"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

martes, 31 de diciembre de 2013

Por mí...

Esto se acaba. 

Un año difícil, muy difícil para mí.

Agobios económicos, enfermedades y malestares sin tregua, nervios, incomprensiones y tantas cosas por las que proclamar que deseaba realmente despedirlo sin volver la vista atrás.


Pero, por otro lado, ¿con qué derecho puedo yo quejarme de un mal año cuando tantas personas viven con la angustia por corbata y un futuro tan incierto?


Tengo una familia que me quiere; tengo trabajo y tengo fe y esperanza en un futuro mejor. Eso me debería bastar para sentirme feliz, pero como humano que soy, también tengo mis malos momentos y mis pensamientos funestos.


Es hora de echar el cierre a este 2013 y lo haré a golpe de zapatilla; han sido días, han sido meses de patear calles; de fríos, vientos y lluvias; de altibajos de salud; de risas y satisfacciones por los logros y de una hija que “queriéndose morir muchas veces” se enfunda su camiseta no sin cierto miedo por lo desconocido, pero con la vista al frente y sus risas de siempre.


Esperamos el pistoletazo de salida con ilusión. Ilusión por recorrer las calles de Madrid sin coches, vestidas de luces y guirnaldas y con millares de personas animando dentro y fuera de la carrera a tantos y tantos locos como nosotros que un día como hoy no tienen otra cosa mejor que hacer.


Nos hemos propuesto dedicar cada kilómetro que alcancemos, a alguien que signifique algo en nuestras vidas y por el que merezca la pena nuestro esfuerzo.

Miraremos al cielo por los que no están pero que desde muy dentro, nos animan siempre a seguir.


Correrán con nosotros la alegría, la fe, el esfuerzo, el espíritu de lucha y todo aquello por lo que siempre merece la pena vivir.


Dejaremos atrás envidias, rencores, malentendidos, broncas y todo lo que pueda llenar de nubarrones nuestra existencia.


Y si Dios quiere, el tiempo no lo impide y nuestras piernas y corazones aguantan, cruzaremos una meta en Vallecas en la que poder gritar alto y claro:



“ POR MÍ…

...Y POR TODOS MIS COMPAÑEROS “

       



       


Por fin, mi particular Operación Pelotas, llegó a su fin...






jueves, 26 de diciembre de 2013

De nata y fresa

La vida podemos pintarla de muchos colores y degustarla con otros tantos sabores.

Podemos vivirla en tonos grises y sabores amargos, o por el contrario, vestirla de tonos alegres con sabor a dulce.

Son estas fechas navideñas, las que quizás mueven o conmueven a las personas de un modo más profundo que el resto del año. Muchos hablan de esto como de falsedad o hipocresía. Algunos no creyentes, casi consideran una ofensa estas celebraciones y se muestran indignados ante este espíritu de cordialidad que inunda tantos rincones del planeta. Puede que en algún caso, no les falte razón.

 Las guerras, desgraciadamente, seguirán siendo guerras; continuarán muriendo niños de hambre, mientras miramos hacia otro lado; un imbécil, seguirá siendo un imbécil y el mundo, continuará girando igual que lo venía haciendo hasta ahora.

Pero en estos días he podido vivir momentos, emociones y encuentros que sin Navidad, seguramente no existirían.

Contemplar la cara de un solitario amigo feliz por verse arropado por tanta gente en estos días en los que su familia le dio la espalda; recibir el saludo y la sonrisa de una anciana mujer rodeada de pobreza y un inmenso frío, que me recuerda porque un día dejé un donativo en su pequeño y blanco vaso de papel o ver un brillo especial en los ojos de mi eterna amiga que en un estado extremo y delicado de salud, recibe mi regalo como ese niño que descubre su primera bicicleta, me bastan y me sobran para sentir orgullo de vivir estos días, de creer en un Niño, de pensar que por unas horas, por unos días, este mundo y esta vida merecen mucho más el ser vividos.

Ojalá, pueda relatar muchas navidades así y nunca pierda la ilusión por regalar a alguien especial un simple pero sincero turrón de nata y fresa.





* Dedicado a todas aquellas personas, creyentes o no creyentes, con un corazón de oro.







lunes, 23 de diciembre de 2013

Es Navidad




Qué rápido pasa el tiempo. Con más canas y con menos pelo en el que posarse, me encuentro escribiendo quizás lo mismo de siempre, en las mismas fechas habituales y con los mismos sentimientos encontrados.

Melancolía por los que no están; alegría por los recién llegados y ternura en los reencuentros. Trasiego de maletas, carreras en supermercados, esa maldita lotería que nunca toca…

Dicen que esa es la Navidad.

Yo no lo creo.

Para mí, Navidad es esperanza; Navidad es amor; Navidad es mirar la vida con otros ojos. Mirar esa vida en los ojos de los que viven sin prometerse un mejor futuro y ver en ellos un pequeño rayo de luz.

Ver la cara de felicidad de un niño entre luces, guirnaldas y campanillas.

Emocionarse con músicas de sabor a villancico y turrón.

Sentir que ese vecino, ese familiar, ese amigo o ese tipo que encuentro todos los días en la calle, es algo más que todo eso.

Por eso, hoy prepararé viaje, camino y manta y marcharé a un lugar de La Mancha, en el que una viejecilla que quizás no me recuerde o que vagamente sepa quién soy, vive día a día en un mundo de bendita locura, sin acordarse apenas de quién fue.

Una viejecilla a la que debo muchas visitas, muchos besos y abrazos pero que aún en la distancia, siempre está conmigo.

Una viejecilla a la que debo lo más grande que un ser humano puede dar: “LA VIDA”

Le ofreceré un mazapán, reiremos juntos y brindaremos con sonrisas por un futuro mejor para todos.

Sencillamente, porque es NAVIDAD.






Os deseo a tod@s que en estos días encontréis lo mejor para vosotros y vuestras familias.



¡ FELIZ NAVIDAD ¡



martes, 17 de diciembre de 2013

Papelera de reciclaje

Quien más, quien menos, todos hemos usado un ordenador. No somos expertos, pero nos entendemos con él.

Guardar fotografías, películas, esas músicas que nos atraen o esos documentos que en unos pocos bites de memoria, nos desocupan cajones enteros de nuestras casas.

Todos alguna vez, también hemos borrado aquello que ya no nos interesaba porque quizás lo único que hacía era ocupar espacio en nuestro disco duro. Y todo eso que borramos se traslada automáticamente a una especie de purgatorio llamado papelera de reciclaje, que es una antesala al borrado definitivo, o una última oportunidad de rescate ante un posible arrepentimiento o borrado accidental.

Si eso lo trasladáramos a nosotros mismos, me surge la pregunta de si no sería conveniente también usar más esa papelera de reciclaje en la que acumulamos lo inservible.

Borrar de mi memoria los malos momentos, las tristezas hirientes, el dolor corporal y ese otro dolor del alma tan hondo que ningún escáner ha conseguido aún localizar.

Las envidias, los desprecios, incomprensiones, soledades, compañías que no acompañan, risas que no hacen gracia, golpes de pecho a golpes de falsedad, amistades sin amistad y tantas y tantas cosas que hacen de las personas simples bayetas sucias, que absorben y absorben sin escurrir.

Todo eso que hace al humano convertirse en un ser despreciable, debería ir a esa papelera.

¿Restauraría algo de lo borrado?

Quizás sólo la enseñanza positiva que de todo ello se hubiera podido destilar, mirando al futuro y aprendiendo de los errores del pasado.

Y cuando por fin nos preguntáramos ¿estoy seguro de eliminar estos elementos?

Apretar esa imaginaria tecla con decisión y enviar esa basura al limbo de lo imposible.



lunes, 9 de diciembre de 2013

Un dibujo y dos palabras

Soy un afortunado; lo admito. La vida me ofrece en ocasiones, detalles, ráfagas, momentos o pequeñas cositas que a modo de bálsamo endulzan mi diaria existencia.

Era una madrugada fría como tantas otras de invierno. Puntual a su cita, el mismo autobús de siempre traslada caras de sueño, a la gran ciudad.

Sin prisas, pero sin pausa, recorremos el mismo trayecto, las mismas marquesinas, hasta llegar a nuestro destino en forma de intercambiador de transportes.

Pero esta vez, antes de bajar, me percato que en el asiento que me precede, una joven, garabatea algo en el empañado cristal intercambiando una sonrisa con la que intuyo que era su madre.

Mi curiosidad pudo más que mis prisas por salir y no tuve más remedio que fijarme en lo que había escrito antes de marchar.

Sólo un dibujo y dos palabras que también me hicieron sonreír y que a su vez me llenaron de ternura, me desbordaron de esperanza y me hicieron ver esa madrugada, de otro color.












martes, 3 de diciembre de 2013

El pájaro cantaba


Entre el letargo de un ligero sueño acrecentado por el vaivén y el calor del vagón diario de mi diario tren, despierto por el sonido inconfundible de un pajarillo que con su piar corto pero intenso, me extrae de mis ensoñaciones.

No era el lugar en el que esperaba escuchar el canto de un ave. Pero, sí, allí estaba, a mi izquierda. Su dueño era un joven de aspecto desaliñado, que celosamente, protegía su mascota ante las miradas atentas de los que como yo, atendíamos el reclamo de su animalillo.


Su semblante (el del joven) cambiaba de serio a intrigado, de enfadado a risueño y de risueño a carcajeante, con cada piar de su querido pajarito, mientras lo acariciaba con sus hábiles dedos.

El pájaro, cantaba; el pájaro piaba en una secuencia cada vez más rápida y consecutiva.

Cuarenta minutos de reloj entre piares y cantos, entre risas y alborozos.

Así bajé de un tren con el firme propósito o promesa de que si algún día coincido con el mismo desaliñado y su animalito cantarín, desenfundaré mi recortada y de un certero disparo, le volaré la tapa de los sesos a ese infame pájaro mensajero del whatsapp.









jueves, 28 de noviembre de 2013

Sangre, sudor y risas

Una niña, un calcetín manchado de sangre y una sonrisa, parece una combinación o cóctel inusual. Y realmente así lo creo.

Pero cuando esa niña al abrigo del hogar reclama mi atención sin reproches, con orgullo en la mirada y felicidad en el rostro, lo que en principio podía ser motivo de preocupación, se convierte en anécdota. Y lo que debería ser una herida como tantas otras, ahora es una herida de batalla, una herida por esfuerzo, un trofeo de guerra por el afán de superación.

Porque esa niña, minutos antes, con noche cerrada, salió a la calle y bajo un frío invernal y un aire gélido, pateó corriendo, paso a paso, pisada a pisada, las duras aceras de su oscura ciudad.

Llevaba puestas las zapatillas de su hermana. Corrió por los mismos sitios que aquella y su padre lo hacían no hace tanto tiempo.

El esfuerzo, era grande. Una mano de kilómetros nunca los sintieron sus piernas. Su aliento, en ocasiones, aceleraba más que su corazón. Su pensamiento por un lado le hablaba diciéndole: “Te quieres morir”; pero otra voz más potente, más grave y convincente, le gritaba con cariño: “Eres grande, tú puedes, nada te lo impide”.

Y su ánimo le dibujaba sonrisas en los labios, fuerza en la mirada y un rumbo fijo, una meta a alcanzar.

Yo fui testigo de esa entrega. Yo acompañé sus risas, sus silencios por el esfuerzo y su orgullo final por el objetivo cumplido.

Bien valen muchos sudores, algunas gotas de sangre perdidas y algún dolor en el cuerpo, porque querida niña, querida hija, un treinta y uno de diciembre, nos espera Vallecas con los brazos abiertos, miles de ánimos por las calles y una meta que aunque hoy aún parezca lejana, cuando la alcances, ya no podrás olvidar.



* Dedicado a mis hijas y a tantos y tantos locos de remate que no tienen otra cosa mejor que hacer que correr por las calles.











lunes, 18 de noviembre de 2013

Paredes blancas


Tras una esquina un niño observa con curiosidad y cierta astucia, como una pared desnuda se cubre poco a poco de un blanco impoluto, gracias a las hábiles manos de gentes que a golpe de brocha y guisopo impregnan el ambiente con olor a cal.

No necesita verlo, pues sus papilas olfativas nunca le engañan. Ese olor a fresco, mezclado con un dulzor en el paladar, provocan en él un estado de agitación más propio de un animal cuadrúpedo que de un proyecto de hombre en constante crecimiento.

Sabe a la perfección que esa pared quedará a su merced en algún momento, sin más defensa que los rayos del sol que secarán su cuarteado rostro.

Procurará siempre no ser visto ni oído y acercarse con el mayor de los sigilos a su presa para atacarla de frente y sin contemplaciones.

Cuando esas gentes abandonan la tarea y el sol cumple su función, nuestro niño sale de las sombras y en cuatro rápidos y certeros pasos, se sitúa frente a ella y en un imaginario abrazo, comienza a llenarla de besos y lametones cual novio enamorado.

Recorre su superficie con rapidez, dejando en ella las marcas de su osadía en forma de gráfica de cualquier alterado electrocardiograma, pues el temor a ser descubierto y ser encerrado a "cal y canto"  es mayor que su ansia por calmar adicciones.

Y marcha de allí con el ánimo subido, una blanca lengua y una pícara sonrisa, dejando atrás una pared con la firma o graffiti de un niño que hasta varias décadas después, no sabría nunca el motivo de su atracción por aquellas paredes blancas.

                                                                                                                   

“Dedicado a todas las personas que como ese “niño” que hoy os escribe, no sabían que lo que padecían no era una locura transitoria, sino una falta de calcio en su organismo que suplían como buenamente podían”.


Al mismo tiempo, ese niño, pide perdón a todas aquellas gentes que vieron frustrado su trabajo y el mayor de los agradecimientos y cariño a todas esas paredes blancas que le devolvieron sus besos. A todas, gracias por ayudarme a crecer.

     

lunes, 11 de noviembre de 2013

Mochileros

Muy temprano, entre la marabunta de los bajos de la gran ciudad, salimos de los trenes todo un grupo de mochileros buscando la salida con destino a la obligación diaria.

Más o menos somnolientos, alegres, callados o parlantes, pero todos con un rumbo fijo.

Mochilas y personas de todos los colores, alturas y anchuras. Variopinta muestra de gentes plebeyas que seguramente al menos hoy y en su mayoría, preferían haberse quedado algunas horas más bajo mantas y sábanas calientes.

Pero la obligación es la obligación y nos echa de la cama.

Escaleras mecánicas, pasillos, más escaleras y bifurcaciones.

Una última encrucijada antes de salir y todo el grupo menos yo, coinciden en marchar por el mismo lado. Parece que se hubieran puesto de acuerdo en abandonarme. 

No entiendo bien por qué, si entre ellos y yo, sólo existe una ligera diferencia de unos treinta y cinco años.




martes, 29 de octubre de 2013

Ceguera

Aún viendo, en ocasiones, somos ciegos. No vemos más allá de lo que queríamos ver. Nos centramos en nuestros asuntos sin prestar atención a lo que nos rodea, sin percatarnos que cerca, muy cerca, algo o alguien también quizás merecían o necesitaban nuestra atención.

Sigo empeñado en ser amigo de mi amiga. Visitarla, hablarle casi al oído aunque nos separen kilómetros, o desearle unos felices sueños a través de cualquier hermosa canción, día a día, noche a noche. En definitiva, acompañando en lo posible lo más duro de su existencia.

Pero llevo días también en los que mi conciencia me susurra reproches con dulzura, sin rudeza, pero con la persistencia necesaria para hacerme reflexionar sobre algo a lo que pocas veces presto atención.

Toda esa atención, todas mis palabras, todos mis consuelos, incluso todas mis oraciones, siempre tienen en mi amiga el más alto protagonismo, sin percatarme que a metro y medio de esa cama de hospital convive con ella otra historia de mujer unida en compañerismo por esa terrible enfermedad que le borra la sonrisa.

Una mujer aún más joven, cuyo rostro también denota sufrimiento. Otra historia del enfermo desconocido que lucha contra lo que nunca mereció y entristece sus facciones.

No conozco nada de su existencia, nunca hablé con ella más allá de un “buenas tardes”; pero sí sé por su mirada, por su silencio, que su lucha es desigual.

La conozco siempre en soledad y con la mirada perdida en un pequeño televisor.

Su silencio y esa mirada perdida, quizás contengan mil voces, mil preguntas sin respuesta, mil manos sin estrechar, mil consuelos, besos y abrazos sin recibir.

Quisiera ser un valiente. Tener el coraje suficiente para tenderle mi mano y presentarle todos mis respetos, todo mi cariño, todo mi apoyo y toda mi comprensión, pero quizás mi vergüenza, mi pudor o mi propia ceguera, me impidan arrancar una leve sonrisa a esa mujer que también convive con la cara oculta de la vida.


* Dedicado a esos otros enfermos que encontramos en cualquier hospital y que quizás no tienen a nadie en quien depositar parte de sus sufrimientos. Y también a esos maravillosos voluntarios que "pierden" parte de su tiempo, simplemente acompañando su soledad.


jueves, 24 de octubre de 2013

Hay miradas


Hay miradas tiernas y angelicales





Miradas sorprendidas






Miradas de deseo






Miradas de envidia o rencor






Miradas maternales




Miradas tristes





Miradas perdidas






Múltiples tipos de miradas...









                                                                                                        Pero guárdate siempre de aquellas miradas 

que no sabríamos definir…








lunes, 21 de octubre de 2013

Silencio

Hay días en los que quisiera gritar. Días en los que nadie me hiciera callar. 

Días que me permitieran desahogar frustraciones, odios, malas leches o lo más negro de mi corazón. Hoy podría ser uno de esos días.

No por inesperado, me repugna el titular de la jornada:

“Estrasburgo tumba la doctrina Parot”

Se cumplieron las previsiones. Ha triunfado la cobardía, ha salido ganadora la injusticia, la sonrisa de los asesinos, las mofas de los malnacidos, la burla hacia la decencia.

Ya no hace falta esconder la jugada. La partida que comenzó a jugarse hace años, ya tenía las cartas marcadas.

Un Gobierno (el de Zapatero), comenzó a gestar una falsa paz a costa de pasarse por el forro cualquier indicio de justicia y apoyo a las víctimas del terror. Ninguneó como nadie el sufrimiento de las personas de la calle para apoyar con leyes los “derechos” de los “valientes” que matan por la espalda y con un tiro en la nuca a hombres, mujeres y niños brindando en las cárceles por los “éxitos” logrados.

Les buscó trabajo en puestos públicos en nombre de la Democracia, mientras millones de personas en este país, viven sin trabajo y en condiciones infrahumanas.

¿Y todo para qué? ¿Para lograr quizás un premio Nobel de la Paz?

Yo, sinceramente, a este supervisor de nubes, a este imbécil disfrazado de adalid de alianzas imposibles, le daría el premio al gilipollas por excelencia, que si tuviera un mínimo de decencia, no debería aparecer ni en la pantalla de ningún portero automático.

Y todavía nos habla hoy de que él es muy respetuoso con las sentencias.

Él que dio órdenes para que los militares muertos en misiones de “paz” en el extranjero fueran repatriados con nocturnidad y alevosía al país que les vio nacer y sin reconocer jamás que los enviaba a un territorio en guerra y condecorarlos por ello.

Éste, hoy sigue sonriendo por los pasillos de las instituciones, mientras sus obras o más bien “fechorías” han provocado indignación en una gran parte de España. Ha arruinado a media España y encabronado a la otra media.

Hablaría mucho sobre este personaje o sus más allegados estadistas de los que fue capaz de rodearse, pero no tengo tantas ganas de escribir.

Pero no quería dejar pasar la oportunidad de hablar también de nuestro actual Presidente del Gobierno.

No sé qué odio más; si la imbecilidad de su antecesor, o la cobardía fácilmente demostrable del actual.

Sí, señor Rajoy. Creo que es usted un genuino cobarde, que se esconde tras las esquinas y sólo se atreve a actuar ahogando al más débil; desnudándole de sus derechos; despojándole no ya de un estado de bienestar, sino de la perspectiva de un mínimo estado.

Un cobarde que se deja manosear en sus partes blandas, por no decir que se deja tocar los cojones por cualquier político con aires de chulo que quiere marcharse de casa con la condición de que su madre le siga pagando, cocinando y lavando la ropa y pasándose por el forro la Constitución y las leyes que por mayoría votamos hace ya unos cuantos años. 

Qué fácil es ahorrarse pagas extras, qué fácil es dejar sin asistencia, sin becas y sin ayudas a miles de personas realmente necesitadas, mientras ustedes los políticos con sus partidos hechos a la medida y sus colegas forrándose los bolsillos delanteros y traseros se ríen de los humildes ciudadanos que no llegan ya ni a mitad de mes.

A usted, esta doctrina que hoy ha rechazado Estrasburgo, se la suda. Porque si tuviera lo que hay que tener, se declararía en rebeldía y se negaría a acatarla por incoherente, lesiva para las víctimas y vergonzante para un país que ha tenido que sufrir el asesinato de más de mil personas inocentes.

Pero, no, acatará ésta y todas las sentencias que a Vd. o sus colegas, no le afecten directamente. Porque una vida no es nada, y mil quizás tampoco.

Asesinos, violadores y la peor calaña de una sociedad que sólo busca vivir en paz, pero no a cualquier precio, en breve saldrán a la calle a reírse en la cara de todos los que han sufrido lo impensable por una justicia que en España y ahora parece ser que también en Europa, no sólo es ciega, sino también sorda y muda.

Pero tranquilo, Sr. Presidente, que en este país somos tan borregos, que no moveremos barricadas, nadie se apresurará a salir a la calle a protestar por algo tan trivial, ni este asunto se convertirá en trending topic de ninguna red social.

¡Qué pronto se olvidan más de mil muertos!. ¡Qué pronto se olvida el sufrimiento ajeno!. ¡Qué pronto se olvida el horror de unos asesinos!.


Pues yo, no olvido. Y hoy, en recuerdo de todas esas víctimas, grito en silencio por todos ellos y pido desde aquí, y por justicia  se modifiquen las leyes de tal manera que indeseables como estos, sufran en nombre de la Democracia, 

CADENA PERPETUA SIN POSIBILIDAD ALGUNA DE CONDONACIÓN. 




domingo, 13 de octubre de 2013

Cara a cara

Es muy tarde ya, pero es precisamente ahora cuando puedo tirar de las riendas de unos sentimientos desbocados que a ráfagas me golpean en forma de reflexiones desordenadas guardadas en cualquier cajón desastre.

Una corta conversación, pero una auténtica lección magistral de vida a las puertas quizás de una muerte anunciada, es la culpable de que yo ahora necesite escribir sobre una blanca hoja de ordenador.

Hablar así de una conversación mantenida hace apenas 36 horas con una amiga del alma que casi sin fuerzas aún me sigue sonriendo como siempre aunque la morfina no la deje casi abrir sus ojos, puede parecer incluso cruel, si estas letras llegaran a ser leídas por ella o por algún familiar o amigo cercano.

Pero, entre mi amiga Coral y yo, nunca jamás hemos dejado espacio a las mentiras, ni a los disimulos. Nos gusta llamar a las cosas por su nombre y hablarnos sin tapujos. Porque entre dos amigos de verdad, la SINCERIDAD, se escribe con mayúsculas y sin cortinas que la escondan.

Por eso, ahora quisiera imponer a esa amiga la gran medalla de la amistad, con distintivos de serenidad, coraje, razonamiento, falta de resentimiento y bondad a la que se hizo acreedora en apenas veinte minutos de una profunda charla y en toda una vida de amistad.

Porque nunca me gustó que a nadie se le premiara a título póstumo por sus buenas obras.

Se la impongo desde la comprensión, el cariño, el orgullo y la admiración que siempre le he profesado en los dulces tiempos y que ahora se ve acrecentado si cabe, en las horas más amargas.

A esa amiga que se aferraría a un trocito de gotelé que ve en la pared, si hubiera esperanza de una mínima calidad de vida.

A la que nunca culpó a nada ni a nadie de su situación o su mala suerte.

A la luchadora que siempre buscó una sonrisa y una buena cara que ofrecer a los demás aún padeciendo el mayor de los dolores.

A esa amiga que en su situación, se preocupa y aconseja por la salud de los demás.

Podría seguir enumerando méritos para esa distinción, pero para los que la conocemos, sería repetir una y otra vez una historia conocida.

Y pobre de aquella persona que piense que alguna vez se rindió. Porque la muerte, acabará venciéndola, pero sólo a los puntos, en el último asalto y sin unanimidad de los jueces.

No quisiera que esto que escribo sonara a despedida porque nunca me despediré de esta amiga con algo diferente a un “hasta luego”; pero sí quiero dejar constancia que esa fe que muchas veces me confesó que quería tener y nunca encontró, ya no es necesario que la siga buscando, porque en apenas veinte minutos y cara a cara al lado de una cama de hospital, comprendí que había conversado con el mismo Dios.



lunes, 7 de octubre de 2013

Marchó feliz

Como un bicho raro, casi antediluviano me sentí el pasado viernes acompañando a mi hija menor hasta la entrada al Palacio de los Deportes para que asistiera con una amiga que tuvo a bien invitarla al concierto de nombre tan rimbombante como el de Coca Cola Music Experience.

La Coca Cola, la conocemos todos; la Music, también; pero la Experience, esa tarde-noche, fue sólo mía.

Digo lo de antediluviano, porque con mi canosa barba y mis años a cuestas, mirara por donde mirara, me vi rodeado de rabiosa juventud; de chiquillería fanática por ver a varios de sus ídolos en carne y hueso subidos a un gran escenario.

Nombres como “The Wanted”, “Auryn”, “Abraham Mateo”, “Xuso Jones”, prácticamente me sonaban tan a chino, como el idem de la tienda a dos pasos de mi casa.

Debo reconocer, que mi amor por la música aún no me ha llevado a poder apreciar la teórica calidad de estos artistas. Siendo sincero, pienso que son claros ejemplos de esos productos comerciales que las compañías de discos se sacan de la manga aprovechando la indefinición de los gustos musicales de la juventud actual y que mediante campañas publicitarias de gran calibre, calan hondo entre todos los jóvenes del mundo.

Pero aún así, en lugar de aprovechar esas horas de espera para pasear por las calles de Madrid, tomar unas cervezas o visitar algún Centro Comercial cercano, quise acercarme a la zona de entrada del backstage, a sabiendas que uno de los artistas invitados y “secretos” era Pablo Alborán.

No, no penséis que conseguí fotografiarme con él ni nada por el estilo. De hecho, interpretó tres canciones y haciendo mutis por el foro, se marchó como alma que lleva el diablo, camino de Sevilla.

En esa zona, la entrada y salida de gente, es constante. Fumadores que aprovechan la ocasión para practicar su afición; técnicos y personal de seguridad; montadores y desmontadores de escenarios y un largo etcétera, incluida “mucha niña mona, pero ninguna sola”.

En un momento dado, me fijé que entre esta gente, se encontraba un chaval muy joven, con gorrilla y cazadora que parecía atraer la atención de gran parte de los allí reunidos.

Su cara me sonaba, pero no la asocié con ningún nombre, hasta que una joven muy joven, acompañada por su padre, al verlo, casi se desmaya pronunciando entre dientes y temblores un nombre: “Abraham”.

Al escuchar ese nombre, caí en la cuenta que se trataba de Abraham Mateo, por el que suspiran miles y miles de jóvenes de este país.

Me sorprendió primero, la reacción de esta niña, porque apenas conseguía articular palabra; pero aún más perplejo me dejó este artista cuando al percatarse de la reacción de ella, abandonó la conversación que mantenía con un adulto, para acercarse, coger sus manos y darle un gran abrazo, ante la mirada sonriente de su padre.

Ver los ojos de ella clavados en él, unas lágrimas recorrer sus mejillas y una sonrisa de felicidad como pocas veces he visto, puso en modo ternura al Luismi que hasta ese momento, sólo era un mero y cansado transeúnte y espectador casual.

Mil cosas se dijeron, mil veces se abrazaron, mil veces unieron sus manos. Dejaron de ser artista y fan, fan y artista, para convertirse en viejos amigos quinceañeros que tenían muchas cosas que contarse.

Veinte minutos que parecieron segundos inmortalizados en decenas de fotografías que con cara de orgullo su padre realizó con un viejo móvil.

Quizás no vuelvan a verse; quizás nadie se percató del momento; quizás todo sea artificial o ficticio, pero yo sé con seguridad y por experiencia, que esa noche, una niña marchó feliz.



lunes, 30 de septiembre de 2013

Pompa de jabón

"Quien siembra dudas, cosecha olvidos..." (Luismi)

De gente, el mundo está lleno. Anónimos, conocidos, allegados, familiares, vecinos, compañeros de viaje o de trabajo.

Pero como las pepitas de oro y si usáramos una batea, cuando intentamos encontrar un verdadero amigo, son muchas, muchísimas horas de extrema paciencia, comprensión y decepciones las que debemos emplear en ese río de aguas turbulentas que es el discurrir de nuestra vida, para encontrar un solo amigo.

Con qué facilidad se usa la palabra amigo sin pararnos a pensar si es cierto el sentimiento o una más de esas palabras o frases hechas que vienen de serie con las relaciones humanas.

¿Nos hemos parado a pensar realmente quién es mi amigo?

¿Quién estaría dispuesto a reír mis risas y a llorar mis sufrimientos sin tapujos ni disimulos?

¿Quién realmente me echa de menos aún en la cercanía?

¿Quién preferiría una larga charla entre cafés a unas juergas entre alcohol?

¿Quién haría como suyos mis triunfos y como propias mis desdichas?

Pocos ¿verdad? Quizás nadie.

Porque son muchos los amigos que como una pompa de jabón, se van formando, se hacen mayores, incluso percibes en ellos un arcoíris de colores, para acabar explotando y dejando sólo el recuerdo de algo hermoso, pero efímero.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Café para dos



El Café está solitario; la puerta entreabierta y por donde no hace mucho se colaban unos cegadores rayos de sol, se asoman ahora unas tenues sombras difuminadas en un inminente anochecer.

Me gustan estos momentos. Momentos tranquilos en los que mi único acompañante suele ser una taza de aromático café mientras de fondo suena una vieja canción del viejo disco de un viejo artista.

Esta vez, sirvo dos tazas porque sé con seguridad que un entrañable amigo asomará como siempre por esa puerta con su media sonrisa y su pelo despeinado.

Hoy parece que se retrasa, pero sin acabar mi segundo sorbo, una suave brisa asoma por la puerta acompañada de un señor de aspecto adusto, mirada profunda y ropajes de color melancolía.

Nunca supe definir el porqué de nuestra amistad. Quizás por nuestra afinidad de carácter, nuestras soledades compartidas, horas de lecturas, juegos, televisión y risas de amigos pisando charcos.

Siempre con el respeto, cariño y admiración que un señor de cierta edad me merece. Comprendiendo sus ataques de ira, sus malos vientos, su gruñona existencia, pero también compartiendo y admirando muchos ratos de serena belleza, de silencio en las calles, de fina lluvia y calor de hogar.

Nunca hemos necesitado muchas palabras entre nosotros. Simplemente nos miramos, levantamos nuestras tazas y nos despedimos con un último sorbo de café. Su camino es largo y no puede hacer parada y fonda.

Antes de salir por la puerta por la que entró, me mira, le miro y sólo acierto como siempre a decirle como amigo:



“Abríguese Sr. Otoño, no vaya a refrescar…”



viernes, 20 de septiembre de 2013

Mala memoria

Uno de los primeros síntomas de que esa memoria no va bien, podría ser éste...








¡ FELIZ FIN DE SEMANA A TOD@S !

lunes, 16 de septiembre de 2013

¿Y usted?


En un patio de un antiguo edificio, charlaban distendidamente unos hombres y mujeres bien vestidos. Relajados en amigable charla, reían y hacían gestos ostensibles de encontrarse al margen de preocupaciones, agobios e insatisfacciones propias de los tiempos actuales.

No parecían hacer mella en ellos la tan cacareada crisis económica que azota salvajemente los bolsillos de millones de personas en todo el mundo, ni la desesperanza y pesimismo generalizado en la sociedad actual.

Incluso se jactaban de un control total de la situación. Su esfuerzo, su sapiencia, sus derechos y fundamentos, constituían una base sólida y casi infranqueable como salvaguarda ante posibles desastres personales o en su entorno más cercano.

Casi no se percataron de la presencia de una hermosa mujer solitaria que deambulaba entre los corrillos formados por tan insignes contertulios.

Alguien, por fin, fijó la vista en ella pues sus ropajes y apariencia general, denotaban un cierto aire de simplicidad para nada acordes con un mínimo alto status social exigible entre los allí reunidos. Incluso padecía cierta humildad impropia del lugar y momento.

Con aire de autosuficiencia, paso firme y falsa sonrisa, se acercó y encarándose a la mujer le preguntó:

- ¿Nos conocemos?

- Difícilmente, contestó ella con voz firme y a la vez melodiosa.

- Nunca la había visto por aquí, pero el caso es que su cara me suena.

- Quizás sea porque mi cara, en el fondo, resulta bastante vulgar.

- No sé, no sé. ¿Algún familiar o amigo muy cercano que la haya invitado a esta reunión?

- No exactamente. Vine a visitarles animada por mis dos hermanas. Ambas me comentaron que era muy necesaria mi visita para enseñarles todo lo que yo he aprendido durante tantos años y que parece que ustedes tienen muy olvidado.

- Pues no sé, quizás si me dice ¿quiénes son sus hermanas?

- Mis hermanas son Esperanza, que no para de viajar y Justicia, a la que hace mucho tiempo que no veo.

- Pues no, no me suenan. ¿Y tú cómo te llamas?

- Yo me llamo Honradez ¿y usted?



P.D. Dedicado a esa infame parte de la clase política, sindical y social que escondidos bajo una capa de iniquidad y corrupción, campan a sus anchas por este país que aún a pesar de todo, se sigue llamando España. Que cada cual, continúe esta pequeña historia y ponga nombre a ese interlocutor. Yo de momento, como nombre de pila, le llamaré “Sinvergüenza”. Ponedle los demás los apellidos que queráis.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Bajo una gorrilla

Es un día de fiesta; fiesta grande en el pueblo. Día de Patrona, de tradiciones, de puestas de largo, de misas y procesiones. Vamos preparando trajes; ese nudo de corbata, ese ajuste de zapatos, esos pelos traviesos… Idas y venidas de gentes que pasan por delante de un retrato.

Un retrato de un señor mayor, de piel curtida por muchos años y soles. De mirada serena, grave y dulce a la vez.

Antes de salir a la calle, me he parado frente a ese retrato y he revivido recuerdos de muchos años en los que ese señor y yo, en un día tan especial, siempre encontrábamos un momento para tomar quizás un vino blanco, una fría cerveza y algún que otro mejillón o langostino colorao.

Nada del otro mundo, pero momentos que se hacen recuerdos cuando alguien ya no está.

Ya son dos años sin brindis, sin charlas y sin ese vino, pero mirando la fotografía, percibo que bajo esa gorrilla, allá donde esté, sigue sonriendo y disfrutando de la fiesta, de su fiesta y de su Virgen del Carmen.

A ese señor, con todo el respeto y cariño que siempre le tuve y tendré.


martes, 3 de septiembre de 2013

A ciegas

Hay esfuerzos que merecen recompensa. Esfuerzos que van más allá de lo ordenado, obligado o justificado.

Son esos esfuerzos que yo en particular valoro o intento valorar en su justa medida y que me llenan de alegría, orgullo y reconocimiento por el motivo de su realización.

Me sucedió en vacaciones, mientras ayudaba o más bien, estorbaba a mi mujer ordenando, limpiando o colocando enseres, libros y recuerdos en una vieja casa manchega.

Recuerdo que hacía calor, mucho calor.

Los mayores rigores de las 13:00 horas de un sol justiciero, se hacían sentir en toda su plenitud sobre la planta superior de la casa compuesta en gran parte por lo que unos podrían llamar buhardillas, otros desvanes y nosotros, comúnmente, como cámaras.

Nos encontrábamos casi exhaustos por ese ambiente bochornoso, cuando percibí a mis espaldas una compañía y sonido tan conocido como sorprendente en ese momento y lugar.

Me giré creyendo más en mi equivocación por lo escuchado, que en la realidad más inesperada.

Ante mí, se encontraba jadeante y con claros síntomas de un enorme esfuerzo, un viejo amigo que me acompaña desde hace ya más de trece años.

Un amigo de mirada oscura y opaca por su ceguera casi total, que tuvo que superar una empinada escalera guiado casi exclusivamente por su instinto, su olfato y su oído sólo con el propósito de encontrarse conmigo.

Porque ese amigo casi ciego, no es otro que aquel perro que un día rescatamos del abandono y que hoy después de tantos años, afortunadamente, sigue formando parte de nuestras vidas.

Verlo así, me provocó primero un sentimiento enorme de incredulidad por lo inesperado, para pasar a un estado de enorme alegría e infinita ternura reconociendo el gran esfuerzo que tuvo que realizar para conseguir su propósito.

Tendría muchas dificultades para medir quién de los dos se alegró más al encontrarnos cara a cara, porque sus saltos y mis abrazos y risas, podrían dar a entender que hacía mucho tiempo que no nos veíamos.

Hay quien opina que mi perro y yo somos como sombras complementarias y no les falta razón, porque aún viviendo en penumbras, siempre buscamos la luz de nuestra verdadera y desinteresada amistad.



miércoles, 28 de agosto de 2013

Operación Pelotas

Que sí, que sí. Que se acabaron las vacaciones para un servidor. Atrás quedaron días de vino y mujeres, aunque si soy sincero diré que fueron días de cervezas, esposa y calor.

Vuelvo a la vorágine de la gran ciudad; con sus calores, sus colores y sus olores (los del Metro de Madrid).

Mismo autobús, mismas caras, mismo aporreador de teclado en la estación de Plaza Elíptica (al que deberían detener por contaminación acústica) y en definitiva, un regreso a mi inalterable vida diaria.

Eso sí. Me fijo en caras y cuerpos (sobre todo de mujeres hermosas para no perder la costumbre) y advierto ciertos bronceados espectaculares.

Más llamativos si cabe, cuando alguna de estas mujeres se sienta a mi lado y forma conmigo un cuadro de claroscuro espectacular. Porque mi mujer y yo, debemos ser de esa especie en peligro de extinción, que al regreso de las vacaciones, casi volvemos más blancos nucleares que cuando nos fuimos. Y no es porque no salgamos de la habitación del hotel, porque en nuestro caso, ni hotel y casi ni habitación.

El caso es que aquí estoy otra vez con las mismas ganas de siempre. No sé si muchas o pocas y lo que es peor, sin tener claro con ganas de qué.

Escucho a mi alrededor hablar de síndrome postvacacional, al igual que antes y durante el verano, he podido escuchar aquello de la operación bikini.

Así que reflexionando y por no ser menos, he decidido iniciar mi propia Operación verano-otoñal.

Debo salir de mi rutina, debo salir de mi sedentarismo y en definitiva, debo salir de mi sofá, por lo que he decidido iniciar un plan de entrenamiento semanal, que me ayude a alcanzar un estado de forma físico acorde con aquellos gloriosos días en los que el Luismi conseguía llegar de un tirón a la meta de la San Silvestre más famosa de España.

El cuerpo y la edad, quizás no sean mis mejores aliados para conseguirlo, pero creo que cuento con la voluntad necesaria para una tarea tan difícil actualmente para mí.

Sí debo avisar no obstante, que si algún amigo o amiga me encuentra en su camino mientras practico esta imitación de corredor callejero, no piensen que el deporte me vuelve más imbécil de lo normal por no saludarles. Es que tengo la fea costumbre de hacerlo escuchando música y lo que es peor, sin gafas, por lo que escucho y veo borroso.

Comienzo pues mi particular Operación Pelotas, denominada así porque en mi caso y al igual que para dejar de fumar, si no es a base de echarle “pelotas”, no hay manera de conseguirlo. ¡Que Dios reparta suerte!.


********************************************************************************




Algo más de cuatro meses después, la Operación Pelotas, llega a su fin. He cumplido mi misión y se subió al carro entre muchas dudas, mi pequeña.

 Llegamos a meta sin detenernos. Seguramente, llegamos de los últimos. Pero nadie nos puede quitar la satisfacción de cumplir un reto a pesar de todas las dificultades.

Atrás quedaron muchos días malos, algunos peores. Pero que nos quiten lo bailao.

Nada se consigue sin esfuerzo; nadie dijo que esto fuera fácil; por eso la satisfacción es mayor.


Hoy, cierro definitivamente esa Operación Pelotas, porque cuando todo parecía tranquilo, volveremos con la Operación Pelotas II.