"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Lo que no me pase a mí...

En ocasiones, a uno se le queda cara de tonto. En otras, puede que de perplejidad. Y en algunas, uno no sabe si reír, llorar o gritar. Yo soy de los que prefiere reír si es que puedo elegir.

Cuántas veces a lo largo de nuestra vida habremos dicho aquello de “lo que no me pase a mí…”

Yo, infinidad. La última no hace mucho.

No soy una persona a la que le entusiasme el deporte del shopping. Recorrer tiendas y tiendas en busca de aquella prenda, calzado o artilugio necesario, no va conmigo. Prefiero para esto enviar una delegación en forma de santa esposa o dóciles hijas que solícitas y fiándome por completo de su buen gusto y moderación en el gasto, otean los miles de artículos para después de un exhaustivo informe, aconsejarme sobre tal o cual artículo. Y es entonces cuando por fin me decido a acudir a los establecimientos necesarios.

Pues bien, el pasado fin de semana no tuve más remedio que decidirme al fin por cambiar ese pantalón vaquero que dijo “basta”.

Así que acompañado de mi hija mayor, acudimos a una de estas típicas tiendas con nombre idéntico al de la ciudad de los Simpsons.

Como nunca he sabido a ciencia cierta que talla uso de pantalón, lo mejor era llevarme al probador un par de tallas de los tres o cuatro modelos de vaqueros que más o menos me gustaban.

No padezco claustrofobia, pero nunca me he sentido cómodo en un probador. Esa estrechez, esa falta de perchas en las que dejar las prendas que te vas a probar, el no tener un asiento para descalzarme cómodamente, me suele poner muy nervioso. Pero ese día, no. Me encontraba realmente bien a pesar de esos inconvenientes.

Así que armado de paciencia, uno a uno comencé mi tarea. Y así fui desechando los que no me sentaban bien, no me dejaban respirar o me hacían sentirme como aquel albañil que al agacharse mostraba en plenitud una gran sonrisa vertical.

Hasta que llegué a él. Con su tela de suave tacto, un color azul casi metalizado, liviano y muy fácil de poner. En mi vida, creo que me he sentido tan cómodo al probarme un pantalón. Se ajustó a la perfección, e incluso llegué a pensar que frente al espejo se encontraba el propio Springsteen de la portada del disco Born in the USA.

Pero algo en esa idílica escena no cuadraba. Sólo tuve que bajar la mirada para encontrarme con algo que no debía estar allí. No, no era normal.

Alcanzaba a ver en su totalidad unos calcetines con sus correspondientes tobillos y eso me dio que pensar, porque una cosa es que unos pantalones sean más o menos “pesqueros”, y otra muy diferente, que no salgas nunca del río.

¿Cómo era posible que de cintura, pierna e incluso entrepierna me sentaran tan bien y fueran tan cortos?

¿A mi edad el cuerpo sufre una transformación tan brutal?

¿Tejieron ese pantalón en plena fiesta de año nuevo?

¿Era algún tipo de broma y me estaban grabando?

¿Dios existe?

Miles de preguntas acudieron a mí sin una respuesta clara.

Así que tuvo que ser una experta, cariñosa, amable, paciente y en cierto modo pícara empleada quien con media sonrisa por fuera y descojone general por dentro, me explicó de una manera concisa pero rotunda, que aquellos pantalones de mis sueños, eran simplemente unos “pantalones cagaos”.

Y el mundo me cayó encima.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Optimismo

Cuando piensas que las cosas van mal... aún es posible que vayan peor.






Y para comenzar el fin de semana a ritmo de rumba, hoy como extra podéis disfrutar del primer single del nuevo disco de EL DESVÁN DEL DUENDE que en breve saldrá a la calle a dejarse querer.





¡ FELIZ FIN DE SEMANA A TOD@S Y HASTA LA PRÓXIMA !

lunes, 21 de noviembre de 2011

Un asiento vacío


La vida suele dar muchas vueltas y en alguna de ellas nos deja reflexiones que cultivan pensamientos en forma de tormentos que nos persiguen o enseñanzas que nos enriquecen.

El pasado sábado, por una de esas casualidades, coincidí con alguien al que no esperaba encontrarme.

Subido a un autocar con destino a un pueblo en el que siempre me espera una viejecilla a la que le debo algo más que la vida, se sentó junto a mí un señor de más o menos mi misma edad.

No soy una persona a la que le guste demasiado conversar en los viajes. Prefiero dormitar o si el paisaje lo merece, dedicarme a su contemplación.

Pero no sé por qué, con este señor tuve enseguida la sensación de que nos habíamos visto antes.

Y fue un sentimiento mutuo, porque rápidamente ambos nos dimos cuenta que algún nexo invisible nos unía.

Coincidencias de la vida, nuestro destino era el mismo y el motivo de nuestro viaje, era similar.

Incluso el hecho de ser un viaje relámpago de ida y vuelta en el día, confería a este encuentro el apelativo de al menos, peculiar por tanta coincidencia.

Él me comentaba que como yo, iba a visitar a su madre a la que hacía tiempo que no veía, pero que para él, se trataba más de un trámite a cumplir y de una obligación moral, que de un hecho realmente apetecible por el que mereciera la pena realizar este cansado viaje de ida y vuelta en el mismo día.

Nuestra conversación resultó más bien intrascendente y creo que poco enriquecedora para ambos. Quizás al coincidir también en el trayecto de regreso a Madrid, fuera más amena.

Y así fue realmente. A pesar del cansancio acumulado, de unos asientos más bien incómodos y de una noche realmente desapacible, el viaje resultó ser mucho más agradable de lo que yo esperaba.

Incluso hubo momentos al margen de nuestra conversación, para en la intimidad de uno mismo, recordar con cariño cómo esa tarde había compartido con mi madre los mazapanes sin azúcar que quise regalarle y de cómo nos reímos de su glotonería desdentada. Sólo por eso, ya mereció la pena el viaje.

Son recuerdos y pensamientos agradables que a uno le gusta compartir y que no pude hacer con mi compañero de viaje, porque al intentarlo, sólo encontré un asiento vacío.

jueves, 17 de noviembre de 2011

A quien lo encuentre




viernes, 11 de noviembre de 2011

Jubilación

No estoy yo muy seguro de que me gustara un homenaje así en mi "jubilación"...







¡ FELIZ FIN DE SEMANA A TOD@S !


jueves, 3 de noviembre de 2011

A tí


A ti que hoy te sientes derrotada.

 A esa persona a la que la sonrisa se le hace mueca. 

A la que veo acurrucada en sus pensamientos vagando en un mar de dudas.

 La que hace puzzle de recuerdos bailando en su cabeza.

A la que el amor abandonó saliendo por la puerta falsa. 

La que creyó en un amor disfrazado de ilusión, o creyó en una ilusión con disfraz de amor.

A ti con cariño me dirijo y aconsejo.

No hay amor disfrazado. El amor se presenta con las manos vacías, desnudo; se siente, se huele, se percibe.

Te atormenta en un feliz tormento.

El amor es compartir, el amor es acompañar, el amor es ceder, comprender, es la amistad en su grado máximo.

Un detalle basta, sin artificio, sin controles de caducidad.

Hay más amor en un gesto sincero, que en mil te quieros.

No existen las medias verdades. Se quiere o no se quiere.

El amor se escribe entre admiraciones. Nunca entre interrogantes.

Es un punto y seguido y no suspensivos.

Es preferible un cuenco vacío de amor, que lleno de lágrimas.

El amor es un delincuente dividido por dos cómplices que multiplican sonrisas e ilusiones y restando sinsabores, suman y comparten alegrías de futuro.

Un futuro de cabezas erguidas, de orgullo por sostén en la mirada. Un futuro en el que la línea del horizonte, la marcas tú y tu vida también.

Hoy tu cabeza gira en un torbellino de confusiones. La razón llamó a tu puerta y cansada de llamar, tuvo que derribarla y hacer ver a Campanilla, que nunca sería justo perder sus alas por un Peter sin sombra.

Es duro, es crudo, pero es real. Y el mundo seguirá girando y quizás entre tanto giro, al torcer una esquina o al desviar la mirada, o al sentir el viento en tu cara, el amor que mereciste acabe su búsqueda y por fin te encuentre.

Mientras tanto, esperaré contigo. Como compañero, como amigo, como padre, que no te ofrece un hombro para llorar, porque a tí hija, te ofrezco los dos.