"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

miércoles, 27 de febrero de 2013

Sencillamente José

Siempre he pensado que a los amigos no se les debe medir en un lógico espacio-tiempo.

De hecho, no hace ni ocho años que conozco a José.

José es una de esas personas de mirada adusta. Su gesto serio, muchas veces, nos ha llevado a engaño. Pero basta con fijarse en sus ojos, para reconocer en él a un hombre firme, pero a la vez entrañable.

He admirado siempre de él, su tesón, su inteligencia, su férrea voluntad ante las adversidades.

No han sido pocos los malos momentos con los que ha tenido que lidiar.

Pero es precisamente ahí, en las dificultades, cuando el ser humano se muestra en toda su grandeza o miseria y por eso lo admiro más.

Porque este amigo mío, ha demostrado siempre que la dignidad, la valentía, la honradez, la humildad, la serenidad, el conocimiento, la bondad y tantos otros valores en desuso hoy en día, siempre triunfarán ante las insidias, las traiciones, las injurias y tantas y tantas mentiras que el ser humano es capaz de verter para enterrar a los grandes hombres.

Amigo José, hoy te quiero rendir un humilde homenaje. Un homenaje silencioso. Porque bien sabemos muchos, que hay silencios que gritan muchas verdades. Silencios que callan muchas bocas y silencios que borran muchas mentiras.

Silencios que atraen más que mil palabras y silencios vestidos de un traje llamado respeto.

Sé que hoy quizás no. Tal vez mañana o cuando transcurran unos años; pero estoy seguro que algún día se reconocerá en su justa medida lo que fuiste, quisiste ser y significaste para muchos como yo.

Desde ese silencio, sólo puedo decirte “G R A C I A S”.










Sirva como homenaje al Santo Padre Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, o sencillamente José, al que agradeceré siempre que con un silencio de más de un millón y medio de personas en Cuatro Vientos (Madrid),   consiguiera que un tipo como yo encontrara al verdadero Amigo.


viernes, 22 de febrero de 2013

Placeres de la vida

Hay placeres en la vida que nunca deberíamos dejar pasar por alto...







¡ FELIZ FIN DE SEMANA !



martes, 19 de febrero de 2013

Feliz



Definir la felicidad quizás sea tan difícil como definir la tristeza, el amor, la amistad. Porque para mí la felicidad son momentos, ocasiones, una risa a destiempo, una sorpresa, una música inesperada.

No suele durar mucho; es por ello por lo que vivo el momento y el instante en el que quisiera congelar esa mueca alegre y llenar de fotografías un gran álbum que recordar.

En lo más simple, siempre se esconderá un pedazo de alegría, un esbozo de optimismo, unas ganas de vivir.

Hoy comencé feliz. Salir del tumulto de un transporte subterráneo para darme de bruces con un día gris plomizo, con ligero viento y con lluvia pertinaz, me alegra el ánimo. Porque respiro aire y no polución. Porque el viento huele a limpio y el agua produce sonidos que olvidamos en la vorágine de la gran ciudad.

Pertrechado bajo un enorme paraguas observo a la gente correr, a los coches con sus frenéticos limpiaparabrisas y las luces encendidas y a muchos estudiantes protegiendo sus mochilas y tanto estudio en su interior.

Y me siento totalmente afortunado. Afortunado porque camino despacio, sin prisas, relajado y disfrutando del paisaje mientras una mujer corre maldiciendo el agua sin sospechar que al que adelanta piensa…


“Bendita lluvia”




martes, 12 de febrero de 2013

Agua entre las manos

Algo en mi interior se remueve inquieto. Son ráfagas que vienen a mi conciencia y me dejan un regusto amargo.

El motivo, lo conozco. La solución, algo compleja.

Hace unos días, tuve que acudir con mi mujer al servicio de urgencias del hospital, por motivos afortunadamente sin gravedad.

Siempre ocurre que la hora de entrada la tenemos perfectamente fijada, pero nunca la de salida. Por leve que sea la urgencia, uno debe pertrecharse de una gran dosis de paciencia y comprensión en una abarrotada sala de espera.

Mezclando llamadas por megafonía, apariciones puntuales del personal sanitario o auxiliar y el ir y venir de enfermos y acompañantes, los minutos y al final las horas, transcurren de forma inexorable.

Todo ese tiempo, da lugar a pensamientos, temores, impaciencias, nerviosismos, pero también a reflexiones y momentos de atenta observación.

Ver caras de dolorido sufrimiento, cuerpos magullados, brazos en cabestrillo o viejecitos en sillas de ruedas, no es quizás el mejor paisaje que uno desea encontrar.

Pero dentro de esa escena habitual en un lugar como ese, siempre podemos distinguir algo o alguien que nos llama poderosamente la atención.

Yo lo encontré en un señor sentado con una botella de agua entre las manos.

Un tipo de mediana edad, canoso, de poblada y descuidada barba, con unos ropajes que en cierta medida pedían a gritos un “lavar y planchar”.

Un tipo solitario, de mirada triste y somnolienta.

De nombre desconocido y absolutamente anónimo porque no coincidía con ninguno de los que todos escuchábamos por unos infames altavoces.

No aparentaba dolor; ninguna mueca cambiaba su cara. Se limitaba única y exclusivamente a llevarse a la boca su pequeña botella de agua.

Tampoco aparentaba embriaguez. Sus idas y venidas a los aseos para rellenar esa botella, demostraban que estaba perfectamente lúcido y coordinado.

Así transcurrieron varias horas y entrados casi en la madrugada de un nuevo día, el sueño vencía de tal manera a este hombre, que difícilmente conseguía no caer de ese incómodo asiento de la sala cuando cerrando los ojos se doblaba hasta casi rozar con la barbilla sus rodillas.

No habló con nadie. No pidió una sola información. No dio muestra alguna de impaciencia. Simplemente, estaba allí.

Y ello me llevó a una terrible conclusión que espero y deseo sea totalmente falsa:

Ese hombre, se refugiaba en esa sala del frío invernal por no tener un techo bajo el que dormir.

Sentimientos encontrados fluyeron en mí al pensar así. Por un lado, un sentimiento de rabia contenida por una sociedad, unos tiempos y unos desgobiernos que han llevado a este país a ver como normal, lo que nunca debía ser ni ocurrir.

Por otro lado, un sentimiento de cercanía hacia este hombre. De comprensión y solidaridad. Pero una solidaridad no exenta de cobardía, porque no fui capaz de acercarme a él y ofrecerle ni tan siquiera unos sándwiches y un café caliente.

Me pudo el miedo a su contestación. Me pudo el pensar que quizás estaba equivocado y sólo conseguiría herir su orgullo y el mío.

Por eso me debato entre lo que pude hacer y no hice.

Hoy, no lo sé; quizás mañana, pero tengo que callar esa voz que me reconcome por dentro.

Pienso volver a ese hospital. Pienso regresar a esa sala de espera y si encuentro a este hombre en la misma situación, no permitiré que los miedos me detengan.

Le miraré a los ojos y le invitaré, si quiere, a tener unos minutos de sincera comprensión y ayuda mutua.

Porque quizás, yo necesite callar mi conciencia y este hombre sólo una palabra amiga y algo de agua entre las manos.



viernes, 8 de febrero de 2013

Extrañezas

A ciertas edades, hay cosas que pueden extrañar a los demás...






BUEN FIN DE SEMANA PARA TOD@S



martes, 5 de febrero de 2013

A vosotras


Dentro de lo denominado santoral, hoy es un día especial porque se considera a Santa Águeda, como la patrona de las enfermeras y en general, de todas las mujeres.

No tengo especial devoción por esta santa, pero sí por todas las mujeres.

No creo que exista en este mundo, algo más bello ni puñeteramente hermoso y enrevesado que la mujer y creo que se hacía justo y necesario un pequeño homenaje en un día como hoy.

Para todas ellas, para todas vosotras, seáis más o menos creyentes, más o menos altas, guapas, jóvenes o de cuerpo escultural, rubias, morenas  o pelirrojas, casadas o solteras, voluptuosas o de tímidos senos, pechos, tetas o melones, mi más sincera felicitación por ser como sois.

Y pensando en una canción que os hiciera justicia, nada más clásico, genuino e intemporal, que este temita…

¡FELICIDADES!



                      

P.D. Hoy y sin que sirva de precedente, incluiré en la felicitación, a todas las suegras del mundo y brindaré con una copa de vino...