"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"

martes, 27 de abril de 2010

A la de tres

"La vida es una constante derrota tras otra y al final siempre acabas deseando que se muera Flanders" (Homer J. Simpson.-Dibujo animado)

Corría al año 1972, cuando un niño de ocho años sentado en el suelo y con la merienda entre las manos, contemplaba embelesado las competiciones de natación de las Olimpiadas de Munich. No parpadeaba, casi no respiraba. Se fijaba sobremanera en un nadador con bigote, de nacionalidad estadounidense y de nombre Mark Spitz. Era su ídolo. Una tras otra, consiguió medallas de oro, hasta un total de siete.

Ese niño, se fijaba en todos sus movimientos. Sus brazeos, cómo movía los pies, cómo giraba la cabeza para inhalar el aire que sus pulmones reclamaban. Pero lo que más le llamaba la atención de este nadador, era su forma de lanzarse al agua.

Observaba como antes de saltar, se colocaba en posición, tocándose casi las puntas de los pies. Entonces, se hacía el silencio; el juez de salida, les decía en un idioma que él no entendía, algo así como "¡Preparados!" y al sonar una bocina traicionera, se obraba el milagro. El nadador tensaba al máximo sus músculos y con un gran impulso de sus piernas, se lanzaba al agua, desapareciendo literalmente en ella.

Y ese niño, pensó: "Ese agua debe estar caliente, para que un nadador se lance de esa manera, sin ningún recato".

Y pensando, pensando, nuestro protagonista convenció a su madre para que lo llevara a la piscina municipal y así poder emular las hazañas de su ídolo.

Llegó el día, llegó la hora y llegó al lugar. La piscina no era igual. No tenía calles, no era rectangular y sus dimensiones dejaban mucho que desear. Pero para un niño con un sueño, aquello eran nimiedades.

Como cualquier madre, la de ese niño le ayudó a desvestirse al mismo tiempo que le daba unos últimos y sabios consejos antes de zambullirse. ¡Debes entrar poco a poco! ¡Mójate primero los brazos! ¡La cabeza! ¡Los riñones!.

¿Para qué, si el agua estaría caliente?

Sólo quedaba un calcetín traicionero que no quería salir. Se resistía, aunque al final salió. Y su madre se quedó con ese calcetín en la mano y sin poder reaccionar cuando ese niño, a la de tres, saltó.

Grande fue la conmoción que ese salto provocó en los allí presentes, y aún más grande fue la conmoción que sufrió el protagonista de esta historia, cuando su cabeza saludó el fondo de la piscina. ¿Agua caliente? Para ser caliente, lo disimulaba muy bien. Era fría, muy fría.

Nunca supo decir qué le dolió más. Si el golpe en la cabeza, ser rescatado por un señor, el descubrir lo traicionero que puede llegar a ser el líquido elemento, o la vergüenza de ser una estrella estrellada.

El caso es que ese niño creció con la duda, ese niño se hizo hombre e incluso ha llegado a escribir en un blog.

Si alguna vez, amigo lector lo encuentras nadando, fíjate bien en sus brazos y sobre todo, fíjate bien en sus piernas, porque aunque su estilo resulte incluso atractivo, una de sus piernas nadará, mientras su hermana pisará siempre suelo firme.

11 comentarios:

Mónica PG dijo...

Sobrecogedor, cuanto menos. Para un niño no hay sueños imposibles, quizá porque desconocen el miedo a realizarlos y, como en esta historia, se lanzan de cabeza sin temor a las consecuencias.
Luego, cuando crecemos, caminamos con pies de plomo. Plomo configurado por todos aquellos sueños que no acabaron como soñamos.

Un besazo!

luismi dijo...

Ese niño, aún vive con ese recuerdo, pero aunque ese niño nunca aprendió a nadar, lo recuerda con cariño y se ríe como buen simulador de nadador.

Un besazo pasado por agua.

Vicky dijo...

Tus recuerdos me traen a algunos mios en la playa.La confianza es traicionera , al menos en mi caso , y un dia después de nadar un buen tramo hacia mar adentro , me canse , y quise tocar suelo para descansar ,con la casualidad de que por más que me hundiera nunca tocaba el fondo, y me entro el pánico porque sentia que me ahogaba , gracias a dios que mis amigos reaccionaron y entre varios chicos me sacaron, algunos tenian cursillo de socorrismo y supieron actuar.Luego me dijeron, que ellos tampoco tocaban fondo en aquel lugar y que tambien sintieron lo que es el miedo.Desde entonces mi cuello no es superado por el agua y una de mis piernas siempre intenta tocar fondo en el mar.

Besos , Vicky.

Suso dijo...

Hay sueños que terminan con un porrazo, pero yo creo que debería hacer por nadar, poco a poco, que empiece con flotadores o algo, jeje, por lo menos el sueño se cumple en parte..
un fuerte abrazo

Sombragris dijo...

Yo también tenía 8 años en el 72 y alucine con Mark Spitz....por cierto tardé bastante años (creo que aprendí a los 25 años a nadar y aun no lo hago muy bien.Creo que aprende uno mas de lo "ignorado" que de lo presabido...jejej.Magnifico tu texto.Un abrazo

Taty Cascada dijo...

Eso es lo que más extraño de la niñez, la fé ciega en tus posibilidades, crecer es perder la capacidad de soñar, por eso me quedo con el pensamiento de Neruda, jamás perder el niño que llevamos dentro.
Un abrazo.

luismi dijo...

Querida Vicky: me pongo en tu lugar y se me ponen los pelos como escarpias. Debe ser una sensación horrible. El mar es hermoso, pero muchas veces traicionero. En mi caso, al no saber nadar, el agua del mar no me llega a cubrir muy por encima del ombligo, pero disfruto igualmente.

Un beso


Amigo Suso: puedo asegurarte, que he usado toda clase de flotadores, manguitos y demás, y mi cuerpo sigue teniendo querencia al fondo. ¿Estaré destinado a los bajos fondos? jeje

Un abrazo


Mi querido Alfonso: sabias tus palabras. Una cosa es la teoría y otra muy diferente la práctica. Sé que con tesón, entrega y sacrificio, podría llegar a conseguirlo, pero te aseguro también que me río mucho con los comentarios de algunas madres que le dicen a sus niños, "Mira, que bien nada ese señor". Si ellas supieran...

Un abrazo amigo


Amiga Taty: ¿tú crees que con la edad perdemos la capacidad de soñar? Yo creo que seguimos soñando, pero sin la naturalidad de un niño. Los que ya tenemos una edad, seguimos soñando aunque sólo sea con los sueños en palabras que tú entre otros nos hacéis vivir en vuestros blogs.

Un beso amiga

Silvia dijo...

Los sueños de niño,si sigen siendo aún sueños no deberias tirar la toalla y sin pensartelo dos veces aprender a nadar.Los sueños hay que intentar cumplirlos aunque nos cuesten dos grandes tragos de agua y un chichón.Animo, cambia el tabaco por los manguitos jejeje.Un besazo

luismi dijo...

El tabaco, espero olvidarlo un día de estos. Coger los manguitos, lo veo más difícil. Casi me divierto más así.

Un besazo Silvia

Von Rudy dijo...

Me gustó el personaje. Creo que venció a la realidad transando una parte de sus sueños sin olvidar la otra.
Encuentro un sano optimismo bajo las letras - y mas abajo del agua de la piscina-.

Luismi dijo...

Hola Rudy: ante todo, gracias por participar con tu comentario en mi pequeño rincón. Debo darte toda la razón, porque aunque el sueño de ese niño era emular a su ídolo, aunque no lo consigúió, también aprendió una lección y todo lo que sea aprender en esta vida, siempre será positivo. Un abrazo.