"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

martes, 31 de diciembre de 2013

Por mí...

Esto se acaba. 

Un año difícil, muy difícil para mí.

Agobios económicos, enfermedades y malestares sin tregua, nervios, incomprensiones y tantas cosas por las que proclamar que deseaba realmente despedirlo sin volver la vista atrás.


Pero, por otro lado, ¿con qué derecho puedo yo quejarme de un mal año cuando tantas personas viven con la angustia por corbata y un futuro tan incierto?


Tengo una familia que me quiere; tengo trabajo y tengo fe y esperanza en un futuro mejor. Eso me debería bastar para sentirme feliz, pero como humano que soy, también tengo mis malos momentos y mis pensamientos funestos.


Es hora de echar el cierre a este 2013 y lo haré a golpe de zapatilla; han sido días, han sido meses de patear calles; de fríos, vientos y lluvias; de altibajos de salud; de risas y satisfacciones por los logros y de una hija que “queriéndose morir muchas veces” se enfunda su camiseta no sin cierto miedo por lo desconocido, pero con la vista al frente y sus risas de siempre.


Esperamos el pistoletazo de salida con ilusión. Ilusión por recorrer las calles de Madrid sin coches, vestidas de luces y guirnaldas y con millares de personas animando dentro y fuera de la carrera a tantos y tantos locos como nosotros que un día como hoy no tienen otra cosa mejor que hacer.


Nos hemos propuesto dedicar cada kilómetro que alcancemos, a alguien que signifique algo en nuestras vidas y por el que merezca la pena nuestro esfuerzo.

Miraremos al cielo por los que no están pero que desde muy dentro, nos animan siempre a seguir.


Correrán con nosotros la alegría, la fe, el esfuerzo, el espíritu de lucha y todo aquello por lo que siempre merece la pena vivir.


Dejaremos atrás envidias, rencores, malentendidos, broncas y todo lo que pueda llenar de nubarrones nuestra existencia.


Y si Dios quiere, el tiempo no lo impide y nuestras piernas y corazones aguantan, cruzaremos una meta en Vallecas en la que poder gritar alto y claro:



“ POR MÍ…

...Y POR TODOS MIS COMPAÑEROS “

       



       


Por fin, mi particular Operación Pelotas, llegó a su fin...






jueves, 26 de diciembre de 2013

De nata y fresa

La vida podemos pintarla de muchos colores y degustarla con otros tantos sabores.

Podemos vivirla en tonos grises y sabores amargos, o por el contrario, vestirla de tonos alegres con sabor a dulce.

Son estas fechas navideñas, las que quizás mueven o conmueven a las personas de un modo más profundo que el resto del año. Muchos hablan de esto como de falsedad o hipocresía. Algunos no creyentes, casi consideran una ofensa estas celebraciones y se muestran indignados ante este espíritu de cordialidad que inunda tantos rincones del planeta. Puede que en algún caso, no les falte razón.

 Las guerras, desgraciadamente, seguirán siendo guerras; continuarán muriendo niños de hambre, mientras miramos hacia otro lado; un imbécil, seguirá siendo un imbécil y el mundo, continuará girando igual que lo venía haciendo hasta ahora.

Pero en estos días he podido vivir momentos, emociones y encuentros que sin Navidad, seguramente no existirían.

Contemplar la cara de un solitario amigo feliz por verse arropado por tanta gente en estos días en los que su familia le dio la espalda; recibir el saludo y la sonrisa de una anciana mujer rodeada de pobreza y un inmenso frío, que me recuerda porque un día dejé un donativo en su pequeño y blanco vaso de papel o ver un brillo especial en los ojos de mi eterna amiga que en un estado extremo y delicado de salud, recibe mi regalo como ese niño que descubre su primera bicicleta, me bastan y me sobran para sentir orgullo de vivir estos días, de creer en un Niño, de pensar que por unas horas, por unos días, este mundo y esta vida merecen mucho más el ser vividos.

Ojalá, pueda relatar muchas navidades así y nunca pierda la ilusión por regalar a alguien especial un simple pero sincero turrón de nata y fresa.





* Dedicado a todas aquellas personas, creyentes o no creyentes, con un corazón de oro.







lunes, 23 de diciembre de 2013

Es Navidad




Qué rápido pasa el tiempo. Con más canas y con menos pelo en el que posarse, me encuentro escribiendo quizás lo mismo de siempre, en las mismas fechas habituales y con los mismos sentimientos encontrados.

Melancolía por los que no están; alegría por los recién llegados y ternura en los reencuentros. Trasiego de maletas, carreras en supermercados, esa maldita lotería que nunca toca…

Dicen que esa es la Navidad.

Yo no lo creo.

Para mí, Navidad es esperanza; Navidad es amor; Navidad es mirar la vida con otros ojos. Mirar esa vida en los ojos de los que viven sin prometerse un mejor futuro y ver en ellos un pequeño rayo de luz.

Ver la cara de felicidad de un niño entre luces, guirnaldas y campanillas.

Emocionarse con músicas de sabor a villancico y turrón.

Sentir que ese vecino, ese familiar, ese amigo o ese tipo que encuentro todos los días en la calle, es algo más que todo eso.

Por eso, hoy prepararé viaje, camino y manta y marcharé a un lugar de La Mancha, en el que una viejecilla que quizás no me recuerde o que vagamente sepa quién soy, vive día a día en un mundo de bendita locura, sin acordarse apenas de quién fue.

Una viejecilla a la que debo muchas visitas, muchos besos y abrazos pero que aún en la distancia, siempre está conmigo.

Una viejecilla a la que debo lo más grande que un ser humano puede dar: “LA VIDA”

Le ofreceré un mazapán, reiremos juntos y brindaremos con sonrisas por un futuro mejor para todos.

Sencillamente, porque es NAVIDAD.






Os deseo a tod@s que en estos días encontréis lo mejor para vosotros y vuestras familias.



¡ FELIZ NAVIDAD ¡



martes, 17 de diciembre de 2013

Papelera de reciclaje

Quien más, quien menos, todos hemos usado un ordenador. No somos expertos, pero nos entendemos con él.

Guardar fotografías, películas, esas músicas que nos atraen o esos documentos que en unos pocos bites de memoria, nos desocupan cajones enteros de nuestras casas.

Todos alguna vez, también hemos borrado aquello que ya no nos interesaba porque quizás lo único que hacía era ocupar espacio en nuestro disco duro. Y todo eso que borramos se traslada automáticamente a una especie de purgatorio llamado papelera de reciclaje, que es una antesala al borrado definitivo, o una última oportunidad de rescate ante un posible arrepentimiento o borrado accidental.

Si eso lo trasladáramos a nosotros mismos, me surge la pregunta de si no sería conveniente también usar más esa papelera de reciclaje en la que acumulamos lo inservible.

Borrar de mi memoria los malos momentos, las tristezas hirientes, el dolor corporal y ese otro dolor del alma tan hondo que ningún escáner ha conseguido aún localizar.

Las envidias, los desprecios, incomprensiones, soledades, compañías que no acompañan, risas que no hacen gracia, golpes de pecho a golpes de falsedad, amistades sin amistad y tantas y tantas cosas que hacen de las personas simples bayetas sucias, que absorben y absorben sin escurrir.

Todo eso que hace al humano convertirse en un ser despreciable, debería ir a esa papelera.

¿Restauraría algo de lo borrado?

Quizás sólo la enseñanza positiva que de todo ello se hubiera podido destilar, mirando al futuro y aprendiendo de los errores del pasado.

Y cuando por fin nos preguntáramos ¿estoy seguro de eliminar estos elementos?

Apretar esa imaginaria tecla con decisión y enviar esa basura al limbo de lo imposible.



lunes, 9 de diciembre de 2013

Un dibujo y dos palabras

Soy un afortunado; lo admito. La vida me ofrece en ocasiones, detalles, ráfagas, momentos o pequeñas cositas que a modo de bálsamo endulzan mi diaria existencia.

Era una madrugada fría como tantas otras de invierno. Puntual a su cita, el mismo autobús de siempre traslada caras de sueño, a la gran ciudad.

Sin prisas, pero sin pausa, recorremos el mismo trayecto, las mismas marquesinas, hasta llegar a nuestro destino en forma de intercambiador de transportes.

Pero esta vez, antes de bajar, me percato que en el asiento que me precede, una joven, garabatea algo en el empañado cristal intercambiando una sonrisa con la que intuyo que era su madre.

Mi curiosidad pudo más que mis prisas por salir y no tuve más remedio que fijarme en lo que había escrito antes de marchar.

Sólo un dibujo y dos palabras que también me hicieron sonreír y que a su vez me llenaron de ternura, me desbordaron de esperanza y me hicieron ver esa madrugada, de otro color.












martes, 3 de diciembre de 2013

El pájaro cantaba


Entre el letargo de un ligero sueño acrecentado por el vaivén y el calor del vagón diario de mi diario tren, despierto por el sonido inconfundible de un pajarillo que con su piar corto pero intenso, me extrae de mis ensoñaciones.

No era el lugar en el que esperaba escuchar el canto de un ave. Pero, sí, allí estaba, a mi izquierda. Su dueño era un joven de aspecto desaliñado, que celosamente, protegía su mascota ante las miradas atentas de los que como yo, atendíamos el reclamo de su animalillo.


Su semblante (el del joven) cambiaba de serio a intrigado, de enfadado a risueño y de risueño a carcajeante, con cada piar de su querido pajarito, mientras lo acariciaba con sus hábiles dedos.

El pájaro, cantaba; el pájaro piaba en una secuencia cada vez más rápida y consecutiva.

Cuarenta minutos de reloj entre piares y cantos, entre risas y alborozos.

Así bajé de un tren con el firme propósito o promesa de que si algún día coincido con el mismo desaliñado y su animalito cantarín, desenfundaré mi recortada y de un certero disparo, le volaré la tapa de los sesos a ese infame pájaro mensajero del whatsapp.