"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

domingo, 25 de noviembre de 2012

Diría que sí

"El día mas malgastado de todos, es uno sin sonrisas". (Edward Estlin Cummings)


Soy un animal de costumbres. Pocas son las variaciones o aderezos que suelo añadir a mi guiso existencial diario.

Rutinas que se hacen leyes, o leyes que acaban haciéndose rutinas.

Incluso llego a padecer alguno de esos días en los que el tedio hace que llegue a aburrirme de mí mismo.

Pero aún en esos momentos, circunstancias o simplemente transcurrir de las veinticuatro horas que aún sigue teniendo un día, siempre busco un poso de distinción, de variedad, de originalidad, para no hacer tan monótona mi existencia.

Y últimamente, lo encuentro tarde, pero lo encuentro.

Esa marcha triunfante, transistor en mano, camino de la habitación para que un nuevo día me encuentre dormido, me hace siempre pasar al lado de una mujer que sentada en un viejo sofá aparta dos segundos su mirada del televisor, para encontrándose con la mía dedicarme una sonrisa divertidamente sincera.

¿Sexo? Difícil y a las pruebas me remito.

¿Amor?

Diría que sí.



lunes, 19 de noviembre de 2012

La sonrisa de un niño

Hoy madrugué niño. Hoy es día de escuela; de mochilas, de recreos, de canicas, de bocadillos de nocilla sentado frente a un viejo televisor.

Un día de canciones, de risas, de alegría.

Así quisiera que fuera y así debería ser. Pero un cierto regusto amargo untado de tristeza, empaña la mirada de este niño que escribe, cuando hoy los titulares de los periódicos, dicen que van a dar sepultura en la más estricta intimidad, a Miliki.

Muchos niños como yo, hoy nos preguntamos, cómo se puede enterrar la alegría, cómo se puede enterrar una canción, cómo se puede enterrar una sonrisa, o cómo se puede enterrar un corazón bonachón.

Me niego a creer que todo eso es posible. Así que hoy, más que nunca, mi vecino no será Don José sino Don Pepito, mi barba sólo tendrá tres pelos y mi canario no será canario sino una hermosa gallina turuleca.

Porque hoy, es posible que den sepultura a D. Emilio Aragón y aunque sea en la intimidad, miles y miles de niños le acompañaremos pero a sabiendas de que Miliki, nuestro Miliki, no morirá jamás.

Mi querido Miliki, mi querido payaso, gracias por tantas risas, gracias por tus canciones, gracias por dibujarnos siempre aquello que nunca se debe perder:




La sonrisa de un niño







domingo, 11 de noviembre de 2012

Piratas




Un frío me recorre el espinazo cuando recuerdo aquel día. En la quietud de una perdida aldea, sus habitantes vivían inmersos en su monotonía habitual sin sospechar en lo más mínimo que desde ese día sus vidas cambiarían.

Muchos fueron los rumores. Muchas las conjeturas que de boca en boca se fueron propagando. Incluso una especie de bando escrito en una antigua máquina de escribir, anunciaba lo que más tarde fue superado con creces por su cruda realidad.

Era un caluroso día de un mes de agosto de hace ya veinte años, cuando arribó a puerto una galera que en su interior, llevaba lo más desgranado, bajo y ruin del estamento pirata de todos los tiempos. Una galera en la que ni las ratas se atrevían a convivir.

La mayor escoria, vileza, y sanguinaria educación, se dieron cita en esa galera engalanada para atracar un puerto de la más seca y dura Mancha manchega.

Y cuando digo atracar, lo hago no refiriéndome al amarre de una embarcación, sino al hecho de que esos bucaneros, filibusteros, corsarios, o simplemente indecentes que bajaron de ese barco, “robaron” las risas y la cara de estupefacción de todos los lugareños que tuvieron la desgracia de cruzarse en su camino.

La batalla, fue desigual. Ante los enormes sables piratas portados por unos saqueadores borrachos de la mejor zurra que se ha hecho o se hará jamás, nadie fue capaz de resistirse a la tentación de unas risas robadas.

Y marcharon igual que llegaron. Entre algarabía, gritos ahogados en alcohol y sin un ápice de vergüenza de unos piratas que juraron algún día regresar.



  












domingo, 4 de noviembre de 2012

El debate


Cuando oficialmente ha quedado inaugurada la temporada de enfriamientos, destrozos de gargantas o gripes acechantes y uno parece que sin saberlo había adquirido alguna entrada, las noches pueden hacerse eternas.

Hoy ha sido una de esas. Si añadimos que al malestar general se ha unido un colchón que ha dejado de ser anatómico para convertirse en anatómico-forense, comprenderéis que mis recuerdos de esta noche, se acerquen más a una noche toledana, que a una plácida noche getafense.

Así que tras varias horas de duda, ni corto aunque sí muy perezoso, cuando aún las farolas en la calle seguían encendidas, me he trasladado conmigo mismo, una fina manta y mi fiel amigo de cuatro patas, a ese sofá de salón que tantas y tantas veces nos acogió con cariño.

El escenario cambió totalmente. El sueño que por más que busqué no paró de esconderse, ahora parece que se deja atrapar. Incluso una fina, pero persistente lluvia, se convierte en mi aliada con su relajante repiqueteo en la ventana.

Todo fue como un espejismo en el desierto, porque cuando pensaba que mi nocturna suerte cambiaba, una amiga que me acompaña desde chiquitito, casi sin querer, me susurró al oído:

“Creo que vamos a tener que irnos”

Yo intenté convencerla de que no. Que no era necesario, que estábamos como nunca y podíamos retrasar alguna hora nuestra partida mientras los sueños nos envolvían dulcemente.

Pero ella cortó de raíz este intercambio de pareceres con una de esas frases que no dejan espacio a la menor duda:

“O nos vamos ahora, o tu vieja vejiga hará que revientes”

Fin del debate.