"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

viernes, 24 de mayo de 2013

Más allá de un libro

No sé si será porque me voy haciendo mayor, que no viejo, o quizás porque los años enseñan y las canas me van haciendo como el brandy, veterano.

El caso es que cada vez con más fuerza, me atraen los ambientes y las personas que en mi modesta opinión, puedan aportarme un enriquecimiento personal en las innumerables carencias que como ser humano ya traía yo de fábrica.

Por eso hoy, amanezco alegre; amanezco feliz. Lo vivido ayer, debo guardarlo en ese archivador lleno de carpetas personales que conforman mi existencia. Y es en una carpeta especial que yo rotulo como de “buenos momentos”, en la que clasificaría una tarde-noche a caballo entre la diosa Cibeles y una hermosísima Puerta de Alcalá.

Hacía mucho, quizás demasiado tiempo que no disfrutaba tanto entre letras, risas, alguna rubia cerveza, también alguna rubia mujer y todo ello en un salvaje ambiente cultural; porque si un libro es cultura, la cultura tampoco está reñida con el buen humor y las ganas locas que todos en el fondo tenemos de ser felices.

Y para esa felicidad, basta un momento alegre o entrañable.

Ambos los viví ayer. El culpable, un escritor amigo o un amigo escritor que tanto escribe o escribe tanto.

Hace cuatro años que este amigo tuvo la feliz idea de comenzar a esbozar lo que ayer oficialmente, recibió como XXVIII premio de poesía Hiperión.

Él sabe mejor que nadie, que no soy ni mucho menos un experto en esto de la poesía, los poetas y el ambiente que les rodea. Pero si los que realmente entienden le han otorgado por unanimidad este importante galardón, es que muy mal, este muchacho no debe escribir, no.

Dejaré para los que saben de esto, que resuman el contenido de su libro y cualquiera puede informarse a través de los innumerables medios que la red pone a nuestro alcance.

Debo decir, no obstante, que independientemente de la falta de objetividad que los lazos que me unen al autor me pudieran provocar y siempre dentro de mi ignorancia poética y después de haber leído los treinta y nueve poemas que conforman su “Baile de máscaras”, lo he vivido y disfrutado prácticamente del primero al último. Y lo que más me atrae de su lectura, es quizás el positivismo que se desprende aún incluso tratando temas tan trascendentales como la muerte.

Por eso, ayer me quedé observándole mientras no paraba de firmar ejemplares de su obra y me alegré por su cara de felicidad, de agradecimiento, quizás incluso de ternura.

Y no tuve prisa alguna para que firmara mi ejemplar, porque la mejor dedicatoria que cualquier persona, cualquier escritor, cualquier amigo me puede ofrecer, es el cariño de un abrazo que hacía tanto tiempo que no nos dábamos.

Hoy brindo por él, por su éxito y también por poder compartir alegrías, porque hago mías también las buenas cosas que nos pueda ofrecer aquello que va más allá de un libro.



























* Como no, agradecer también a la familia de José Manuel Díez (sus padres, hermana, novia...), amigos como Lola Villajos, Lichis, Luis Pastor, etc. la simpatía y amabilidad con la que nos trataron y que hicieron que fuera una velada inolvidable. A todos, muchas gracias.



jueves, 16 de mayo de 2013

Felicidad


En una reunión de amigos, surgió un tema que no por antiguo, deja de ser actual. 

¿Quién no ha pensado alguna vez si realmente era feliz? ¿Qué es para nosotros la felicidad?

Es una palabra sencilla, pero que como el amor o la amistad, podría ajustarse a tantas definiciones como seres humanos pueblan este planeta aún llamado Tierra.

Yo no podría encerrarme en la definición de ningún diccionario por muy académico que fuera éste, porque particularmente es un cúmulo de momentos, de situaciones, de vivencias o de pensamientos que unidos o individualmente, me hacen sentir bien.

La felicidad para mí, es tener conciencia y que duerma conmigo sin despertarme.

Es un abrazo sincero.

Un cariño mutuo.

Reír llorando.

Llorar riendo.

Dormir soñando.

Soñar despierto.

Pisar un charco.

Un susurro al oído.

La risa de un niño.

Los ojos de una madre.

Que alguien te diga: “Puedes coger a tu hija recién nacida”

Que esa hija al cabo de los años te arrope como si el niño fuera yo.

Tocar la guitarra sin guitarra.

Escuchar la lluvia tras el cristal y salir a mojarme en ella.

Mirar al cielo y ver más allá de las nubes.

Volar sin levantar los pies del suelo.

Que mi perro me hable con los ojos.

Que un amigo me eche de menos y mi enemigo, también.

Desear escribir y hacerlo.

Abrir los oídos a la bondad y tapar mis ojos al maldito.

La palabra reconciliación hecha verdad. 

Saber encontrar la paz en el agobio, la salud en la enfermedad, la alegría en la tristeza, la compañía en la soledad…

Y tantas y tantas cosas, que no cabrían en este pequeño Café.

Alguien podría preguntarme: ¿Y el dinero?

Pues el dinero, si alguna vez llama a mi puerta, se la abriré de par en par, pero si nos vamos a cenar, esta vez pagará él.