"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

martes, 30 de diciembre de 2014

Esperanza


Típico y tópico es que llegadas estas fechas hagamos balance del año. Quisiera poder decir que ha sido un año bueno, quisiera poder decir que se cumplieron todas mis expectativas o que ha sido mejor que el anterior. Pero sinceramente, no puedo hacerlo. Es otro año más que me abandona con un sabor más agri que dulce.
Un año que me deja grabadas ausencias amigas, físicas y morales; decepciones profundas; dolores ajenos que me rozan en cercanía y un sentimiento de vivir en un mundo convulso, totalmente ajeno a aquel por el que muchas veces miro al cielo.

Un año en el que he podido sentir lejanías muy cercanas y por el contrario, sentirme arropado, querido y respetado a kilómetros de distancia.
Borraría de este año sentimientos que percibo, constato y aborrezco. El tedio, costumbrismo, hipocresía, traición, críticas sin fundamento, ejemplos sin mirarse al espejo, cátedras de humildad y bondades sin aprobado práctico y tantos y tantos hechos, personas o circunstancias que me han llevado a pensar que la botella siempre está más allá de medio vacía, además de sucia y viciada.

Pero dentro de todo negativismo, debo extraer enseñanzas positivas.
Haber perdido buenos amigos por enfermedad, me produce tristeza pero a la vez una tranquilidad, fortaleza y seguridad de que allá donde están sonríen pícaramente pensando algo así como “no sabes lo que te estás perdiendo”.

Es mucho peor haber perdido amigos que siempre escribía entre admiraciones para acabar siendo escritos entre interrogantes.
¿Amigos?

Ahora, quizás tenga menos, pero mejores.
Vivir enfermedades cercanas, achaques propios, economías que flotan con salvavidas, altibajos emocionales...; todo eso forma y formará parte de la vida que más o menos nos ha tocado vivir y que salvo un gran golpe afortunado del destino, difícil será cambiarlo.

Es hora también de pedir perdón. Perdón a toda aquella persona que se haya podido sentir  decepcionada o herida por mis letras, actos, silencios o pensamientos. Entre mis muchos defectos, está el de tender más allá de la mano, pero también el de atármela fuerte cuando decido retirarla.  
Acabo con un único deseo a las puertas de otro año.

Sólo pido que al menos en mi mundo y en todos los mundos de quienes me honráis con vuestras visitas y amistad, se dibuje una hermosa cara de esperanza.

¡FELIZ AÑO!

·       Muchas son las canciones que me vienen a la mente a la hora de despedir el 2014. Elegiré una de un grupo que ya no es, pero siempre está y que nos habla de que ante todo, debe soplar el aire de la esperanza.










domingo, 21 de diciembre de 2014

Lápices de colores



Un grupo de niños marcha a lo lejos; en perfecta formación, nadie les ve, nadie les oye. Pueden ser cien, mil o millones y pasar desapercibidos para la gran mayoría de seres que poblamos este mundo llamado Tierra.

Los imagino felices, alegres, risueños, traviesos, cascarrabias e incluso, malotes. Pero los imagino también con muchas cosas en común y que también les diferencia de la mayoría de los que no marchamos con ellos.

Puedo imaginar sus caras maquilladas de esperanza, de chocolate, de barro, de pinturas de guerra, o de nariz de payaso.

Y puedo imaginarles a todos con una enorme y maravillosa caja de lápices de colores entre las manos para pintar con ellos las sonrisas, las caricias, los juegos, los juguetes, las meriendas, las riñas, las palomitas en el cine, peleas y abrazos entre amigos…, que la mano del inhumano hombre les borró con su indiferencia, su intransigencia, fanatismo, ansia de poder, corrupción y tantas y tantas cosas que deberían de avergonzarnos a todos en ese examen por el que todos deberíamos de pasar llamado conciencia, si verdaderamente queremos aprobar en cualquier curso de humanidad.

Esos niños que hoy no están; esos más de cien niños asesinados recientemente por el gatillo del fanatismo, por la sinrazón del terror por el terror, también llevan en sus manos esos maravillosos lapiceros de colores junto con los otros millones que dejaron este mundo sin un alimento que llevarse a la boca o bebiendo sólo las lágrimas derramadas por sus madres.

Su camino es largo, muy largo; pero estoy seguro que en aquel lugar al que van, aquel lugar que sin duda merecieron, les espera otro Niño con una sonrisa en los labios y un hermoso y eterno lienzo en el que pintar con sus lápices de colores un mundo mejor.

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No es este post el que hubiera querido escribir para felicitaros a tod@s las Navidades, pero quien me conoce, sabe que quien manda en mí, no suele ser el cerebro, sino la patata.

Quisiera dedicar estas letras muy especialmente a las familias de esos niños asesinados recientemente en Pakistán y a tantos miles o millones de personas que han sufrido la pérdida de un hijo por la inhumanidad del hombre.

Dedicarlas también a todas aquellas personas que con su labor humanitaria, aún a riesgo de su propia vida, intentan ayudar y más en estas fechas, a quien no tiene nada más que un deseo de una vida mejor.

A tod@s los que penséis como yo que aún estamos a tiempo de crear un mundo algo mejor que la “mierda” en la que estamos convirtiendo éste, os deseo como siempre una



¡ FELIZ NAVIDAD !






martes, 16 de diciembre de 2014

Un alambre de esperanza

Nunca antes habían coincidido. Poco o nada saben el uno del otro. Su proximidad, su afinidad, su apariencia, e incluso su procedencia común, no les hacen ni tan siquiera imaginar que un día ya muy cercano acabarán juntos, pasarán a la historia y serán recordados con división de opiniones. Por algunos, como héroes; por la mayoría con indiferencia y por otros pocos, incluso con odio.

El caso es que los protagonistas de esta historia, siempre han sido, son y serán forjadores de sueños; máscaras de alegría donde antes quizás sólo existía un rictus de seriedad; tabla de salvación de desesperados o por el contrario, avivadores del fuego que consume a ególatras y egoístas consumados o consumidos por su propia idiosincrasia.

Falta ya muy poco para que su destino les lleve a correr alegres por estrechos pasillos para acabar en manos de lo mejor que hoy en día le queda al hombre y que no es otra cosa que la inocencia del niño que tantas veces olvidamos.
Sonarán voces, cánticos, algarabías; carreras, flashes, nervios…

Todo para que por fin se unan en fraternal encuentro, se muestren al mundo y desencadenen ríos de abrazos, risas y parabienes desmedidos entre los que pudieron pescar con redes de fortuna.
Ellos no lo saben aún y duermen agazapados entre otros muchos, sin sospechar que el destino les unirá en un hermoso encuentro que les permitirá al menos por unas horas, días o vidas, despertar ilusiones perdidas y llevar felicidad a muchos rincones que ojalá sean rincones verdaderamente necesitados de un alambre de esperanza.









lunes, 1 de diciembre de 2014

El experimento

 Nunca he sido de esas personas que suelan salir de lo habitual para crear algún tipo de tendencia, costumbre o innovación. Tampoco soy un creador de algo que vaya más allá de estas letras que ocurren y discurren por los rincones de mi cerebro y que no siempre van en el sentido lógico de las agujas del reloj.

Sin embargo, hoy empujado por algún tipo de impulso, me he decidido a realizar un pequeño experimento y que a la vista de los resultados inmediatos, quiero compartir con todas aquellas personas que como siempre y muy amablemente, dedican una parte de su tiempo a leerme.

Deseo que mis explicaciones, sean lo suficientemente claras para no inducir a error en su elaboración, con las consecuencias más o menos drásticas que una mala ejecución de este experimento pudieran provocar.

Amigo lector, hablemos primero de los materiales necesarios para su realización:

 1.- Una correcta iluminación de la estancia donde trabajaremos (habitualmente, el cuarto de baño)

 2.- Un espejo (a ser posible, de dimensiones grandes)

 3.- Jabón de manos

 4.- Una toalla

 5.- Cepillo de dientes con su correspondiente pasta dentífrica y elixir bucal (no  obligatorios, pero aconsejables)

 6.- Un peine o cepillo

 7.- Un vaso

 8.- Cualquier bebida refrescante, con o sin alcohol

 9.- Una puerta

10.-Una escalera

11.-Unos alfileres de la ropa


Iniciamos el proceso:

Una vez en la estancia bien iluminada, nos situaremos frente al espejo, procurando que tanto el rostro como el cuerpo que se refleja en él y que no debe ser otro que el de la propia persona que realiza el experimento, quede perfectamente encuadrado en el mismo. Si en este primer paso observáramos que el espejo no devuelve ninguna imagen parecida a la nuestra o se trata de una persona totalmente diferente, aconsejo correr como alma que lleva el diablo y suspender inmediatamente la prueba. Repito, ¡corred!.

Descartado ese supuesto caso, procederemos a un lavado de manos en profundidad. Frotar bien ambas manos. El jabón a utilizar, se aconseja que contenga un Ph neutro. No es aconsejable uno de glicerina, porque dejaría los dedos demasiado suaves y escurridizos para nuestro propósito.

Tras este lavado concienzudo, se requiere un exhaustivo secado de las manos con una toalla lo suficientemente grande para este cometido. Descartar esas toallas utilizadas para higiene íntima, sobre todo, por su reducido tamaño. Que no se me moleste nadie, porque a esas toallas las bautizara yo con el nombre de “lavachochos”; por favor, no os molestéis.

Bien, una vez pasado el trámite higiénico, sin perdernos de vista en el espejo, abriremos ligeramente la boca, comprobando la limpieza de nuestros dientes, sean o no naturales.

Si nos percatáramos de algún tipo de mancha o restos de suciedad, procederemos a un lavado buco-dental con nuestro cepillo, pasta y elixir bucal habitual. Si nuestra dentadura se encuentra en perfecto estado de revista, saltaremos este paso.

Ahora es cuando realmente, iniciamos la parte más compleja del proceso.

Situaremos ambas manos a la altura de los ojos procurando emparejar cada mano con el ojo de su lado correspondiente.

Aunque pueden existir variantes en cuanto a la posición de los dedos, seguidamente, situaremos los mismos, rozando ligeramente la sien del lado correspondiente, siempre y muy importante, dejando libres los dedos pulgares (también llamados “gordos”).

Sin forzar esa posición, relajadamente, acercaremos los pulgares a la comisura de los labios. Es decir, más o menos acariciando el punto de separación entre el labio superior e inferior.

Presionamos sin forzar con los pulgares y sin separar el resto de los dedos de las sienes, poco a poco iniciamos la maniobra de aproximación de todos los dedos. Pausadamente, comprobaremos que vamos dejando al descubierto nuestros dientes y al mismo tiempo, el rictus de nuestra cara comienza a mostrar una imagen mucho más cómica que la inicial.

No asustarse. Lo que estamos viendo ahora frente al espejo, seguimos siendo nosotros, pero con un añadido que en términos vulgares es conocido como “sonrisa”.

Ahora es cuando viene la parte más compleja de todo este experimento.

Separaremos muy despacio todos nuestros dedos de la cara y al mismo tiempo, forzaremos a nuestro cerebro con una orden clara para no perder esa sonrisa que como por arte de magia, ha aparecido en nuestro rostro.

Puede que las primeras veces que hagamos esto, la tendencia natural de nuestros músculos faciales, nos devuelvan esa imagen seria inicial que llevábamos de serie; pero practicado varias veces de modo natural, observaremos que los dedos dejan de ser protagonistas en toda esta historia y sólo con nuestra voluntad, conseguiremos vernos mucho mejor.

Quizás necesitemos un retoque capilar, para perfeccionar aún más si cabe esa nueva imagen.

Si es así, es la hora de utilizar ese hermoso peine o cepillo que previamente ya teníamos preparados.

Llegados a este punto y comprobado y requetecomprobado que somos unos verdaderos expertos en el difícil arte de sonreír naturalmente, tomemos ese vaso, vertamos en él esa maravillosa cerveza o refresco y brindemos por nosotros mismos con esa persona que nos mira fijamente desde el espejo y cuyo rostro es el que a partir de ahora nos debería resultar más familiar.

Y aquí es donde acaba realmente nuestro experimento.

Os preguntaréis entonces, qué pinta una puerta, una escalera y unos alfileres de la ropa en toda esta historia.

Muy sencillo. Obligatoriamente, para salir a la calle, no tenéis más remedio que abrir la puerta de vuestra casa y bajar por la escalera (ejercicio muy sano en lugar del ascensor) y regalar al mundo esa maravillosa sonrisa que en los tiempos que corren teníamos tan escondida.

¿Y los alfileres de la ropa? Sólo para aquellos casos extremos de personas que no sepan sonreir con un mínimo exigible de naturalidad.

Espero haber servido de alguna utilidad o al menos, provocarte una ligera sonrisa.


Besos y abrazos.






lunes, 24 de noviembre de 2014

Escondite



Los años pasan, pero las ganas de jugar creo que no terminan de dejarse atrás. Cualquiera que siga llevando en sus adentros parte de su niñez, siempre sentirá deseos de perderse en cualquier juego.
Últimamente, mi juego favorito, es el escondite.


La cuenta atrás no tiene que ser de diez, veinte o treinta. Depende el día y las circunstancias. Tampoco existen prisas reales por alcanzar objetivos, ganar partidas o superar contrarios.
Simple y sencillamente, el juego consiste en encontrar a quien se busca y a la vez, ser docto en el arte de saber esconderse.

Confieso que estoy perdiendo facultades o el rival es de primer orden, porque no termino de encontrarlo.
¡Qué difícil me lo ha puesto!. Los recovecos y camuflajes que ha usado esta vez, hacen de mi búsqueda una tarea mucho más complicada de lo que en un principio pensé.

Cavilar, pensar, intuir, o reflexionar, no dan el resultado esperado a la hora de encontrarle.
Quizás deba dejar fluir la imaginación, el discurrir del tiempo, o la misma vida y sus acontecimientos, para por fin poder alcanzar el premio del triunfo.

Creo que la mejor táctica será respirar hondo, despejar la mente y simplemente pensar que no es tan extraño que me cueste tanto trabajo encontrarlo cuando mi contrincante o mejor dicho, mi compañero de juegos, soy yo mismo.


Desconozco el tiempo que tardaré en encontrarlo y ni tan siquiera intuyo si lo que encuentre se parecerá al mismo que conocí o creí conocer. Puede incluso que encuentre a esa persona que siempre me asustó y rechazaba encontrar y tenga que saber o aprender a convivir con ella, aún a riesgo de que cambie por completo mi forma de ser o actuar con los demás.
Comienzo el juego en la esperanza de que llegue el día en el que vuelva a compartir juegos y risas para acabar triunfante al grito de:

" Por mí y por todos mis compañeros "



jueves, 13 de noviembre de 2014

Tiempo al tiempo


Dos horas, dan el suficiente tiempo para reflexionar; interiorizar en uno mismo y buscar respuestas a muchos interrogantes.
Interrogantes que parten de certezas, de errores, de convicciones y de hechos que por sorpresivos, dejan la mente fría y el corazón caliente y en ocasiones como ésta, en mi caso y ahora, justo al contrario.

De un tiempo a esta parte, vivo en un mar de dudas; primero, conmigo mismo. Tempestades, nubarrones, vientos racheados, desconfianzas, desidias, conjeturas, aburrimiento, rutina, malestar físico y un largo etcétera, están imprimiendo en mí un carácter peleado a doce asaltos con lo que siempre he intentado ser.
Y ese combate, después de mucho meditarlo, he pensado que es hora de acabarlo y ganarlo por k.o.

No puedo dejar pasar horas, días o devenir de acontecimientos. No debo esperar reacciones, cambios, o situaciones diferentes para buscar ese mar en calma, esa vuelta a la normalidad que todos necesitamos encontrar de vez en cuando.
¿Cómo puedo buscar, pedir o reclamar la paz del mundo si no puedo pacificar mis propios pensamientos o ideas?

Esa persona actual, no soy yo; es otro parecido que ha llamado la atención y extrañeza de gente cercana e incluso de algunas otras que en la lejanía se preguntan por mi cambio de actitud, cuando antes nunca lo habían hecho.
Todos sufrimos altibajos, decepciones, malas rachas, sinsabores y en general, golpes morales que influyen en nuestra forma de ser y actuar.

Pero nunca debieran servirme de excusa para apartar de un plumazo historias de bondades, reconocimientos, compañerismos, risas, reuniones o brindis, por mucho que alguien o las circunstancias, merezcan ser marcados con el sello de la indiferencia a ojos de la mayoría, incluido yo.
No puedo hacerlo, porque sería traicionarme a mí mismo y mis creencias. Sería hipócrita por mi parte traicionar aquello en lo que siempre he querido creer aunque la realidad de la vida misma se empeñe en demostrarme que no es así.

 Me debo obligar a creer en la bondad natural del hombre. No creo que nadie haya nacido con la perspectiva de ser o comportarse como una persona necia, falsa, con harapos de cordero o traición en la mirada. Pienso que nadie nace con ansias de confrontación o de causar daño a los demás.
Debo pensar que nadie está libre de ofuscarse, de equivocarse, de contradecirse asimismo. Porque en esta vida, que tire la primera piedra quien nunca haya cometido un gran error.

El tiempo, debería ser el único juez que nos pusiera a cada uno en nuestro lugar.
Por eso, hoy quiero volver a abrir los brazos, estrechar manos y volver a mirar a los ojos de las personas que están sembrando en mí mares de dudas. Pasar en cierto modo página de esas pequeñas historias negras que sólo emponzoñan la buena voluntad y el sentir bondadoso de los que intentamos en mayor o menor medida ser recordados algún día como tipos que en el fondo no éramos tan malos.

Que esa digamos “reconciliación” pudiera llegar a plasmarse en amistad, será una tarea más difícil considerando que la amistad es un sentimiento para mí quizás incluso más fuerte que el amor; porque uno se puede enamorar repentinamente de alguien, pero la verdadera amistad, no surge de inmediato. La amistad hay que trabajarla, la amistad hay que conquistarla y sobre todo y más difícil, la amistad hay que conservarla.
Amistad es compartir; acudir sin ser esperado; llamar sin ser llamado; sorprender donde no cabían sorpresas e incluso perdonar donde no cabía el perdón. Lo demás, es otra cosa.

No quisiera con estas letras, defraudar a nadie o que alguien pudiera sentirse  engañado. Todo lo contrario. Lo único que busco es que más tarde o más temprano, regresen la concordia, la educación, los buenos recuerdos, lo positivo en lo vivido y los deseos mutuos de éxitos y felicidad que tanto nos hacen falta empezando por uno mismo.
El camino, será difícil, tortuoso y lleno de dificultades; pero pienso que usando la voluntad como buen principio, un buen final llegará.

Tiempo al tiempo.

martes, 4 de noviembre de 2014

No hay distancias

Siempre se ha dicho que la distancia más corta entre dos puntos, es una línea recta. Si lo pensamos fríamente, es así. Pero ¿cómo mediríamos la distancia que separa cariños, amistades, o buenos sentimientos entre personas?

La cosa entonces, se torna mucho más compleja porque esa distancia, el tiempo transcurrido, las motivaciones, la propia vida y su devenir pueden ser inversamente proporcionales, a ese cariño, amistad o buenos sentimientos que se forjaron hacia esta o aquella persona.
Más de tres años han transcurrido ya desde aquella JMJ celebrada en Madrid y que sirvió como nexo de unión entre pueblos de todo el mundo que tenían como denominador común a ese Amigo que muchos llevamos dentro.

Aquello pudo ser un acto, una semana, un acontecimiento a nivel mundial, sin más.
Pero interiorizando, uno se da cuenta que fue mucho más.

Hemos tenido la suerte de reencontrarnos estos días con un hombre venido de muy lejos. Un hombre de bondad reflejada en el rostro. De sonrisa sincera, de sabias palabras y abrazos con sabor de amigo.
Su nombre es Patricio; su profesión, sacerdote; su procedencia, Islas Galápagos.

Y como no podía ser de otra forma, los buenos hombres se rodean siempre de buenas personas que lo acompañaron desde tan lejos.
El Padre Daniel, otra de esas personas que ni su barba puede esconder la bondad que lleva dentro. Recién ordenado como sacerdote, diría sin miedo a equivocarme, que dará mucho que hablar siempre para bien. Para mí ha sido un honor y un orgullo ser protagonista de su primera confesión. No fue necesario protocolo, templo, ni vestimentas. Dos sillas bastaron. De feligrés a sacerdote, de hombre a hombre, de amigo a amigo, gracias por un acto tan sencillo y hermoso que ha dejado en mí un recuerdo imborrable.

El padre Miguel, del que poco puedo hablar, por el poco tiempo que compartimos. Sólo diré que me transmitió sentimientos de humildad tan en desuso en los tiempos que corren y que yo valoro tanto en una persona.
Y por último, hablar de Génesis, es hablar de la más rabiosa juventud. De la sonrisa, la valentía, la educación y la dulzura de una mujer con ganas de conocer mundo, culturas y gentes. Los poquitos días que convivió con nosotros, los resumiría simplemente diciendo que ha sido como tener en casa una hija más. ¡No cambies nunca!.

No puedo olvidar tampoco una comida de despedida en un bar pequeñito engrandecido enormemente por una confraternización entre personas muy distintas. Personas de aquí y de allá que rieron, comieron y bebieron demostrando que la unión de las gentes y los pueblos, es posible. Que independientemente de lo que somos, valemos o aparentamos ser, si el fondo y la intención es buena, un mundo mejor siempre será posible.
A todos y cada uno de los que compartieron conmigo mesa y mantel, gracias por hacerme sentir como un hermano.

Las despedidas fueron entrañables; los abrazos, fuertes; los buenos deseos, compartidos.
Espero que todos estos días viajando por Europa y esas horas o días que han estado entre nosotros, hayan llenado sus equipajes de hermosos recuerdos.

Ahora, las distancias, vuelven a ser las mismas. Pero lo vivido y lo sentido, me han hecho ver que donde hay buena gente, no hay distancias por muchos océanos que nos separen.
















 ·        Dedicado al pueblo ecuatoriano representado en sus gentes de aquí y de allá, al que nos sentimos unidos por el cariño que siempre nos han demostrado a mí y a los míos.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Un hombre, una sonrisa

El pasado 25 de octubre, visité la Cadena Cope para asistir nuevamente al programa de Tiempo de Juego y a la vez disfrutar o padecer de un derby Madrid-Barça con toda la carga de adrenalina que ello conlleva.

Fue una tarde gloriosa en todos los sentidos. La compañía de los míos, un ambiente distendido, buen fútbol y triunfo de mi Madrid.

Añadamos a todo esto, la genialidad de esos monstruos de la radio que son Paco González, Pepe Domingo Castaño, Jorge Armenteros… etc. y sazonando aún más la tarde David Bustamante y Dani Martínez que nos provocaron más de una risa a todos los que allí nos habíamos congregado.

Pero hubo un detalle que me resultó enriquecedor como persona.
Un hombre de mediana edad llamó poderosamente mi atención, porque reflejaba en su rostro una felicidad que en aquel momento no llegué a comprender muy bien.

Un hombre sentado, de complexión fuerte, de mirada expresiva, se movía como un niño inquieto y ojos que no perdían detalle de todo lo que allí sucedía, se comentaba o se visualizaba.
Vi sonrisas en su cara, admiración, perplejidad y algún atisbo pasajero de decepción, tapado rápidamente por una nueva sonrisa.

Nada fuera de lo común, salvo porque este señor era aficionado del Barça y como compañera fiel tenía una silla de ruedas que suplía las dos piernas que le faltaban.
Toda una lección de superación, deportividad y ganas de vivir y disfrutar de “esas pequeñas cosas” que la vida nos ofrece.

Nos marchamos y dejamos atrás toda nuestra admiración hacia un hombre y su sonrisa.







miércoles, 22 de octubre de 2014

Fondo de ojos

Cuánto revuelo, paranoia y apocalípticas reacciones ha provocado un invisible y letal virus de nombre Ébola.
Cruce de acusaciones, bocas llenas con palabras que hablan de protocolos, dimisiones, procedimientos, riesgos, precauciones, pandemias que no llegaron ni a brote… y tantas y tantas cosas que hemos podido escuchar en todos los medios y formas de transmisión de la palabra y la imagen.

He dejado pasar unos días para posicionarme en una postura concreta alejado ya del lógico ímpetu o falta de objetividad que la inmediatez del caso me hubiera podido provocar.
Desde la tranquilidad actual que me inspira saber que la infectada por el virus se encuentra felizmente recuperada y la situación aparentemente está bajo control, sí que me apetece hacer una serie de consideraciones:

Lo principal para mí de todo este caso, es que la cifra o estadística de fallecidos por este virus, no se ha visto incrementada en una persona que ahora mismo se ve señalada por el dedo acusador de la insensatez seguramente de cualquier insensat@ que quiera desviar la raíz o responsabilidades de todo este asunto.
La vida humana, no tiene precio o no debería tenerlo y por ello, todos nos deberíamos congratular porque esta mujer pueda vivir para contarlo.

Todos sin excepción deberíamos de brindar por haber ganado esta batalla, que no la guerra, a este letal enemigo.
Porque hoy, no sólo debo y quiero acordarme de esta enfermera felizmente recuperada. Quiero acordarme también de los más de cuatro mil quinientos muertos que no pueden contar su experiencia; de los otros miles que aún luchan por su vida y como no, de todas las personas que de una u otra forma, ayudan o han ayudado a todos los afectados. Incluidos y muy especialmente, los dos misioneros españoles fallecidos cuya repatriación aún a día de hoy se critica y al personal facultativo y auxiliar que ha tratado y trata a Teresa..

España, siempre ha sido, es y seguramente será diferente.
Si hay algo que nos identifica a los españoles, es la improvisación. No actuamos con lógica, coordinación y criterio, hasta que ocurren las cosas. Tentamos demasiadas veces a la suerte y tienen que llegar catástrofes, accidentes o descuidos, para darnos cuenta que lo mismo que podemos prevenir el tiempo, podemos prevenir los hechos.

¿Cuántas veces hemos escuchado la mítica frase “…a partir de ahora…”?
Somos muy dados después a las críticas, exabruptos y reclamaciones desde todos los frentes. No importa quién o qué tiene razón; protestar y opinar, opinar y criticar, se dan la mano más allá de si el gobernante o responsable es de un color, orientación, capacidad o siglas de un partido.

Y luego está el asunto del perro, del famoso perro de nombre Excalibur, que más allá de ríos de tinta, formó mares de opiniones, contradicciones y sentimientos frustrados.
Independientemente de la opinión de los principales expertos sobre el tema de la infección por ébola que desaconsejaban su sacrificio sin un estudio previo de su estado, consecuencias y posible ayuda como instrumento de investigación en futuros casos, soy de la opinión de que aún estando en contra de su sacrificio, lo hecho, hecho está y no debemos darle más vueltas con nuevas manifestaciones callejeras en recuerdo y apoyo de su memoria, entre otras cosas, porque la concienciación sobre los animales en este país, se ha demostrado que es una batalla perdida.

Pero al mismo tiempo, hace poco, escuché a alguien decir con cierta indignación:

“Pero, por favor, si es sólo un animal”

Esto me hizo reflexionar al instante y aunque me sentí realmente en contra de esa afirmación, me alegro de haber dejado pasar el tiempo para reposadamente y transcurridos varios días, exponer también mi opinión con respecto a este tema.
Efectivamente, he llegado a la conclusión de que ese y todos los perros, no son más que animales. Afortunadamente, son animales. Gracias a Dios, son animales.

Porque si fueran personas, se verían expuestos a ser infectados por esos virus que sin ser mortales como el ébola, sí que son de una virulencia y agresividad extremas por su rápida propagación entre los que nos adjetivamos como “humanos”.
Virus como la hipocresía, el egocentrismo, la idiosincrasia, envidia, vanidad, soberbia, codicia y tantos otros, hacen del ser humano su huésped perfecto mientras que por el contrario, no tienen cabida en un animal como el perro.

Y para saber todo esto, nadie mejor que toda aquella persona que alguna vez tuviera uno como animal de compañía y lo tratara con dignidad.
Basta mirarle al fondo de los ojos para ver la pureza que encierra esa mirada.

Una mirada de agradecimiento, de respeto, de alegría en tus alegrías, de tristeza en tus lamentos, de compañía en tus soledades y de amistad verdadera simplemente por un poco de comida y una caricia perdida.
Y ahora, que levante la mano quien al mirarse en un espejo, encuentre todo eso en su propio fondo de ojos.

Yo, no.













viernes, 17 de octubre de 2014

Una rosa




En ocasiones, necesitamos una bofetada moral, un zarandeo mental o un empujón sentimental para darnos cuenta de lo que una vez fue y al perderlo, se echa de menos.
Ayer, una mujer lloró frente a un cristal. A los pies de ese cristal, depositó una simple y hermosa rosa; un pequeño detalle que encerraba recuerdos, cariños, enseñanzas y vivencias.

Al otro lado de ese cristal, el destinatario de su rosa, reposaba definitivamente vencido por ese enemigo implacable contra el que luchó sin cuartel durante años.
Es injusto morir joven; es injusto dejar sin consuelo a una mujer y unas hijas bañadas en lágrimas por mucho que ese enemigo te prepare para la derrota.

Pero incluso el dolor, enseña. Del dolor, se aprende.

Y en ese instante, frente a frente, aún siendo testigo la propia muerte, se volvieron a citar el profesor y la alumna; aquel que quiso y supo ser maestro, educador, compañero y amigo y una alumna que siempre lo llevará en su memoria.
Y es injusto ver cómo las lágrimas de esa mujer eran compartidas por tantos otros estudiantes que querían rendir una última visita, un último encuentro con ese profesor que quiso y supo ser maestro,  educador, compañero y amigo.

Yo no fui su alumno. Yo no fui su amigo, compañero o conocido; pero aunque quizás sea tarde, soy un hombre agradecido; agradecido porque parte de lo que hoy es esa mujer que lloraba frente a un cristal y que es mi hija, se lo debo a él. Parte de sus conocimientos, su educación, su saber estar ante el mundo y ante la vida, también se lo debo a él. Y parte de esas lágrimas, también las derramamos todas aquellas personas que queremos reconocer la extraordinaria labor que los profesores realizan en la formación de nuestros hijos.
Así que sólo puedo rendir mi humilde y sincero homenaje a un profesor cualquiera que con su muerte, me ha dado una enseñanza de vida.


Gracias Mariano, D.E.P.



* Dedicado a todos esas personas que más allá de una profesión, se convierten en educadores de mentes y conciencias. A tod@s, gracias de corazón.





miércoles, 8 de octubre de 2014

Pegado a ti

Del roce, pasamos al cariño; del cariño al amor; del amor, a una simbiosis entre admiración, complicidad y cierta dosis de dependencia.

Tanto tiempo juntos, tanto tiempo unidos, acarrea también desencuentros, frustraciones, nervios e incluso obsesiones.
Esa atracción inicial, esas sorpresas que siempre nos regala lo desconocido, ha dado paso a un modo costumbrista, a una rutina sin medida, a un sentimiento de querer y poder, para volver a querer, que se ha convertido en un círculo vicioso o espiral de un sinfín de idas y venidas que no conducen ya a ningún sitio.

Pensé que eras mi válvula de escape de toda olla a presión que nunca quiere explotar.
Pero he llegado a un punto, en el que quiero y debo reflexionar tranquilamente sobre el devenir de mi vida, de nuestra vida juntos.

Ese amor inicial que hemos compartido tantas y tantas veces, ha dado paso a una relación artificial, basada ya únicamente en nuestra vida en común, que sólo es eso ya, común.
Es hora de decir “basta”; basta ya de complejos, de miedos, de pensar en el qué dirán.

Por fin me siento con la valentía suficiente para proponerte un descanso; una separación temporal que pueda servir a ambos para ordenar ideas, restaurar conciencias, resetear costumbres y gozar de una cierta libertad que ambos habíamos perdido.
Por eso hoy, me atrevo a decirte que rozar tu piel con la yema de mis dedos, ya no me produce el mismo placer de antaño; que aunque te vistas con tus mejores galas, colores o provocaciones, mi hartazgo por ti, está comenzando a aflorar.

Creo que va siendo hora de no dormir a tu lado. De despegarme de esa rutina en la que se ha convertido nuestra convivencia. De dejar de escuchar conscientemente tus insinuaciones; de no acudir presto siempre a tus reclamos o llamadas.
En definitiva, me siento en la necesidad de volver a ser una persona normal sin adicción por tu Facebook, tu Whatsapp, tu email, tus fotos, Twitter o tantas posibilidades, como me ofreces en una simple caja de plástico con una pantalla abierta al mundo y con un nombre tan poco atractivo como el de Nokia.

La empresa no es fácil. Toda adicción, lleva implícita una dosis de dependencia tan grande, que es difícil cambiar hábitos. Pero si la voluntad es férrea, las intenciones claras y el objetivo nítido, creo que conseguiré más tarde o más temprano, no estar tan pegado a ti.












martes, 30 de septiembre de 2014

Un abrazo



Lo reconozco, soy hombre de abrazos. Sin connotaciones sexuales que pudieran dar lugar a dudas.

Porque a un abrazo sincero, precede una sonrisa. Porque un abrazo, une cuerpos de seres queridos; realza alegrías; acompaña y mitiga tristezas; rememora recuerdos, engrandece saludos y acaricia despedidas.

En un abrazo, sobran las palabras y los gestos. Hace sentir amistades, disipar engaños y silenciar frases consabidas.

Nunca rechazaré un abrazo amigo; mis brazos siempre estarán abiertos a buenas voluntades.

Llenaré con ellos alforjas de buenos sentimientos y no permitiré sacos rotos por donde dejar escapar lo que pudo haber sido y no supe hacer que fuera.

Me falta dinero a veces, no me sobran las riquezas, pero si contara por centavos la felicidad que cada abrazo me inspira, quiera Dios nunca cambie cada uno de esos gestos por viles monedas falsas.

Por hoy, me despido. Mi mente, no da para más. Si eres hombre, me aprecias y te encuentras en mi camino, no dudes en abrazarme, golpear fuerte mi espalda y decirme hola y adiós con promesas de mañanas.

Y si por fortuna eres uno de esos maravillosos seres con forma de mujer, tampoco dudes en hacerlo; acurrúcame entre tus brazos y como a un niño pequeño, acarícialo con dulzura y salúdalo sin rubor.

Nada más, un abrazo.


martes, 23 de septiembre de 2014

Repoker de amigos

Parece que fue ayer y va camino ya de cinco años que este Café del Swing abrió sus puertas con el miedo a lo desconocido de alguien como yo que más como un juego, divertimento o curiosidad, se inició en este mundillo bloguero al cual me honro pertenecer.

Ha llovido mucho desde entonces; muchas han sido las historias, vivencias, pensamientos y sentimientos que una pequeña parte de mi cerebro ha querido procesar y plasmar en cada entrada de este humilde blog.

Por él ha pasado gente de todo tipo, condición y opinión, que con sus comentarios públicos o no, han dejado un granito de arena que poco a poco han ido formando la razón de ser de que aún hoy, un servidor, se atreva a seguir contando lo que en su mente ocurre o discurre.

Diversa gente me pregunta si merece la pena abrirse al mundo de esta manera.

Desde mi punto de vista, sólo puedo dar un sí rotundo a esa pregunta.

Soy de la opinión de que quien escribe algo, es porque antes lo pensó. Si lo pensó es porque tuvo una iniciativa, intuición o vivencia y si tuvo todo eso, es porque pertenece a esa clase privilegiada de personas que se sienten y quieren sentirse vivas con algo más que el discurrir de los días.

Recuerdo que al principio, pensaba que yo no era nadie en esto de las letras y que más que un proyecto de escritor, era más un simple escribiente o “escribidor” como me gusta más definirme. Curiosamente, al cabo de estos años, sigo pensando exactamente igual.

Como dirían Les Luthiers, sólo soy un mero, un mero… un mero,  al compararme con verdaderos talentos que llevan su creatividad a límites que yo ni en sueños seguramente, llegue jamás a alcanzar.

He tenido la suerte de conocer a varios de estos últimos de una manera virtual. Leyendo o releyendo sus textos, poesías o relatos, he llegado a teletransportarme a otros mundos o sentimientos, por el módico precio de una simple lectura a través de una pantalla de ordenador.

Pero como la vida, aunque no quiera reconocerlo, me trata bien, he tenido y tengo la inmensa fortuna de haber conocido personalmente también a algunos de ellos.

No sé o no recuerdo bien si fue antes la casualidad, los contactos en común, o simplemente el destino con final feliz, los que durante estos años me han llevado a unirme especialmente a cuatro personas por las que siento un especial cariño, simpatía y admiración.

Pudiera deducirse que pensamos, sentimos, o creemos en lo mismo. Nada más alejado de la realidad. Ni por ideologías, creencias, proximidad en tiempo y espacio, seguramente se nos podría incluir dentro del mismo grupo.

Pero nunca mejor que en este caso, creo que los polos opuestos, se atraen. Y voy más allá. Creo que la riqueza de conocimientos, está en la conjunción y diversidad de opiniones que cada uno de nosotros pueda aportar a algo tan hermoso como lo que creo en mi modesta opinión que ha surgido en estos años:

Amistad

De una hipotética coctelera en la que pudiéramos mezclar las edades, experiencias, ideas, ideologías, creencias e inquietudes de cada uno de nosotros, me queda además de esa amistad, un enriquecimiento cultural que en los tiempos que corren, debo guardar como un tesoro.

Podría hacer una síntesis de cada uno de los blogueros de los que hablo, pero sería injusto y poco objetivo precisamente por esa amistad que me une a ellos.

Pero como también los que me conocen saben que si callo algunas cosas reviento, no me queda más remedio que resumir qué me dice cada uno de estos nombres:


Mónica Pérez (Mi niña grande): empezaré hablando por ella, por dos razones principales. Primero, porque sin ninguna duda, es la más guapa del grupo. Y segundo, porque a pesar de los años, me gusta seguir siendo un caballero aunque a veces eso me haga parecer que se me paró el reloj. Comenzamos nuestra andadura bloguera casi a la vez y rápidamente me cautivó su dulzura  (con una de sus primeras entradas en las que hablaba de unas maravillosas chuches) y su forma de escribir. Pero que nadie se equivoque, que también sabe ser férrea y dura a pesar de su juventud. Creo que es una gran escritora a descubrir aún por ella misma y como persona y mujer, sobran las palabras.

Jesús Pérez (Suso): hombre con una sensibilidad especial en sus letras y en sus actos. Si lo ves en fotografía, rápidamente piensas: “tiene cara de buena persona” y cuando lo tienes frente a frente… te das cuenta de que estabas completamente equivocado; es aún mejor. Recuerdo especialmente una llamada suya para darme su apoyo en momentos difíciles. Actos así, no se olvidan a pesar de mi memoria de pez globo. Gracias a él fue posible este encuentro. Si no se llega a casar… (no me cansaré de agradecérselo).

Alfonso Baró (Sombragris) : quizás sólo nos una sin ninguna duda, nuestra devoción por el maestro Knopfler. Por lo demás, los que me conocen, podrían pensar: ¿pero tú con quién te juntas?. Pues me junto con un gran señor, fiel a sus ideas o creencias. Un tipo con una creatividad sorprendente. Un caballero que habla y sabe escuchar. Una persona por la que siento un aprecio especial y me honro en tenerlo como amigo. Alguien que un día en un acto de valor incalculable, puso música y voz a unas letras que escribí y unos sentimientos que plasmé. Lo único que no le puedo perdonar a este hombre, por lo demás, es que tenga el pelo más largo que yo.

Miguel Vivas (El Vivas): lo conozco desde que hace ya unos cuantos años lo descubrí subido a un escenario junto a sus compañeros de El Desván del Duende. Desde entonces, lo he seguido y perseguido como músico y como persona. Un escritor y compositor de esos que me dejan con mucha miel en los labios aunque desde mi ignorancia poética, no haya sabido muchas veces descifrar. Regocijante creador de “polémicas”, reconozco que alguna vez me sacó de mis casillas y me lancé a su yugular. Pero quizás precisamente por eso, es uno de esos tipos por los que he luchado y lucho por ser su amigo y creo que voy consiguiéndolo. Se me puso entre ceja y ceja y en ese caso, amigo Vivas, no tienes nada que hacer.

El hecho es que gracias a un blog, a ciertas ganas de escribir y de acertar más o menos en lo que quería decir o expresar, el cómputo de buena gente por la que siento y me hacen sentir una amistad personal, aumentó hasta convertirse en un hermoso repóker de amigos blogueros.


A Mónica (La Persistencia de la memoria),  Suso (El Horizonte dormido), Alfonso (Desde mi azotea),  y Miguel (Palabrafernalia)…

Gracias por vuestras letras, gracias por vuestra amistad.







P.D. Amigo lector, te aconsejo que si te gusta la buena música, escuches como se merece esa hermosa canción que sirve como fondo a esta historia. Gracias.