"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

martes, 29 de octubre de 2013

Ceguera

Aún viendo, en ocasiones, somos ciegos. No vemos más allá de lo que queríamos ver. Nos centramos en nuestros asuntos sin prestar atención a lo que nos rodea, sin percatarnos que cerca, muy cerca, algo o alguien también quizás merecían o necesitaban nuestra atención.

Sigo empeñado en ser amigo de mi amiga. Visitarla, hablarle casi al oído aunque nos separen kilómetros, o desearle unos felices sueños a través de cualquier hermosa canción, día a día, noche a noche. En definitiva, acompañando en lo posible lo más duro de su existencia.

Pero llevo días también en los que mi conciencia me susurra reproches con dulzura, sin rudeza, pero con la persistencia necesaria para hacerme reflexionar sobre algo a lo que pocas veces presto atención.

Toda esa atención, todas mis palabras, todos mis consuelos, incluso todas mis oraciones, siempre tienen en mi amiga el más alto protagonismo, sin percatarme que a metro y medio de esa cama de hospital convive con ella otra historia de mujer unida en compañerismo por esa terrible enfermedad que le borra la sonrisa.

Una mujer aún más joven, cuyo rostro también denota sufrimiento. Otra historia del enfermo desconocido que lucha contra lo que nunca mereció y entristece sus facciones.

No conozco nada de su existencia, nunca hablé con ella más allá de un “buenas tardes”; pero sí sé por su mirada, por su silencio, que su lucha es desigual.

La conozco siempre en soledad y con la mirada perdida en un pequeño televisor.

Su silencio y esa mirada perdida, quizás contengan mil voces, mil preguntas sin respuesta, mil manos sin estrechar, mil consuelos, besos y abrazos sin recibir.

Quisiera ser un valiente. Tener el coraje suficiente para tenderle mi mano y presentarle todos mis respetos, todo mi cariño, todo mi apoyo y toda mi comprensión, pero quizás mi vergüenza, mi pudor o mi propia ceguera, me impidan arrancar una leve sonrisa a esa mujer que también convive con la cara oculta de la vida.


* Dedicado a esos otros enfermos que encontramos en cualquier hospital y que quizás no tienen a nadie en quien depositar parte de sus sufrimientos. Y también a esos maravillosos voluntarios que "pierden" parte de su tiempo, simplemente acompañando su soledad.


jueves, 24 de octubre de 2013

Hay miradas


Hay miradas tiernas y angelicales





Miradas sorprendidas






Miradas de deseo






Miradas de envidia o rencor






Miradas maternales




Miradas tristes





Miradas perdidas






Múltiples tipos de miradas...









                                                                                                        Pero guárdate siempre de aquellas miradas 

que no sabríamos definir…








lunes, 21 de octubre de 2013

Silencio

Hay días en los que quisiera gritar. Días en los que nadie me hiciera callar. 

Días que me permitieran desahogar frustraciones, odios, malas leches o lo más negro de mi corazón. Hoy podría ser uno de esos días.

No por inesperado, me repugna el titular de la jornada:

“Estrasburgo tumba la doctrina Parot”

Se cumplieron las previsiones. Ha triunfado la cobardía, ha salido ganadora la injusticia, la sonrisa de los asesinos, las mofas de los malnacidos, la burla hacia la decencia.

Ya no hace falta esconder la jugada. La partida que comenzó a jugarse hace años, ya tenía las cartas marcadas.

Un Gobierno (el de Zapatero), comenzó a gestar una falsa paz a costa de pasarse por el forro cualquier indicio de justicia y apoyo a las víctimas del terror. Ninguneó como nadie el sufrimiento de las personas de la calle para apoyar con leyes los “derechos” de los “valientes” que matan por la espalda y con un tiro en la nuca a hombres, mujeres y niños brindando en las cárceles por los “éxitos” logrados.

Les buscó trabajo en puestos públicos en nombre de la Democracia, mientras millones de personas en este país, viven sin trabajo y en condiciones infrahumanas.

¿Y todo para qué? ¿Para lograr quizás un premio Nobel de la Paz?

Yo, sinceramente, a este supervisor de nubes, a este imbécil disfrazado de adalid de alianzas imposibles, le daría el premio al gilipollas por excelencia, que si tuviera un mínimo de decencia, no debería aparecer ni en la pantalla de ningún portero automático.

Y todavía nos habla hoy de que él es muy respetuoso con las sentencias.

Él que dio órdenes para que los militares muertos en misiones de “paz” en el extranjero fueran repatriados con nocturnidad y alevosía al país que les vio nacer y sin reconocer jamás que los enviaba a un territorio en guerra y condecorarlos por ello.

Éste, hoy sigue sonriendo por los pasillos de las instituciones, mientras sus obras o más bien “fechorías” han provocado indignación en una gran parte de España. Ha arruinado a media España y encabronado a la otra media.

Hablaría mucho sobre este personaje o sus más allegados estadistas de los que fue capaz de rodearse, pero no tengo tantas ganas de escribir.

Pero no quería dejar pasar la oportunidad de hablar también de nuestro actual Presidente del Gobierno.

No sé qué odio más; si la imbecilidad de su antecesor, o la cobardía fácilmente demostrable del actual.

Sí, señor Rajoy. Creo que es usted un genuino cobarde, que se esconde tras las esquinas y sólo se atreve a actuar ahogando al más débil; desnudándole de sus derechos; despojándole no ya de un estado de bienestar, sino de la perspectiva de un mínimo estado.

Un cobarde que se deja manosear en sus partes blandas, por no decir que se deja tocar los cojones por cualquier político con aires de chulo que quiere marcharse de casa con la condición de que su madre le siga pagando, cocinando y lavando la ropa y pasándose por el forro la Constitución y las leyes que por mayoría votamos hace ya unos cuantos años. 

Qué fácil es ahorrarse pagas extras, qué fácil es dejar sin asistencia, sin becas y sin ayudas a miles de personas realmente necesitadas, mientras ustedes los políticos con sus partidos hechos a la medida y sus colegas forrándose los bolsillos delanteros y traseros se ríen de los humildes ciudadanos que no llegan ya ni a mitad de mes.

A usted, esta doctrina que hoy ha rechazado Estrasburgo, se la suda. Porque si tuviera lo que hay que tener, se declararía en rebeldía y se negaría a acatarla por incoherente, lesiva para las víctimas y vergonzante para un país que ha tenido que sufrir el asesinato de más de mil personas inocentes.

Pero, no, acatará ésta y todas las sentencias que a Vd. o sus colegas, no le afecten directamente. Porque una vida no es nada, y mil quizás tampoco.

Asesinos, violadores y la peor calaña de una sociedad que sólo busca vivir en paz, pero no a cualquier precio, en breve saldrán a la calle a reírse en la cara de todos los que han sufrido lo impensable por una justicia que en España y ahora parece ser que también en Europa, no sólo es ciega, sino también sorda y muda.

Pero tranquilo, Sr. Presidente, que en este país somos tan borregos, que no moveremos barricadas, nadie se apresurará a salir a la calle a protestar por algo tan trivial, ni este asunto se convertirá en trending topic de ninguna red social.

¡Qué pronto se olvidan más de mil muertos!. ¡Qué pronto se olvida el sufrimiento ajeno!. ¡Qué pronto se olvida el horror de unos asesinos!.


Pues yo, no olvido. Y hoy, en recuerdo de todas esas víctimas, grito en silencio por todos ellos y pido desde aquí, y por justicia  se modifiquen las leyes de tal manera que indeseables como estos, sufran en nombre de la Democracia, 

CADENA PERPETUA SIN POSIBILIDAD ALGUNA DE CONDONACIÓN. 




domingo, 13 de octubre de 2013

Cara a cara

Es muy tarde ya, pero es precisamente ahora cuando puedo tirar de las riendas de unos sentimientos desbocados que a ráfagas me golpean en forma de reflexiones desordenadas guardadas en cualquier cajón desastre.

Una corta conversación, pero una auténtica lección magistral de vida a las puertas quizás de una muerte anunciada, es la culpable de que yo ahora necesite escribir sobre una blanca hoja de ordenador.

Hablar así de una conversación mantenida hace apenas 36 horas con una amiga del alma que casi sin fuerzas aún me sigue sonriendo como siempre aunque la morfina no la deje casi abrir sus ojos, puede parecer incluso cruel, si estas letras llegaran a ser leídas por ella o por algún familiar o amigo cercano.

Pero, entre mi amiga Coral y yo, nunca jamás hemos dejado espacio a las mentiras, ni a los disimulos. Nos gusta llamar a las cosas por su nombre y hablarnos sin tapujos. Porque entre dos amigos de verdad, la SINCERIDAD, se escribe con mayúsculas y sin cortinas que la escondan.

Por eso, ahora quisiera imponer a esa amiga la gran medalla de la amistad, con distintivos de serenidad, coraje, razonamiento, falta de resentimiento y bondad a la que se hizo acreedora en apenas veinte minutos de una profunda charla y en toda una vida de amistad.

Porque nunca me gustó que a nadie se le premiara a título póstumo por sus buenas obras.

Se la impongo desde la comprensión, el cariño, el orgullo y la admiración que siempre le he profesado en los dulces tiempos y que ahora se ve acrecentado si cabe, en las horas más amargas.

A esa amiga que se aferraría a un trocito de gotelé que ve en la pared, si hubiera esperanza de una mínima calidad de vida.

A la que nunca culpó a nada ni a nadie de su situación o su mala suerte.

A la luchadora que siempre buscó una sonrisa y una buena cara que ofrecer a los demás aún padeciendo el mayor de los dolores.

A esa amiga que en su situación, se preocupa y aconseja por la salud de los demás.

Podría seguir enumerando méritos para esa distinción, pero para los que la conocemos, sería repetir una y otra vez una historia conocida.

Y pobre de aquella persona que piense que alguna vez se rindió. Porque la muerte, acabará venciéndola, pero sólo a los puntos, en el último asalto y sin unanimidad de los jueces.

No quisiera que esto que escribo sonara a despedida porque nunca me despediré de esta amiga con algo diferente a un “hasta luego”; pero sí quiero dejar constancia que esa fe que muchas veces me confesó que quería tener y nunca encontró, ya no es necesario que la siga buscando, porque en apenas veinte minutos y cara a cara al lado de una cama de hospital, comprendí que había conversado con el mismo Dios.



lunes, 7 de octubre de 2013

Marchó feliz

Como un bicho raro, casi antediluviano me sentí el pasado viernes acompañando a mi hija menor hasta la entrada al Palacio de los Deportes para que asistiera con una amiga que tuvo a bien invitarla al concierto de nombre tan rimbombante como el de Coca Cola Music Experience.

La Coca Cola, la conocemos todos; la Music, también; pero la Experience, esa tarde-noche, fue sólo mía.

Digo lo de antediluviano, porque con mi canosa barba y mis años a cuestas, mirara por donde mirara, me vi rodeado de rabiosa juventud; de chiquillería fanática por ver a varios de sus ídolos en carne y hueso subidos a un gran escenario.

Nombres como “The Wanted”, “Auryn”, “Abraham Mateo”, “Xuso Jones”, prácticamente me sonaban tan a chino, como el idem de la tienda a dos pasos de mi casa.

Debo reconocer, que mi amor por la música aún no me ha llevado a poder apreciar la teórica calidad de estos artistas. Siendo sincero, pienso que son claros ejemplos de esos productos comerciales que las compañías de discos se sacan de la manga aprovechando la indefinición de los gustos musicales de la juventud actual y que mediante campañas publicitarias de gran calibre, calan hondo entre todos los jóvenes del mundo.

Pero aún así, en lugar de aprovechar esas horas de espera para pasear por las calles de Madrid, tomar unas cervezas o visitar algún Centro Comercial cercano, quise acercarme a la zona de entrada del backstage, a sabiendas que uno de los artistas invitados y “secretos” era Pablo Alborán.

No, no penséis que conseguí fotografiarme con él ni nada por el estilo. De hecho, interpretó tres canciones y haciendo mutis por el foro, se marchó como alma que lleva el diablo, camino de Sevilla.

En esa zona, la entrada y salida de gente, es constante. Fumadores que aprovechan la ocasión para practicar su afición; técnicos y personal de seguridad; montadores y desmontadores de escenarios y un largo etcétera, incluida “mucha niña mona, pero ninguna sola”.

En un momento dado, me fijé que entre esta gente, se encontraba un chaval muy joven, con gorrilla y cazadora que parecía atraer la atención de gran parte de los allí reunidos.

Su cara me sonaba, pero no la asocié con ningún nombre, hasta que una joven muy joven, acompañada por su padre, al verlo, casi se desmaya pronunciando entre dientes y temblores un nombre: “Abraham”.

Al escuchar ese nombre, caí en la cuenta que se trataba de Abraham Mateo, por el que suspiran miles y miles de jóvenes de este país.

Me sorprendió primero, la reacción de esta niña, porque apenas conseguía articular palabra; pero aún más perplejo me dejó este artista cuando al percatarse de la reacción de ella, abandonó la conversación que mantenía con un adulto, para acercarse, coger sus manos y darle un gran abrazo, ante la mirada sonriente de su padre.

Ver los ojos de ella clavados en él, unas lágrimas recorrer sus mejillas y una sonrisa de felicidad como pocas veces he visto, puso en modo ternura al Luismi que hasta ese momento, sólo era un mero y cansado transeúnte y espectador casual.

Mil cosas se dijeron, mil veces se abrazaron, mil veces unieron sus manos. Dejaron de ser artista y fan, fan y artista, para convertirse en viejos amigos quinceañeros que tenían muchas cosas que contarse.

Veinte minutos que parecieron segundos inmortalizados en decenas de fotografías que con cara de orgullo su padre realizó con un viejo móvil.

Quizás no vuelvan a verse; quizás nadie se percató del momento; quizás todo sea artificial o ficticio, pero yo sé con seguridad y por experiencia, que esa noche, una niña marchó feliz.