"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

martes, 30 de abril de 2013

Cuestionario psicotrópico

¿Inicio? Todo tiene o debería tener un comienzo. Si no lo tiene, mal asunto.

¿Pegar? Si empiezo a hacerlo, no paro. Aunque sólo fuera por desahogarme.

¿Imagen? Cientos en la retina, aunque fallándome en la memoria.

¿Formas? Si puede ser, me gustan curvilíneas como las de la mujer.

¿Ecuación? Si son mujeres, seguramente, por encima de las de 2º grado. No hay quien las resuelva. Por eso, son un reto para mí y me atraen tanto.

¿Objeto? Todos tenemos uno en esta vida. En otras, afortunadamente aún no lo sé.

¿Márgenes? En los tiempos actuales, poco margen nos dejan a la duda. Todo es corrupción si de política hablamos.

¿Tamaño? Aunque digamos que no, siempre importará. ¿No?

¿Bordes? Cada día que pasa, conozco más. Afortunadamente, también creo que sé torearlos por chicuelinas.

¿Posición? Ninguna en particular. Me gustan todas…

¿Correspondencia? Ya me gustaría a mí ya que volviéramos a la hermosa y sana costumbre de escribir una carta aunque no sea de amor.

¿Vista? Mi talón de Aquiles. Pero de tacto, más que Stevie Wonder.

¿Zoom? Sería como engañarme a mi mismo. Me conformo con lo que tengo.



Y así seguiría, botón tras botón.

Esto del WORD, me da mucho que pensar.

Sigo diciendo que necesito un psicoanalista que me comprenda y nadie me hace caso…

viernes, 26 de abril de 2013

Malos momentos

Incluso en nuestros peores momentos, podemos tener una mano amiga. El que no se consuela, es porque no quiere...






¡FELIZ FIN DE SEMANA A TOD@S!




lunes, 15 de abril de 2013

Bendita casualidad

Sí. Hoy es lunes. Por fin es lunes. Comienzo de una semana; de otra semana que borra la anterior.

Porque hay semanas que uno hubiera querido borrar del calendario. Días que parecen una concatenación de polos negativos que se repelen al menor contacto. Desde esa lavadora que me declaró la guerra en el peor momento económico y ante la que me tuve que rendir sin condiciones, hasta lo más importante como es el amigo que cambió de fonda para ingresar en el hospital con dos infartos y una diálisis bajo el brazo, por no hablar del impacto que me produjo conocer que un niño de tres años, sobrino de una amiga, debe ser operado de un tumor cerebral.

Esa lavadora, me rascará el bolsillo y hasta me hará herida en la pierna, pero no minará mi moral.

Ese amigo, quizás necesitaba con urgencia una puesta a punto y darse cuenta como yo creo que está haciendo, que el mundo está más lleno de buena gente de lo que pensamos, aunque sean los otros los que más destacan.

De ese pequeño niño, sólo espero noticias esperanzadoras, sabiendo que todo indica que se llegó a tiempo.

Y ahora sonrío porque de regreso a casa, como una bendita casualidad, en ese tren que es ya como de la familia, un hombre negro de esos de dos metros, con rastas por cabello y vestimenta indefinible, desenfundando una guitarra marrón, ha tenido la feliz idea de gritar, más que cantar, una canción de Marley que habla de esperanza, de despreocuparse, de felicidad.




lunes, 8 de abril de 2013

El garaje

Siempre acercándose la hora en punto de las siete de la mañana, se abren las puertas del autobús que habitualmente y con meridiana puntualidad nos traslada a los que hoy nos podemos sentir afortunados de viajar a Madrid para trabajar.

Y casi siempre por esas puertas, en la misma parada, suben no sin dificultad, un hombre y una mujer muy viejecitos. Con una bufanda al cuello, guantes de lana y siempre con una sonrisa y unos “buenos días” dedicados a todos los que encuentran asiento tras asiento, este anciano matrimonio, nos causa a todos un sentimiento tantas veces olvidado llamado ternura.

Alguien cierto día, tuvo la curiosidad de preguntarles ¿pero a dónde van ustedes todos los días a estas horas con el frío que hace?.

Y la contestación de él, nos dejó más helados que muchos días del invierno que acabamos de abandonar.

“No vamos”, dijo. “Venimos de rezar por el mundo y de pedir que las cosas se arreglen para todos”.

Yo sé que esta pareja no venía de ninguna iglesia, de ninguna ermita o templo que acogiera a esas horas tan tempranas a unos feligreses y sus rezos.

Sé positivamente y más tarde corroboré, que este matrimonio tan viejecillo, venía de un garaje muy especial. Un garaje público, un garaje abierto las veinticuatro horas del día, todos los días de la semana y en pleno centro de mi ciudad.

Un garaje curiosamente sin vehículos, pero con multitud de aparcamientos y que nunca está vacío.

Un lugar para aparcar desdichas, agobios, tristezas, enfermedades, penurias y tantas y tantas cosas que amordazan el corazón y el habla del ser humano.

Un lugar para conversaciones profundas entre amigos. Para reflexionar, pedir consejo y expresar libremente lo que quizás en ningún otro lugar seamos capaces o nos atrevamos a exteriorizar.

Conversaciones largas y en absoluto silencio, porque quizás sea en un profundo silencio, cuando uno consigue hablar mejor al mundo y aún más importante, hablarnos a nosotros mismos.

Un lugar abierto a todos. A todo aquel que independientemente de su ideología, creencia o afición, se sienta en la necesidad de pedir o buscar un consuelo, una ilusión, incluso de preguntar ¿por qué?, de agradecer un bien, o simplemente de encontrar un pequeño rincón en el que hacer un alto en esta vida que gira a mayores revoluciones de las justas y necesarias.

Me alegra saber que sus puertas son atravesadas por centenares de personas de todas las edades que como yo, a la salida reflejan en el rostro una cierta apariencia de paz y alegría como unos viejecillos subiendo a un autobús.






Todo mi cariño y admiración a ese matrimonio que en silencio y con su sacrificio diario, atraviesan las puertas de ese garaje sólo para pedir por el bien común. De corazón, 

G R A C I A S