"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

martes, 30 de marzo de 2010

Frente al espejo

Normalmente, las mujeres se ven reflejadas en un espejo, más minutos en su vida de lo que solemos hacerlo los hombres. Las razones son obvias y yo no voy a ser una excepción. Unos pocos minutos de higiene personal y afeitado diario y a otra cosa mariposa.

Pero cada cierto tiempo, como cualquier hijo de vecino, acudo a la peluquería para recortar o acicalar mi cada vez más escasa melena y es en esos momentos en los que sentado frente al espejo, disfruto o padezco de más tiempo para la autoobservación.

El mismo ritual de siempre al entrar en la peluquería. "Buenos días, ¿Tengo muchos delante?, Me quedo; no tengo prisa".

Rápida y disimulada ojeada al Interviú, por aquello de los interesantes artículos que contiene, seguido de una completa lectura de la típica revista de automovilismo, muy común en esta clase de establecimientos, sin que yo haya entendido nunca muy bien por qué.

Llega mi turno y continúa el ritual con una sacudida simbólica del trono para expulsar los restos capilares de mi antecesor, tomadura de asiento, doblez de cuello camisero e imposición de alzacuello y cubrecuerpo protector, antesala de las obligatorias y poco originales preguntas:

¿ A navaja o tijera? ¿Las patillas? ¿ Con o sin raya ?
Aclarados conceptos, el profesional comienza su trabajo y yo mi autoobservación. Pocos momentos como éste se me presentan para escudriñar tranquilamente mi exterior apariencia.

¿Estás más viejo Luismi? Quizás.
¿Tienes ojeras? Puede que sí. Anoche no dormí bien.
¿Más canas? Yo diría que sí, aunque no muchas.
¿Arrugas? Ni me fijo.
¿Necesitas arreglo de cejas? Conociéndome, seguro.
¿Estás más feo que la última vez? No, estoy igual.

Resumiendo, después de varios meses, sigo siendo el mismo.

Al fin, el trabajo acabó y recibo por pregunta del maestro peluquero, la típica...
¿Le gusta como ha quedado?

A lo que yo, sabia, rápida y certeramente respondo:

"Cuando me devuelva las gafas se lo diré, porque ahora mismo, ni me veo"

7 comentarios:

Miguel Vivas dijo...

jajaaj.... Yo es que las peluquerías las piso poco, tú lo sabes, jee.... Por cierto, se le ha ido la olla a mi blog y se ha borrado tu comentario, te marcas otro?? enga... Un abrazo!!!

Miguel Vivas dijo...

ufff... te llegó mi comentario?? creo que se le ha ido la olla a mi blog, xq me ha borrado el tuyo y no me cambiaba la fecha... Vaya tela. Por cierto, mil gracias por tu cabecera. Un abrazo

Sara Royo dijo...

Jajajajjjaaaaaaaaaaa
Odio ir a la pelu, sólo voy a cortarme y el flequillo me lo corto yo sola... :)
Besicos.

Mónica PG dijo...

Si mi espejo hablara.....pediría ser descolgado de la pared; el pobre se lleva más de una bronca, jaja.
Las peluquerías son un mundo aparte, y los peluqueros.....hacen lo que quieren (y encima disfrutan con los desastres). Como en mi casa somos muy apañadas, he optado por ir sólo cuando sea imprescindible. Eso sí, previa aclaración máxima de lo que NO quiero :)

Un besazo!!

Luismi dijo...

Todo solucionado con los comentarios, Miguel.
Gracias por los tuyos. En cuanto a lo de la cabecera, si te refieres a la de tu poema, la tengo ya desde hace mucho tiempo y pienso conservarla de forma permanente mientras este blog siga con vida, a no ser que quieras cambiarla o añadir alguna más. Un abrazo amigo.

Mi querida Sara: me alegro que te haya gustado. A mí tampoco te creas que me entusiasman las pelus. Que alguien (sobre todo de sexo masculino) me corte la cabellera sin poder verlo con claridad, me pone los "pelos" de punta ... jeje

Luismi dijo...

Algún problema estoy yo teniendo también con los comentarios, porque tenía uno por moderar y al intentar abrirlo, directamente se borró. A mi desconocido comentarista, perdón por no haber podido llegar a leerlo y te animo a que vuelvas a enviarlo. Gracias.

luismi dijo...

Al final apareció el comentario, muchas horas después. ¿Como no imaginarme que sería mi fiel lectora Mónica? Gracias guapa.
Por cada tres días que te enfades con tu espejo, uno por lo menos, dale besitos. Seguro que ya no quiere que le descuelguen.

Un besote