"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

domingo, 30 de diciembre de 2012

Un comienzo


Hablar de comienzo cuando un año acaba puede resultar paradójico, No en mi caso y no en este año que está a punto de decirnos adiós.

Un año difícil en muchos aspectos. Con una crisis que en mayor o menor medida, a todos nos está afectando económica y lo que es peor, moralmente.

No puedo decir que haya sido para mí un año que recordaré por lo positivo que hubo. Ni mucho menos. Pero tampoco seré yo quien reniegue de él, más aún teniendo en cuenta lo afortunado que soy si me comparo con miles y miles de personas en situación de verdadera precariedad en este país.

Quizás entre tanta desgracia, lo bueno se saborea más. Los detalles positivos se magnifican y lo negativo tiene su parte de enseñanza.

Y ayer mismo recibí una inyección de moral cuando una joven cajera me obsequió una gran sonrisa en una mezcla de sorpresa, extrañeza, y alegría, al decirle tras pagarle:

¡QUE TENGAS UN FELIZ AÑO!

Pues hoy, a todos aquellos que quieran compartir conmigo esa sonrisa, les deseo que el nuevo año, sea el comienzo al menos de una esperanza, de una ilusión o de la alegría que quizás haya faltado en éste.



jueves, 27 de diciembre de 2012

Showgirl

Muchas son las personas que han escrito, cantado, hablado o simplemente pensado en el roce de una piel.

Cuántos poetas, cantantes, pensadores, filósofos o simples enamorados, se refirieron a ese momento íntimo, sensible y lleno de sensaciones placenteras que una piel con otra puede llegar a producir.

Algunos hablan de nirvana, otros hablan de cabellos erizados, otros muchos de cierto escalofrío corporal.

Pero esa imagen idílica, esos ojos tiernos, esas miradas lascivas y esas dulces palabras al oído, se disiparon ayer en mí, cuando abrazado a una fría y delgada barra metálica vertical, siento la respiración cercana de un tipo maloliente que además me aprisiona el costillar izquierdo, mientras un bolso de imitación deja casi marcadas en mi pierna derecha las palabras D&G.

Goterones de sudor recorren mi cuerpo. Mis extremidades, comienzan a notar un cierto hormigueo sin hormigas que las recorran y mi mente comienza a jugarme malas pasadas, cuando en un alarde de imaginación, positivismo o sencillamente cierto grado de locura, me veo a mí mismo en un local nocturno, bebiendo un whisky mientras una hermosa mujer semidesnuda se contonea en otra de esas barras metálicas al ritmo de una sensual música de fondo.

Todo idílico hasta que empujado por la marabunta, atravieso unas puertas que se abren y leo en un enorme cartel lleno de hipocresía:



METRO de MADRID, les desea FELIZ NAVIDAD




jueves, 20 de diciembre de 2012

Opciones


Teóricamente estoy a las puertas de integrarme en ese grupo que por cálculos de unos que se llaman como una famosa abeja, van a desaparecer de la faz de la Tierra y la idem con ellos.


Y tengo tres opciones:



a) Llorar como una plañidera por los rincones, despidiéndome de familiares, amigos y conocidos.



b) Recibir esta hecatombe como realmente se merece. Bebiendo, cantando, riendo o cualquier otra palabra que acabe en “ando” o en “endo”.



c) Hacer la vista gorda, pensar con razonamiento, esperar con ilusión el Sorteo de Navidad y las uvas de fin de año y desear para todos, al menos salud y trabajo en el cercano 2013.



Que conste que ahora mismo, me atrae más la opción “b” y puede que durante algunas horas la ponga en práctica.



Pero mi lado bueno, mi lado razonable y en ocasiones hasta medianamente inteligente, hace que me incline por la opción “c” y como todos los años y muy especialmente éste, os desee de corazón que cada uno encuentre esa Navidad que interiormente busca y que el año 2013 nos llene de todo lo bueno que dejamos atrás y aleje los malos vientos.




¡ F E L I Z  N A V I D A D !



lunes, 17 de diciembre de 2012

No hay distancias


Qué difícil resulta la partida de alguien especial. Aunque sepamos que el retorno no es lejano, su marcha siempre entristece. Más aún si esa ausencia se produce en estos días de familias, de turrones, de músicas celestiales, de fríos y nevadas imaginarias mientras en nuestra mente suenan cascabeles con olor a fuego de chimenea.

Nunca es fácil decir hasta pronto a quien se quiere. Cuesta abrazar lo que se va, pero sólo tus ojos cargados de ilusión, esa mirada feliz y ese alguien que a muchos kilómetros te dará ese abrazo y ese amor que ahora dejas aquí, suavizan y endulzan ese vacío que durante unos días nos harás sentir.

Vuela tranquila, vuela alegre, vuela feliz. Porque aquí quedamos unos pocos que te adoran, unos pocos que siempre te llevan en el pensamiento y siempre querrán lo mejor para ti.

Te echaré de menos, hija. Y cuando brindemos por la felicidad del mundo y veamos una silla vacía, quizás lloremos tu ausencia; pero sé que muy lejos de nosotros, tú harás lo mismo, porque no hay distancia que separe el amor de los que de verdad se quieren y saben que hoy, mañana y siempre, será Navidad.

¡ F E L I Z  N A V I D A D !

sábado, 15 de diciembre de 2012

Dos caras y una Navidad


Afortunadamente, siempre acaba encontrándome. Hace años que procuro no esconderme de ese espíritu navideño que como una brisa de aire fresco me despeja la cara y el pensamiento confuso.

Caminando de regreso a casa después de un día de trabajo como tantos otros, me encuentro a un hombre, a un amigo, que con paso resuelto anda por el camino que yo voy dejando atrás.

Algo en él, en su forma de mirarme, en su apretón de manos, me hace despertar un sentimiento de sincera alegría, porque intuyo claramente lo que ya sabía.

Este hombre, este amigo, se dirige ilusionado, algo nervioso, pero feliz, a una primera entrevista de trabajo de lo que espero, deseo y estoy completamente seguro, será el fin de una larga sequía de dos años de ofuscación y tristeza por una vida de trabajo que en cuatro frías letras de un finiquito, se fue, al igual que a tantos y tantos españoles.

Y esa felicidad, esa sonrisa y ese brillo en sus ojos, se convirtieron en segundos en el verdadero espíritu que deseo encontrar en estas fechas, porque me contagia, me llena de esperanza y me dibuja un futuro con luces entre tantos nubarrón.

Pero también y en pocos días, he sentido, percibido, no sé si ciertamente intuido, otros ojos que me han mirado de una manera extraña. Ojos de mujer, de conocida aunque no diría amiga, en los que he visto recelo, falsa alegría por el encuentro e incluso y esto es lo que realmente me entristecería, envidia.

¿Envidia por mí? No tengo nada que dar. No me sobra nada. Quizás sólo soy rico en buenas intenciones y en la buena gente que Dios va poniendo en mi camino.

Por ello, al ver esos ojos y esa actitud que los acompaña, reflexiono y llego a la conclusión de que también una Navidad, esta Navidad, es fiel reflejo de las dos caras del ser humano.



lunes, 10 de diciembre de 2012

Esos ojos que me miran


Soy un habitual cliente de un supermercado cercano. No por afición y mucho menos por devoción; digamos más bien que por obligación dentro del reparto de tareas que hacemos en el hogar conyugal.

Siendo sincero, diré que odio ir de compras. Por eso, inseparable a mí, siempre llevo una nota o lista con los productos que debo comprar. Con ello, consigo ahorrarme tiempo, tentaciones y dinero.

Pero desde hace unos meses, esa paciencia, esa aparente tranquilidad y ese automatismo innato en mí, se desbordan cuando recorriendo los intrincados pasillos de este establecimiento y sorteando a clientes y productos para reponer, me encuentro deambulando como aquel que después de muchas vueltas, ojos tapados y palo en mano, busca cómo destrozar una piñata.

Donde ayer había jamón de york, hoy a las 18:00h. hay queso para untar. Donde ayer se alineaban unos mejillones, hoy se tornaron en lonchas de salmón. Donde ayer había papel higiénico, hoy su lugar lo ocupa un desatascador (esto podría tener su lógica). Y así con decenas y decenas de productos que en un alarde de juegos de magia, han cambiado de ubicación y lo siguen haciendo casi a diario.

Así que cansado ya de hacer más kilómetros de los justos y necesarios, le pregunto a un encargado el motivo para tanto cambio. Y él, orgulloso de su preparación, su maestría en el trato con el cliente y su exquisita educación, me responde:

“Son técnicas de marketing”

Mi cara de perplejidad, no la pude disimular; mi cara de gilipollas, tampoco; pero sí guardé un respetuoso silencio mientras asentía y mi mente no paraba de repetirme:

“Son técnicas para tocarnos las bolas de Navidad”, por no decir algo que rimara con “jamones”

Y así entre pasos y pasos, vueltas y vueltas, llegué a contar hasta en cuatro ocasiones, esa mirada de unos ojos negros que no apartaban su vista de mí.

Cansado ya, herido en mi orgullo y con el genio algo desbocado, busqué la caja que me costara menos tiempo para salir del local.

Eso debió pensar también la cajera que la ocupaba, cuando en un alarde de velocidad que ya la quisiera Fernando Alonso con su Ferrari, no me daba casi tiempo a entregarle el producto, cuando ya lo había marcado con su lector de código de barras.

Y ahí me encontraba yo, sin poder casi llenar mis bolsas, cuando ya me achuchaba esta empleada pidiéndome el dinero de la compra, en lugar de ayudar a un pobre hombre solitario y ofuscado.

Pero no, la cosa no podía parar ahí y en ese preciso instante, tenía que sonar el móvil.

Fue cuando me dije:

“Luismi, es hora de respirar hondo y pedirle a Dios que te dé paciencia y no fuerza”

La respuesta fue inmediata, porque en mi cabeza, comenzó a sonar una vieja canción navideña.

Y así salí de ese estresante supermercado, tarareando una canción y con el recuerdo de los enormes ojos negros de aquella merluza que tantas veces se fijó en mí.



martes, 4 de diciembre de 2012

Tiempos duros


He necesitado caminar por las calles de mi ciudad para percatarme por fin que Diciembre ya llegó.

Operarios subidos a unas grúas se afanan en instalar esas pequeñas luces que anuncian una Navidad más.

Escaparates adornados de nieve sin nevar y de toda esa parafernalia propia de estas fechas.

Pero también me he percatado del contraste entre la luminosidad de las calles y el brillo apagado de sus gentes.

No sé con seguridad si es una impresión subjetiva, pero pienso que no se palpa la alegría de otros años y no se escuchan las sonrisas de antaño.
Pesan más las miradas bajas y los rostros de escepticismo, que unos ojos tiernos o unas amables palabras.

El ambiente es frío y sus gentes, también. Ni siquiera ese puesto de castañas nos rescata como ayer.

Son momentos duros, son tiempos muy difíciles. Hogares destrozados por esa peste de nuestros días llamada paro. Padres y madres de familia que miran tristes un horizonte y un futuro plagado de nubarrones negros.

Un pesimismo y una desconfianza que se han hecho dueños y señores de una existencia que hemos forjado quizás a golpe de inconsciencia.
Buscar culpables de esta situación sería muy fácil, pero hoy no me siento con ánimo de revancha ni animadversión hacia nadie. Ni tan siquiera hacia el político cobarde o el empresario y banquero miserable.

No puedo dejarme avasallar por ese ataque frontal al positivismo que cualquier persona tiene derecho a practicar aún más si cabe en estas fechas.

Por ello, mi propósito será el de vestirme con mis mejores galas para estas cercanas fiestas. Pero lo haré internamente. Con unas pocas guirnaldas de amabilidad, abalorios de sonrisas y regalos de paciencia con perdones. Y como toque final, intentaré esbozar y provocar una sonrisa a toda persona que la quiera recibir.

Porque por muy dura que sea tu situación, la mía o la nuestra, sólo deseo que no nos falte una risa, no nos sobre una ilusión y no nos venza la tristeza.


domingo, 25 de noviembre de 2012

Diría que sí

"El día mas malgastado de todos, es uno sin sonrisas". (Edward Estlin Cummings)


Soy un animal de costumbres. Pocas son las variaciones o aderezos que suelo añadir a mi guiso existencial diario.

Rutinas que se hacen leyes, o leyes que acaban haciéndose rutinas.

Incluso llego a padecer alguno de esos días en los que el tedio hace que llegue a aburrirme de mí mismo.

Pero aún en esos momentos, circunstancias o simplemente transcurrir de las veinticuatro horas que aún sigue teniendo un día, siempre busco un poso de distinción, de variedad, de originalidad, para no hacer tan monótona mi existencia.

Y últimamente, lo encuentro tarde, pero lo encuentro.

Esa marcha triunfante, transistor en mano, camino de la habitación para que un nuevo día me encuentre dormido, me hace siempre pasar al lado de una mujer que sentada en un viejo sofá aparta dos segundos su mirada del televisor, para encontrándose con la mía dedicarme una sonrisa divertidamente sincera.

¿Sexo? Difícil y a las pruebas me remito.

¿Amor?

Diría que sí.



lunes, 19 de noviembre de 2012

La sonrisa de un niño

Hoy madrugué niño. Hoy es día de escuela; de mochilas, de recreos, de canicas, de bocadillos de nocilla sentado frente a un viejo televisor.

Un día de canciones, de risas, de alegría.

Así quisiera que fuera y así debería ser. Pero un cierto regusto amargo untado de tristeza, empaña la mirada de este niño que escribe, cuando hoy los titulares de los periódicos, dicen que van a dar sepultura en la más estricta intimidad, a Miliki.

Muchos niños como yo, hoy nos preguntamos, cómo se puede enterrar la alegría, cómo se puede enterrar una canción, cómo se puede enterrar una sonrisa, o cómo se puede enterrar un corazón bonachón.

Me niego a creer que todo eso es posible. Así que hoy, más que nunca, mi vecino no será Don José sino Don Pepito, mi barba sólo tendrá tres pelos y mi canario no será canario sino una hermosa gallina turuleca.

Porque hoy, es posible que den sepultura a D. Emilio Aragón y aunque sea en la intimidad, miles y miles de niños le acompañaremos pero a sabiendas de que Miliki, nuestro Miliki, no morirá jamás.

Mi querido Miliki, mi querido payaso, gracias por tantas risas, gracias por tus canciones, gracias por dibujarnos siempre aquello que nunca se debe perder:




La sonrisa de un niño







domingo, 11 de noviembre de 2012

Piratas




Un frío me recorre el espinazo cuando recuerdo aquel día. En la quietud de una perdida aldea, sus habitantes vivían inmersos en su monotonía habitual sin sospechar en lo más mínimo que desde ese día sus vidas cambiarían.

Muchos fueron los rumores. Muchas las conjeturas que de boca en boca se fueron propagando. Incluso una especie de bando escrito en una antigua máquina de escribir, anunciaba lo que más tarde fue superado con creces por su cruda realidad.

Era un caluroso día de un mes de agosto de hace ya veinte años, cuando arribó a puerto una galera que en su interior, llevaba lo más desgranado, bajo y ruin del estamento pirata de todos los tiempos. Una galera en la que ni las ratas se atrevían a convivir.

La mayor escoria, vileza, y sanguinaria educación, se dieron cita en esa galera engalanada para atracar un puerto de la más seca y dura Mancha manchega.

Y cuando digo atracar, lo hago no refiriéndome al amarre de una embarcación, sino al hecho de que esos bucaneros, filibusteros, corsarios, o simplemente indecentes que bajaron de ese barco, “robaron” las risas y la cara de estupefacción de todos los lugareños que tuvieron la desgracia de cruzarse en su camino.

La batalla, fue desigual. Ante los enormes sables piratas portados por unos saqueadores borrachos de la mejor zurra que se ha hecho o se hará jamás, nadie fue capaz de resistirse a la tentación de unas risas robadas.

Y marcharon igual que llegaron. Entre algarabía, gritos ahogados en alcohol y sin un ápice de vergüenza de unos piratas que juraron algún día regresar.



  












domingo, 4 de noviembre de 2012

El debate


Cuando oficialmente ha quedado inaugurada la temporada de enfriamientos, destrozos de gargantas o gripes acechantes y uno parece que sin saberlo había adquirido alguna entrada, las noches pueden hacerse eternas.

Hoy ha sido una de esas. Si añadimos que al malestar general se ha unido un colchón que ha dejado de ser anatómico para convertirse en anatómico-forense, comprenderéis que mis recuerdos de esta noche, se acerquen más a una noche toledana, que a una plácida noche getafense.

Así que tras varias horas de duda, ni corto aunque sí muy perezoso, cuando aún las farolas en la calle seguían encendidas, me he trasladado conmigo mismo, una fina manta y mi fiel amigo de cuatro patas, a ese sofá de salón que tantas y tantas veces nos acogió con cariño.

El escenario cambió totalmente. El sueño que por más que busqué no paró de esconderse, ahora parece que se deja atrapar. Incluso una fina, pero persistente lluvia, se convierte en mi aliada con su relajante repiqueteo en la ventana.

Todo fue como un espejismo en el desierto, porque cuando pensaba que mi nocturna suerte cambiaba, una amiga que me acompaña desde chiquitito, casi sin querer, me susurró al oído:

“Creo que vamos a tener que irnos”

Yo intenté convencerla de que no. Que no era necesario, que estábamos como nunca y podíamos retrasar alguna hora nuestra partida mientras los sueños nos envolvían dulcemente.

Pero ella cortó de raíz este intercambio de pareceres con una de esas frases que no dejan espacio a la menor duda:

“O nos vamos ahora, o tu vieja vejiga hará que revientes”

Fin del debate.


lunes, 29 de octubre de 2012

Un beso y mil perdones




Cuando el enfado da paso a la ira, el hombre deja de ser hombre para vestirse de animal. El razonamiento, más que confuso, se torna en un agujero negro que arrasa lo que encuentra a su paso.

De nada sirven las palabras, de poco sirven los gestos y no hay tiempo para explicaciones.

Pensar se vuelve una quimera y las sombras nos atraen más que las luces de neón.

Es quizás ese lado oscuro que todos queremos ocultar y que sin ser llamado, un día se presenta altanero como el principal protagonista de nuestra existencia.

Nunca quise buscarlo; siempre intenté encerrarlo bajo siete llaves, pero un día escapó para encontrarme. Y vino para retenerme, pero no se lo puedo permitir.

Nadie merece esa ira y mucho menos aquellos que en silencio, más me quieren y me pueden entender.

Es a ellos, a esos que durante unos días han tenido que soportar estoicamente mis enfados, con o sin sentido. A esos es a los que sólo puedo pedirles un penúltimo gran favor:

Que intenten mirar siempre el lado amable del tipo  que escribe esto y se convenzan que ese otro indeseable, es sólo un personaje transitorio que intenta hacerse con el control de la situación en un momento de debilidad.

No ha nacido aún nada ni nadie que derrote mi conciencia, ni mis buenos sentimientos y aunque un día me venza, y la bondad que busco en mí pueda quedar ciertamente trastocada, sé que aquellos que me quieren sabrán comprenderme. 

A todos ellos, a todos vosotros, respirando hondo, con esta melodía de fondo, os regalo un beso y os pido mil perdones.


jueves, 25 de octubre de 2012

Mensaje en una botella

Cuando la distancia separa dos amores, demuéstrale cuánto la amas...






feliz

finde
 
 
 
 

martes, 23 de octubre de 2012

Sólo dos letras





En un rincón, acurrucada, amedrentada, incomprendida y olvidada, casi no se atreve a salir.

Muchos le hicieron daño. Muchos fueron los que se alejaron de ella y ninguno se atrevió a mirar atrás mientras la abandonaban sin piedad.

¿Qué mal causó? Sólo quiso hacer el bien. Sus ojos vidriosos aún esperan una mano amiga. Alguien que llegue a comprender entre tanta incomprensión.

De nada sirvieron sus súplicas. Sus llamadas dejaron de ser escuchadas y  toda su grandeza, toda su bondad, acabaron en el ocaso del olvido.

La dulzura de sus palabras, dejaron de calar hondo en el corazón del hombre.

Un hombre demasiado ocupado en sí mismo. Un hombre perdido en el egoísmo, la egolatría, la política, el dinero.

Un corazón de piedra escudado en sus propios miedos que no quiere dejar pasar nada que se engalane con el vestido de la humildad.

Por eso la abandonó. Mil excusas le bastaron para no fiarse de ella y prefirió dejarla al margen de su existencia.
Pero ella, aún siendo abandonada, siempre encontrará un momento de perdón, de reconciliación, de cobijo en su regazo. Porque su luz, nunca se apaga y su casa siempre permanecerá abierta.

Y hoy, en estos malos tiempos que nos ha tocado vivir, más que nunca, necesito cobijarme en ella. Necesito su calor, su tierno abrazo.

Y sé que esas dos manos que ofrezco, las apretará con fuerza, me mirará a los ojos y una luz de esperanza se reflejará en ellos.

Porque la fe, con todas sus caras, es así. Sólo dos letras que irradian una luz entre tanta oscuridad.

jueves, 18 de octubre de 2012

El buscador

Mira que he buscado por todos sitios. Detrás de alguna puerta. En el baño. Nada.

La cocina, terraza, salón, habitaciones.

Hasta debajo de las camas, mientras mi mujer me mira inquisidoramente y deja escapar esa típica frase lapidaria de “algún día vas a perder la cabeza”.

Incluso cambio mis gafas por las de lejos. Casi peor, porque ahora no veo bien de cerca. Es frustrante de verdad. Basta que un día se te ocurra buscar algo que hace tiempo que no necesitabas, para no encontrarlo entonces.

Le pregunto a mis hijas y me miran con cara extraña. No creo que sea para tanto; a cualquiera le puede pasar.

Hasta el perro como fiel amigo, parece ofrecerse a buscarlo mientras ese canario guarda un respetuoso silencio.

Imposible, imposible y además improbable. Hoy es uno de esos días en los que por más que me esfuerce, no consigo encontrarme a mí mismo.

domingo, 14 de octubre de 2012

El pescador


Es una persona humilde, es un joven alegre y comprometido.

De aspecto bonachón, nadie diría que ha decidido dedicar su vida a bregar en mares difíciles, convulsos y en muchas ocasiones ingratos.

Sabe de antemano, que en los tiempos actuales, el viento sopla fuerte y en contra. Por ello, admiro aún más su decisión de luchar contra él; de seguir su instinto y su vocación; de no cejar en el empeño de llegar a puerto con la satisfacción del deber cumplido.

Viendo la alegría de su rostro y la cara de orgullo que realmente me conmovió en su padre, a este marinero, a este pescador de hombres, sólo puedo decirle que no le faltarán manos que le ayuden a agarrar esos cabos, ni a tirar de esas redes, para que pueda tener una feliz travesía.

Con todo nuestro cariño y admiración a D. Rafael Fernández Rivero en su Ordenación Sacerdotal del pasado 12 de Octubre.






viernes, 12 de octubre de 2012

Día de la Patrona


Un niño nació en un viejo Cuartel de la Guardia Civil que aún hoy se mantiene en pie casi medio siglo después.

Ese niño, desde entonces, se convirtió en hijo del Cuerpo y como tal, con el orgullo y la admiración que siempre ha profesado por la Benemérita, hoy quiere rendir homenaje a todas aquellas personas que han vestido, visten y vestirán por fuera o por dentro un uniforme verde engalanado para rendir honores a la hermosa Virgen del Pilar.

Y como todos los años, felicito especialmente a aquel que sin estar, nunca se marchó.

Hoy padre, un año más en el día de tu Patrona que también siento como mía, grito contigo…



¡¡¡ V I V A  L A  G U A R D I A  C I V I L !!!


miércoles, 10 de octubre de 2012

Doce mástiles

Hace poco tuve noticias de la trágica muerte de un tipo con el que en toda mi vida habré cruzado dos “holas” y un “adiós”.

Ya su apodo, puede darnos una ligera idea de su peculiaridad.

“Gargajillo” era el típico ejemplar autóctono de una comarca rural a la que me unen lazos familiares, gran parte de mi juventud y la casi totalidad de mis amigos de risas, mujeres y alcohol.

Como es natural y desgraciadamente en mí, muchas más risas y alcohol que mujeres.

En ese pueblo, hace ya más años de los que quisiera y menos de los que pensaba, existía una discoteca en la que nuestro personaje se desenvolvía como fiera que recobra su libertad.

La pista de baile, se convertía en su hábitat natural cuando por sus bafles sonaban esos temas heavys que tanto y a tantos de nosotros nos han hecho sudar y bailar.

Daba igual que ese día sonaran los Maiden, Rainbow, Zeppelin, AC/DC, que Obús o Barón Rojo.

Sin saber muy bien ni cuándo ni de dónde, aparecía entre nosotros Gargajillo sujetando como todos esa guitarra imaginaria que cualquier heavy metal que se preciara, sabía tocar.

Pero la suya, a mí siempre me pareció que era especial.

Su forma de moverse, esos punteos y ese estado de posesión casi infernal, lo hacían único en su especie.

Y ahora que me entero que este personaje ha desaparecido y aunque sé que a él le gustaba más una autopista al infierno, le desearé que encuentre una escalera al cielo mientras yo me quedo aquí echando aún más de menos si cabe, esa discoteca, esa música, esos bailes y ese guitarrista con su guitarra de doce mástiles.

D.E.P.



Debo hacer una aclaración a esta historia, porque la información que yo tenía no era la correcta y pido perdón por ello. El personaje de mi historia, afortunadamente no ha fallecido, aunque siento decir que era su hermano, al que también conocía. No obstante, mantengo mi homenaje a uno y mi deseo de descanso eterno para el otro.




miércoles, 3 de octubre de 2012

Ángel

De regreso a casa, con mis auriculares que me aislan con su música del mundanal ruido, soy uno más de esos cientos de viajeros que en un tren se alejan del trabajo en la gran ciudad.

Poco que contar y escasas las emociones que en un medio así nos suceden a lo largo de los años. Caras la mayoría de cansancio, algunas de preocupación y en su mayor parte impregnadas de un ambiente rutinario.

Por eso hoy, me fijé especialmente en un detalle que atrajo mi atención.

Una joven plácidamente sentada, leía un libro con aparente pasión. Trasiego de gente en la primera parada y un señor de cierta edad, que recorriendo el vagón, no encuentra un asiento libre. Ella lo ve y rápidamente le ofrece el suyo con una hermosa sonrisa.

Su libro, su mochila y su cazadora, no fueron obstáculos para ejercer esa profesión tan denostada hoy en día llamada civismo.

Pero no contenta con ello y tras conseguir no sin esfuerzo un nuevo asiento, no tuvo ningún reparo en volver a cederlo esta vez a otra joven apoyada en una muleta. Y además, regalándole otra de sus hermosas sonrisas.

Dicen que los ángeles son seres hermosos de hermosos rostros.

Si es así, soy un tipo muy afortunado, porque yo hoy he visto uno.


jueves, 27 de septiembre de 2012

La música sonaba

¿Quién no tuvo nunca un sueño, un deseo, una inquietud con ansias de que algún día se hiciera realidad? Pocos creo que serían los que no levantaran la mano.

Por eso hoy, volviendo la vista atrás, recuerdo a una niña de diez años. Una niña muy especial para mí. Una niña que como yo, siente una gran afición por ese conjunto de notas ordenadas que en manos de la persona adecuada, llamamos música.

La recuerdo en una habitación sencilla, más o menos desordenada, rodeada de sus cosas. Sus muñecos, sus libros, sus discos, sus juegos, sus pensamientos, sus alegrías y sus penas, formaban parte del mobiliario, mientras de fondo, siempre sonaba una música italiana.

Nueva años después, vuelvo a contemplar a esa niña. Lleva un disco entre las manos. Le tiembla hasta su pelo suelto mientras camina con paso inseguro al encuentro de alguien que la recibe con una sonrisa.

Y en diez segundos, pude ver que allí mismo, se unieron la ilusión, la historia y los sueños de esa niña, que aún hoy sigue en esa habitación mientras suena una música italiana.





martes, 25 de septiembre de 2012

Bifurcación

Malos tiempos, sí. Muy malos. A ti y a mí nos afectan. No somos nada, no somos nadie, pero somos y estamos.

Tenemos un rictus serio; poco cambiante. Los pensamientos, en ebullición; las preocupaciones, amontonándose por falta de espacio; casi sin nada que rascar en los bolsillos; discusiones, nervios, voces, reproches, forman parte de ese atroz juego en el que se ha convertido la vida de muchos.


Añadamos un recién estrenado otoño caliente y completaremos un sombrío e incierto futuro.


Pero futuro al fin y al cabo. Ya somos afortunados teniéndolo.


Y ante tanto negro nubarrón, sólo dos caminos transitables hacia ese futuro.


Por un lado, un camino de desesperación, desdichas, incomprensiones, miradas perdidas, sueños sin dormir y soledad castigada en un rincón.


Por otro, un camino de paciencia, reflexión, serenidad, diálogo y unión de la buena gente.


La elección siempre será nuestra. Los medios, también.


Yo quiero, debo y creo que puedo optar a iniciar el viaje por ese segundo trayecto.


Sé que no será fácil. Nunca la vida lo fue. Pero también sé que por cada sonrisa mía o tuya que consiga, más fácil será el camino.





martes, 18 de septiembre de 2012

Viejo blues


Sentado en mi coche, con las manos al volante, suena de fondo un viejo blues. Con la vista al frente, concentrado en el camino, el paisaje es inquietante. Vía estrecha y totalmente recta. Una atmósfera cambiante en extremo. Lo que hasta ahora era un nublado día, da paso a una pertinaz lluvia que anega todo mi campo de visión.

En estas condiciones, cualquiera podría sentirse en cierto modo algo inquieto, pero en mi caso, me refugio en el abrigo y protección que el vehículo me brinda. El repiqueteo del agua sobre la carrocería, me produce incluso una sensación de relajación que me transporta a un lugar muy diferente.

Sin perder la concentración en la conducción, me encuentro ahora en una larga carretera de Nueva Orleans a los mandos de un viejo Cadillac. La música suena y la soledad me rodea. Pero me siento bien. Alejado del mundanal ruido. Sólo la carretera, buena música, un agradable paisaje y yo. No necesito más.

De repente, la lluvia ha cesado para dar paso a un fuerte viento que de un plumazo expulsa mi ensoñación. Atrás quedó esa lluvia, atrás quedó ese Cadillac, atrás quedó Nueva Orleans y poco a poco atrás va quedando ese insípido lavadero automático de mi insípida ciudad.

Al menos, aún me quedan las notas de un viejo blues.