. Desde entonces, lo he seguido y perseguido como músico y como persona. Un escritor y compositor de esos que me dejan con mucha miel en los labios aunque desde mi ignorancia poética, no haya sabido muchas veces descifrar. Regocijante creador de “polémicas”, reconozco que alguna vez me sacó de mis casillas y me lancé a su yugular. Pero quizás precisamente por eso, es uno de esos tipos por los que he luchado y lucho por ser su amigo y creo que voy consiguiéndolo. Se me puso entre ceja y ceja y en ese caso, amigo Vivas, no tienes nada que hacer.

El hecho es que gracias a un blog, a ciertas ganas de escribir y de acertar más o menos en lo que quería decir o expresar, el cómputo de buena gente por la que siento y me hacen sentir una amistad personal, aumentó hasta convertirse en un hermoso repóker de amigos blogueros.


A Mónica (La Persistencia de la memoria),  Suso (El Horizonte dormido), Alfonso (Desde mi azotea),  y Miguel (Palabrafernalia)…

Gracias por vuestras letras, gracias por vuestra amistad.







P.D. Amigo lector, te aconsejo que si te gusta la buena música, escuches como se merece esa hermosa canción que sirve como fondo a esta historia. Gracias.





miércoles, 17 de septiembre de 2014

Duelo al sol


Eran las cuatro y cinco de la madrugada de hoy mismo, cuando regresaba a casa. Como siempre, colgada a la espalda, mi inseparable mochila. En su interior, un cargador de móvil, dos libros, un cuaderno y un bolígrafo.
Las calles mojadas por una fina lluvia que en esos momentos quiso respetarme pues no llevaba paraguas.

El silencio, casi absoluto, sólo interrumpido por el zumbido de algún aparato eléctrico de quién sabe dónde y para qué.
Llegando a la plaza del Ayuntamiento, me percato que mi soledad tocó a su fin.

A unos cien metros, adiviné en la oscuridad de la noche, una silueta. No me extrañó su aspecto; tampoco me asustó su corpulencia; pero sí que llamó poderosamente mi atención su forma de caminar. Lo hacía en absoluto silencio, con pasos cortos, mecánicamente estudiados. Lo asemejé en un principio, a los pasos breves y precisos de un patinador avezado. Pero no podía ser; ¿a las cuatro de la mañana un patinador en mi ciudad? Deseché esa idea.
De repente, sin previo aviso, se detuvo y cambiando su orientación quedó mirándome fijamente en actitud amenazante.

“Enano de mierda”, pensé (con todos mis respetos hacia los no afortunados en altura). “No levanta un palmo, y se me pone chulo al estilo forajido en un hipotético duelo al sol o por un puñado de dólares” “Pero si es de noche y aquí tenemos euros, pasmao”.

Como de un sueño, algo de lucidez volvió a mí y al pasar a su altura sonreí con un único pensamiento:

“Luismi, tu cuerpo vacacionó, pero tu mente sigue necesitando un  descanso urgente”.














martes, 9 de septiembre de 2014

Diálogo nocturno


-      Buenas noches Luismi ¿cómo estás?”

-      Hola, ¿quién eres?

-      ¿Ya no te acuerdas de mí?

-      ¡Esa voz, esa voz…! ¡Hola amiga, cuánto tiempo sin escucharte!. Pues yo, como siempre; no me tendría que quejar, pero suelo hacerlo.

-      No cambiarás no; siempre tan positivamente pesimista,  jejeje.

-      ¡Cómo me conoces!

-      Como si te hubiera parido.

-      Me alegra mucho escuchar tu voz, ¿ocurre algo para que quieras hablar conmigo a estas horas?

-      No, simplemente quería charlar un rato porque últimamente por informaciones que tengo, parece que andas un pelín preocupado ¿me equivoco?

-      No lo sé amiga; no eres la primera que me lo pregunta. Pero te puedo asegurar que no me pasa nada tan importante como para dar una imagen tan diferente a la buena o mala que tengo habitualmente. Deben de ser cosas de la edad, rachas que van y vienen o yo qué sé. No siempre uno está con el mismo humor y las ganas de hacer felices a los demás, que intento tener.

-      Me alegra saber que no te pasa nada. Ya sabes que si algo te preocupa o te puedo ayudar, puedes contar conmigo.

-      Ya lo sé. Muchas gracias. Si te parece, otro día charlamos más tranquilamente. Ahora es muy tarde, estoy muy cansado y sólo tengo ganas de dormir.

-      Buenas noches, sé que dormirás tranquilo y te deseo que tengas unos felices sueños querido Luismi.

-      Muchas gracias, mi querida Conciencia. Buenas noches.





martes, 2 de septiembre de 2014

La viajera

Fue su voluntad que una parte de él reposara allende los mares. Siempre miraba el horizonte; siempre miró más allá del mar. Quizás atisbaba a lo lejos lo que en poco tiempo ya, se convertirá en su lejana morada de la tierra que lo vio nacer.
Esta vez, él no dirige la marcha; esta vez, se deja llevar. Debe cruzar cielos y tierras para descansar por fin a miles de kilómetros de aquí.
La empresa para tan larga travesía, no resulta fácil y aún menos para aquella que siempre lo acompañó hasta sus últimos instantes. Una mujer que llegado el momento, deja traslucir la tensión, los sentimientos y cierto miedo a un solitario y larguísimo viaje para cumplir con su cometido como esposa y fiel compañera.
Su voluntad es firme, su responsabilidad también y su claridad de ideas, no dejan lugar a ninguna duda. Pero aún dentro de una aparente fortaleza interior, llegado el momento de la partida, afloran miedos, inseguridades, temores y lágrimas.
No se le puede reprochar; todo lo contrario. Quien ahora debe conducir su destino, es ella misma. Quizás sienta soledad, quizás pueda sentir incomprensión y miles de dudas. Pero por encima de todo, debe cumplir promesas y obligaciones.
Quizás no lo sepa, pero en ese largo viaje, no va sólo acompañada por unas últimas voluntades. Con ella vamos también todos aquellos que de una u otra forma hemos sido y somos viajeros de buenos sentimientos hacia aquel que sin dejarnos, ya no está con nosotros.
Mi deseo para esa viajera, es que cuando regrese y la abrace, todos sus miedos, todas sus tristezas de hoy, abran paso a la serenidad y tranquilidad que siempre nos da la satisfacción del deber cumplido.