"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

jueves, 27 de septiembre de 2012

La música sonaba

¿Quién no tuvo nunca un sueño, un deseo, una inquietud con ansias de que algún día se hiciera realidad? Pocos creo que serían los que no levantaran la mano.

Por eso hoy, volviendo la vista atrás, recuerdo a una niña de diez años. Una niña muy especial para mí. Una niña que como yo, siente una gran afición por ese conjunto de notas ordenadas que en manos de la persona adecuada, llamamos música.

La recuerdo en una habitación sencilla, más o menos desordenada, rodeada de sus cosas. Sus muñecos, sus libros, sus discos, sus juegos, sus pensamientos, sus alegrías y sus penas, formaban parte del mobiliario, mientras de fondo, siempre sonaba una música italiana.

Nueva años después, vuelvo a contemplar a esa niña. Lleva un disco entre las manos. Le tiembla hasta su pelo suelto mientras camina con paso inseguro al encuentro de alguien que la recibe con una sonrisa.

Y en diez segundos, pude ver que allí mismo, se unieron la ilusión, la historia y los sueños de esa niña, que aún hoy sigue en esa habitación mientras suena una música italiana.





martes, 25 de septiembre de 2012

Bifurcación

Malos tiempos, sí. Muy malos. A ti y a mí nos afectan. No somos nada, no somos nadie, pero somos y estamos.

Tenemos un rictus serio; poco cambiante. Los pensamientos, en ebullición; las preocupaciones, amontonándose por falta de espacio; casi sin nada que rascar en los bolsillos; discusiones, nervios, voces, reproches, forman parte de ese atroz juego en el que se ha convertido la vida de muchos.


Añadamos un recién estrenado otoño caliente y completaremos un sombrío e incierto futuro.


Pero futuro al fin y al cabo. Ya somos afortunados teniéndolo.


Y ante tanto negro nubarrón, sólo dos caminos transitables hacia ese futuro.


Por un lado, un camino de desesperación, desdichas, incomprensiones, miradas perdidas, sueños sin dormir y soledad castigada en un rincón.


Por otro, un camino de paciencia, reflexión, serenidad, diálogo y unión de la buena gente.


La elección siempre será nuestra. Los medios, también.


Yo quiero, debo y creo que puedo optar a iniciar el viaje por ese segundo trayecto.


Sé que no será fácil. Nunca la vida lo fue. Pero también sé que por cada sonrisa mía o tuya que consiga, más fácil será el camino.





martes, 18 de septiembre de 2012

Viejo blues


Sentado en mi coche, con las manos al volante, suena de fondo un viejo blues. Con la vista al frente, concentrado en el camino, el paisaje es inquietante. Vía estrecha y totalmente recta. Una atmósfera cambiante en extremo. Lo que hasta ahora era un nublado día, da paso a una pertinaz lluvia que anega todo mi campo de visión.

En estas condiciones, cualquiera podría sentirse en cierto modo algo inquieto, pero en mi caso, me refugio en el abrigo y protección que el vehículo me brinda. El repiqueteo del agua sobre la carrocería, me produce incluso una sensación de relajación que me transporta a un lugar muy diferente.

Sin perder la concentración en la conducción, me encuentro ahora en una larga carretera de Nueva Orleans a los mandos de un viejo Cadillac. La música suena y la soledad me rodea. Pero me siento bien. Alejado del mundanal ruido. Sólo la carretera, buena música, un agradable paisaje y yo. No necesito más.

De repente, la lluvia ha cesado para dar paso a un fuerte viento que de un plumazo expulsa mi ensoñación. Atrás quedó esa lluvia, atrás quedó ese Cadillac, atrás quedó Nueva Orleans y poco a poco atrás va quedando ese insípido lavadero automático de mi insípida ciudad.

Al menos, aún me quedan las notas de un viejo blues.


miércoles, 12 de septiembre de 2012

Golpes


Cuatro adultos, dos parejas, dos matrimonios bajaban por una calle desierta a altas horas de la madrugada dejando atrás la algarabía de un encierro popular de reses en una de tantas fiestas patronales de la geografía española.

Esa noche, dos cosas unían a esas parejas. Una, el conocerse desde tiempos casi inmemoriales y por otro lado, bajar esa calle a carcajada abierta, sin recato, sin vergüenza, rememorando lo que minutos antes podía haber sido un golpe de graves consecuencias y que al final sólo se convirtió en un gran susto y ligeros moratones en rodillas y costillares.

Uno siempre confía en la destreza y preparación física de los demás. Más aún si se trata de un amigo al que minutos antes había observado realizar correctamente el ensayo general de salto de valla de poco más de un metro, causante del incidente.

Pero una cosa es hacerlo en los ensayos y otra diferente, hacerlo con público delante, incluida la propia esposa del infortunado saltarín.

El impulso inicial, resultó correcto, pero aún hoy no sabemos a ciencia cierta si un pie remolón se quedó atrás, si fue el otro el que se adelantó o fue un verdadero cruce a la remanguillé de brazos y piernas, los que provocaron la hecatombe.

El caso es que ese cuerpo voló por los aires, dejando tras de sí una pierna por un lado, dos brazos por el otro y una cara de estupefacción en aquellos que no dábamos crédito a lo que estábamos viendo.

Del susto inicial, se pasó a la relajación tras escuchar las palabras tranquilizadoras del aprendiz de gimnasta. Y lo siguiente, fue un torrente de carcajadas incontrolables.

Era imposible sujetar las risas de cuatro jóvenes cincuentones. Más aún cuando bajando esa calle, nos percatamos del silencio sepulcral que provocamos en varias decenas de jóvenes que practicaban su fiesta con el preceptivo botellón. Ese silencio se me quedó grabado y más si cabe, cuando un joven alto, rubio e incluso guapo, se me acerca intrigado y me pregunta al oído:

“¿Tío, vas borracho?”

 Si ellos supieran que en Londres no acabaron las Olimpiadas…

Porque aquí hubo un gran salto de puntuación extraña:

            Impresión artística:                                    9,6
            Ejecución del salto:                                   -5,2
            Dictamen general por salto y risas:     irían borrachos     

Y la reflexión que me surge, es que para una sonrisa, una risa o una estruendosa carcajada, no debería haber nunca edades.

Vivamos siempre con una sonrisa en los labios y que los años vayan pasando a “golpes” de carcajadas. 


martes, 4 de septiembre de 2012

Como un enano


Suenan de fondo unos punteos de guitarra. A mi lado, sólo me acompaña una única, caliente y aromática taza de café recién hecho. Entre efluvios y pequeños sorbos, se me dibuja en la cara una media sonrisa evocando lo que no hace muchas horas, pude vivir.

Una reunión, un encuentro, una gran aventura entre personas a las que quizás “sólo” les una un sentimiento de amistad.

Adultos y no tan adultos en busca de una escapatoria, de una celebración, de un encuentro alegre que alejara al menos durante unas horas el agobio y muchas veces la frustración que nos rodea.

Ver un único rostro feliz, ya hubiera compensado el embarcarme en esta aventura. Pero lo que vi, sentí o percibí, superó con creces todas mis expectativas previas.

Fueron muchas las risas, muchas las historias compartidas. Los juegos, los chistes, las músicas, raquetazos de ping-pong, manojos de sandías y teatros imposibles, aderezados siempre por un ambiente de verdadera camaradería, compañerismo y sincera amistad tan en falta en los tiempos que corren.

Ver a un heavy arrancarse por Escobares, o una despertá entre músicas militares, no hay fondo de rescate que lo pueda pagar.

Valores como el honor, el orgullo, la educación, la sinceridad y la alegría de ser y sentirnos jóvenes, hicieron de este encuentro una maravillosa aventura.

Doy gracias a todos aquellos que de una u otra manera habéis hecho que un servidor disfrutara como un enano. A vosotros está dedicado lo que hoy escribo.

Y no puedo ni quiero olvidarme del que creo que en definitiva ha sido el verdadero artífice de que todo esto sucediera.

A mi colega, amigo y compañero. A Él, gracias.