"Una pluma, pesa; el amor por inmenso que sea, no" (Pedro Rivera García)

martes, 26 de enero de 2010

Wanted

"Una cosa no es justa por el hecho de ser Ley. Debe ser Ley porque es justa". (Montesquieu, Escritor y político francés)

Rafael García Fernández, apodado "El Rafita", fue condenado en 2003 a cuatro años en un Centro de menores de Carabanchel, por participar en el brutal asesinato de Sandra Palo, vecina de Getafe, que con 22 años y toda una vida por delante, tuvo la desgracia de cruzarse en el camino de unos indeseables un 17 de mayo de 2003. Por si a estas alturas alguien no recuerda estos hechos, sólo comentar que este angelito que entonces tenía 14 años, junto con tres colegas de "profesión", raptaron, violaron, atropellaron varias veces y por último quemaron a Sandra cuando aún le quedaba un último halo de vida, siendo protegido este personaje, por la maravillosa Ley del Menor, salvaguarda y escudo de todos los jóvenes delincuentes.

Este individuo que nos ocupa, fue puesto en libertad vigilada en 2007, pasando por varios pisos tutelados de Andalucía. El pasado mes de junio, fue detenido por el robo de un portátil en Benalmádena (Málaga) y en diciembre pasado cometió otro robo en Alcorcón (Madrid)

La madrugada del pasado domingo día 24 de enero, fue detenido en Madrid, por el intento de robo de un vehículo junto a otros tres hombres, siendo uno de ellos supuestamente su hermano.

Ante estos hechos, me surgen varias preguntas:

¿Qué clase de libertad vigilada es ésta?

¿Quién le vigila?

¿Esta es la reinserción social y la reeducación que promulga la Ley del Menor?

¿Por qué la negativa de los políticos a modificar esta Ley cuando se demuestra que es un auténtico disparate?

Cuando en los medios de comunicación se habla de casos como éste, o el de Marta del Castillo, del que ahora se cumple un año sin que aparezca su cuerpo, mientras su presunto o presuntos asesinos se están riendo continuamente del trabajo de las fuerzas del orden, de los jueces y por extensión de toda la sociedad española, intento ponerme en la situacíón que deben estar viviendo las familias de estas chicas y de tantos y tantas otras que sufren o han sufrido los ataques de estos malnacidos, y no puedo ni imaginarlo.

En el lejano oeste, se ponía precio a la cabeza de gentuza como ésta y se pagaban recompensas por su captura, vivos o muertos. Yo no llego a tanto, pero creo que sí debería de ponerse precio por la captura de la Justicia de nuestra cercana España, que desde hace años se ha dado a la fuga y que en lugar de protegernos de los malhechores, los protege a éstos de la sociedad actual, que no los comprende, reprime y maleduca.

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